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Funa, justicia y verguenza

Lo que voy a escribir seguramente pudiera molestar a algún espíritu inquieto o rebelde, pero sin lugar a dudas va a responder de mi  propia conciencia moral frente a los hechos que comento y de la cual me hago cargo integralmente.

En la madrugada de ayer se produjo en el aeropuerto de Punta Arenas, una manifestación de repudio, que algunos califican de “funa” en contra del exoficial de Ejército acusado de ser uno de los autores del horroroso crimen y atentado, hoy llamado Caso Quemados, y que afectó a Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas DeNegri en 1986.   La denuncia pública de los nuevos antecedentes a disposición del Tribunal, ha causado una reacción masiva de conmoción e indignación en gran parte de la ciudadanía y en la opinión pública y ha despertado los viejos y gastados  fantasmas del mal y del pasado.

Me indignan el paso del tiempo, la persistencia de la impunidad, los pactos de silencio y la ausencia de responsabilidad institucional frente a estos crímenes.  Y digo responsabilidad institucional porque cada uno de esos tenientes, capitanes, sargentos, cabos o soldados no actuaron por cuenta propia, sino que actuaron obedeciendo órdenes que venían desde sus mandos superiores, dentro de una estructura jerarquizada y vertical.

Pero, lo que ocurrió en el aeropuerto de Punta Arenas con el ex oficial Julio Castañer, en mi opinión, no se condice con la altura moral de las víctimas, ni con lo que somos como país y como sociedad democrática y civilizada.  Los ciudadanos e incluso las víctimas no podemos ponernos en el mismo nivel que los victimarios, los asesinos, los criminales y los torturadores, porque en cierto modo degradamos nuestra propia condición humana.

Pertenezco al gran número de víctimas de violaciones a los DDHH, yo estuve también en el campo de concentración de Isla Dawson, yo puedo decir lo que es la tortura en el recinto de Avenida Colón 636 de Punta Arenas y la vida me puso, en un momento de los años ochenta, la ocasión única de tener frente a mi, parado en la calle, a el que fue uno de quienes me torturaron.  Y puedo decir con absoluta certeza que ese individuo, cuando me vió delante suyo, solo tuvo de mi una mirada de desprecio, de silencio, porque yo no me iba a rebajar ni siquiera a dirigirle la palabra.

Quienes fuimos víctimas de tantas violaciones a los Derechos Humanos a lo largo de 17 años, tenemos el orgullo y la tranquila dignidad de vivir y de existir, de recordar y de no olvidar, de ser parte de la memoria que es imprescindible para construir otro futuro, de poder caminar con la frente en alto por las calles y, por eso, no nos merecemos rebajarnos golpeando o maltratando físicamente a una persona que está siendo condenada por la sociedad y será juzgada por la justicia.  Al torturador no se le castiga golpeándolo.   Por eso, me dio verguenza ver al ex oficial Julio Castañer en la prensa, maltratado y golpeado, porque quienes así actuaron en su contra degradan la causa de los Derechos Humanos y la reducen a una pequeña venganza momentánea.

Este no es un asunto de venganzas.

Es la dignidad de la condición humana, esa misma humanidad que violentó aquel ex oficial.

Manuel Luis Rodríguez U.

editor1

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