La democracia después de la pandemia: de la crisis sanitaria al momento constituyente

El orden neoliberal está experimentando una profunda crisis, una crisis estructural, desde que los gobiernos -cualquiera sea el signo ideológico que los fundamenta, acosados por la presión social de la crisis sanitaria y el incremento de personas fallecidas por el contagio- se han visto ante la necesidad y la urgencia de recurrir a las herramientas del Estado y los poderes públicos, para enfrentar la crisis.

En muchos países, como es el caso de Chile, los gobiernos de signo neoliberal, se enfrentan a la presión de la ciudadanía, tras una inusitada crisis social ocasionada por sus políticas económicas y sociales al servicio de los intereses del gran empresariado.

No hay tiempo que perder. La reconstrucción o reconfiguración del proyecto constituyente es la principal tarea política, ahora asumiendo completamente que habrán varias oposiciones políticas, que los actores ciudadanos y sociales están comenzando a ponerse lentamente en movimiento sin esperar los acuerdos políticos ni de coaliciones.

La necesidad urge y el pueblo no espera.

Si los partidos políticos logran ponerse de acuerdo para mover una agenda de medidas urgentes para enfrentar el impacto social y económico de la pandemia, pudiera suceder que dicho acuerdo llegue tarde, cuando los movimientos sociales, acosados y exasperados por las necesidades insatisfechas, por las promesas y anuncios con letra chica, o la falta de trabajo, o la falta de recursos para alimentarse, ya estén en la calle.

Seguirá pendiente la enorme tarea y desafío de fortalecer la democracia, cambiar la Constitución y administrar el país en la etapa postpandemia.

El calendario social y político se mueve en direcciones diferentes: mientras los partidos políticos y el aparato institucional del Estado, la administración y del gobierno funcionan a 30 kilometros por hora, las organizaciones populares, las redes de ollas comunes y de autoayuda, los movimientos ciudadanos en los territorios de la pobreza, corren a 80 kilómetros por hora, a la velocidad de la necesidad y de la urgencia.

Y todo este movimiento en un contexto con un gobierno que carece de popularidad y de credibilidad, que oculta su ineficiencia, improvisación y falta de proyecto, detrás de los recursos provisorios del estado de emergencia y las tropas en la calle.

No es una crisis delante del gobierno, es un gobierno detrás de la crisis.

En Chile hoy es más que evidente que la democracia no solo se radica en las instituciones. El pueblo ejercita activamente la democracia de la participación directa y horizontal, la democracia del trabajo en común, de la solidaridad inmediata. En la realidad, se mezclan y entrecruzan la democracia representativa de los parlamentarios, consejeros regionales y concejales municipales, con la democracia participativa del pueblo movilizado, de las organizaciones de base de la sociedad civil.

El tiempo corre en dirección de dos momentos: el fin de la expansión de la pandemia y los contagios -lo que pudiera ocurrir durante el invierno o al iniciarse la primavera- y el horizonte del plebiscito constituyente de octubre. Y será el paso de la crisis sanitaria al momento constituyente, trayendo consigo la crisis social cuyas demandas quedaron pendientes de solución en octubre de 2019.

Ese momento constituyente para reconstruir el diálogo y la confianza.

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