Ruido mediático y valores republicanos

Asistimos a una fase de crisis de credibilidad del gobierno. La derecha en el gobierno, golpeada por los escándalos de nepotismo, de negocios particulares de los familiares del Presidente de la República que reciben fondos públicos y que deja ante la ciudadanía y la opinión pública una sensación de impotencia y de indignación.

Pero no es sólo pérdida de credibilidad del gobierno, sino sobre todo observamos un escenario donde la ciudadanía y la opinión pública parecen perder credibilidad y valor cívico frente a las principales instituciones del Estado: las Fuerzas Armadas, el Congreso Nacional, la Presidencia de la República, los Tribunales de Justicia. No es un deterioro súbito ni inmediato, sino un proceso de acumulación que se viene produciendo desde los años recientes. y que se ha agudizado desde el inicio del actual gobierno.

Se ha perdido el valor de la credibilidad en las empresas y en las instituciones religiosas.

A la pérdida acelerada de credibilidad, se suma la caida en las encuestas de opinión y de popularidad, una tendencia decreciente que ha registrado desde febrero de este año por la encuesta CADEM, que recibe fondos fiscales para su funcionamiento.

¿Porqué este gobierno, a poco más de un año de iniciado su mandato, registra tal caida en la percepción ciudadana?

Varios factores explican este fenómeno y cada uno de ellos concierne a la ciudadanía.

Este gobierno cae en las encuestas y en la credibilidad de la gente en primer lugar porque ha sido incapaz o incompetente para cumplir las propias promesas y expectativas, que como bien se recuerda, se hicieron en una campaña electoral donde se utilizaron todas las herramientas de la manipulación mediática de las conciencias. Este gobierno ha sido incapaz de cumplir -en el primer año de gestión-con su propio programa de gobierno e incluso, adoptando decisiones que escapan a los límites de ese programa.

Pero además, el gobierno se ha inclinado peligrosamente hacia una agenda claramente de ultraderecha, con una retórica agresiva e insultante en contra del gobierno y de la figura de Michelle Bachelet, como una obsesión que impregna todo el discurso gubernamental.

En lo esencial, el odio y la retórica antibacheletista, sirve de fundamento a un esfuerzo sistemático y sostenido del gobierno por desmantelar, retrotraer y frenar cada una de las grandes reformas emprendidas por el gobierno anterior. Chile vive un frenazo ultraneoliberal y ultraderechista de todas las reformas emprendidas desde 2014.

La retórica antireformas y el discurso de extrema derecha del gobierno de Piñera dan forma a una atmósfera mediática que consiste en culpar de todos los males al gobierno anterior, incluso de los errores propios de los ministros y del Presidente, retórica que contraviene los valores republicanos más preciados de esta democracia.

Con este segundo gobierno de Piñera están resultando cuestionados y entredicho, el valor de la honestidad y probidad en la función pública, el valor republicano del cumplimiento de las promesas electorales, el valor de la dignidad del cargo del Presidente de la República, el valor ético de la responsabilidad política de las autoridades, cuando cometen acciones que atentan contra las leyes y los derechos de los ciudadanos.

Se están perdiendo los mínimos estándares éticos, para el ejercicio de la autoridad y de la responsabilidad política que les compete.

El peor y mejor ejemplo de esta decadencia de los valores republicanos bajo este gobierno, es la muerte del comunero mapuche Camilo Catrillanca, por una patrulla de Carabineros en la Araucanía. Mintieron las autoridades regionales, mintieron los Carabineros involucrados y toda la cadena de mando, mintió la vocera de gobierno, mintieron algunos parlamentarios de gobierno, mintió el Ministro del Interior, quién es precisamente la autoridad política bajo cuya jurisdicción y mando se encuentran las fuerzas de orden y seguridad.

El mínimo estándard ético del ministro del interior es que debió haber renunciado a su cargo, por su responsabilidad política en los hechos. Pero ese mínimo ético, ese valor republicano de la responsabilidad política, no se cumplió.

Estas autoridades de gobierno parecen creer que con unas cuantas y “oportunas” bombas incendiarias en la Araucanía, pueden ocultar sus propios errores.

¿Tiene remedio o solución este cuadro marcadamente negativo y pesimista? SI.

Depende que los ciudadanos continúen empoderándose, presionando, expresando, denunciando, reclamando legítimamente por sus derechos tras el ejercicio de su deberes. Depende que todos entendamos que tenemos una responsabilidad social, un deber que cumplir: trabajar para terminar el abuso, para abrir las oportunidades, para ayudar a resolver las necesidades y urgencias de los más necesitados.

Depende que reclamemos y contribuyamos a construir un Estado más democrático, más justo e igualitario, más laico y más competente para resolver los problemas de las familias, los grupos, las comunidades, las personas y los territorios.

Lamentablemente, observamos mucho ruido mediático y pocos valores republicanos.

Manuel Luis Rodríguez.

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