La política al ritmo presidencial

Por estos días una acumulación de hechos políticos hacen que las alarmas alrededor de la Nueva Mayoría se incrementen, aunque todos sabemos que en Chile al día siguiente de los desastres (naturales y de los otros), el mundo sigue girando y el país sigue funcionando.

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Los sucesos van ocurriendo con creciente velocidad.

La encuesta Adimark y la encuesta CEP, con todas sus ocultas fallas metodológicas, su formidable coro comunicacional de acompañamiento y su sesgo para intentar convertirse en oráculos intocables de la política chilena, arrojan resultados inquietantes en materia de clima electoral y se suman a la cuenta pública de la Presidenta y su llamado a la unidad de los “demócratas progresistas”.

Tres elementos para analizar.

EL PESO POLÍTICO Y COMUNICACIONAL DE LAS ENCUESTAS.

Las encuestas, a pesar de las diferencias metodológicas entre una y otra, CEP, Adimark y CADEM arrojan resultados aproximados respecto de la posición de los candidatos presidenciales ante la ciudadanía.

El artículo que publica hoy Marta Lagos en El Mostrador es particularmente lapidario respecto de los escenarios que se avecinan en la presidencial: que el universo de electores en primera y segunda vuelta no se va a incrementar, que hay riesgo que ese universo disminuya y que hasta el momento no se ha medido intención de voto en las encuestas publicadas.

http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2017/06/05/transparencia-en-las-encuestas-presidenciales/

Por lo tanto, si no sabemos cuántos electores concurrirán a las urnas, a 5 meses de la elección presidencial, quiere decir que estamos en un escenario casi completamente abierto, fluido, donde todos los movimientos y gesticulaciones de los candidatos pueden incidir en el desplazamiento de la intención de voto de los ciudadanos.

Demás está enfatizar que ni la CEP ni Adimark, miden intención de voto sino solo las preferencias y  los gustos de los ciudadanos entrevistados.

Pero vamos a un hecho fundamental.

La Nueva Mayoría va camino de una derrota comunicacional, desde que la sola existencia de dos candidaturas presidenciales, hizo impresentable siquiera hablar de Nueva Mayoría, produciendo la singular paradoja de una coalición ferreamente unificada todos los lunes en la mañana en la reunión del Comité Político en La Moneda, y claramente dispersa en el Congreso y en las campañas presidenciales.

Este es un cuadro en que las encuestas predominantes en el escenario público, pintan el panorama de un candidato de la derecha que parece tener todas las ventajas, generando un “efecto comunicacional” particularmente significativo, donde los medios lo tratan como candidato ganador y el candidato se comporta como ganador.

En este momento, los factores de incertidumbre y de dispersión en el escenario político y electoral, están teniendo más fuerza que las tendencias hacia la unificación de los actores políticos.  Ese diagnóstico explica la decisión valiente de la Presidenta de tomar un rol de jefa política de la coalición (rol que nunca cumplió desde que llegó en 2014) y convocar a los democratas progresistas a la unidad.

¿Qué dijo la Presidenta?

“Quiero llamar a los que tienen responsabilidades sociales o políticas a escuchar las voces de Chile, a crear diálogo, a abrir los espíritus ante las nuevas demandas ciudadanas y las nuevas formas de expresión social.

Quiero pedirles especialmente a los demócratas progresistas de Chile, a quienes me acompañan en el Gobierno, unidad en la acción y lealtad a los principios que nos convocan. Lo que ha dado gobernabilidad al progreso es nuestra unidad y es lo que debe asegurar la consolidación de nuestras reformas y los avances en el futuro. Hemos puesto en marcha una historia y somos responsables ante el país de llevarla a cabo.

Les pido a todos, sin distinción, unidad; esa unidad sin la cual la fuerza de Chile se diluye. No una unidad de la boca para fuera, sino la que nace del diálogo de las diferencias, la que nace de las identidades de cada uno, la que nace de escuchar al otro.”

 

EL CAMINO DEL DESENCUENTRO.

La convocatoria de la Presidenta Bechelet se cruza en el momento en que las encuestas más publicitadas por los medios, están señalando que la Nueva Mayoría enfrenta su peor escenario, con dos candidaturas presidenciales cuyas campañas ya se encuentran en marcha, sin una propuesta programática común y por lo tanto, con 5 meses por delante, de desencuentros, de roces, de riesgo inminente de una derrota estratégica de la centro izquierda.

Si cada candidatura presidencial de la Nueva Mayoría se esmera por poner el acento en sus respectivas identidades y características que las identifican y distinguen, necesariamente el PPD, el PS, el PC, el PR y el MAS pondrán el acento con una mirada desde los humanismos de izquierda (la social democrata, la izquierda socialista y la izquierda comunista) que componen la coalición, y el PDC pondrá el acento en una mirada desde el humanismo cristiano y de centro, diferencias que quedarán cada vez más expuestas y difíciles de explicar ante la ciudadanía que ha votado por la Nueva Mayoría desde el 2014 en adelante.

¿Tiene la Nueva Mayoría verdaderamente la voluntad de proyectarse?

Los militantes de los partidos de la Nueva Mayoría, aquellos que trabajan a diario en las bases sociales, en los servicios públicos, en los movimientos ciudadanos, ¿han trabajado unidos?

Cabe incluso preguntarse con mayor profundidad: ¿cada uno de los partidos y movimientos que componen esta Nueva Mayoría realmente quieren que la Nueva Mayoría continúe, se consolide y se proyecte? ¿O en realidad, hay quienes prefieren dinamitarla, desde adentro, para que cada sector político haga su propio camino?

¿Cuáles son los intereses políticos profundos que están maniobrando y presionando, desde dentro de Chile y desde fuera de Chile, para que la Nueva Mayoría se quiebre, se hunda y fracase?

Los partidos de la Nueva Mayoría no parecen haberle preguntado a sus respectivos militantes y adherentes si desean seguir actuando unidos con sus otros seis partidos y movimientos aliados…porque podría suceder que todas las aspiraciones y llamados de los que postulan la unidad en la acción y la proyección de la coalición, choquen con el propósito expreso de quienes constituyen la base de la Nueva Mayoría.

¿Todos los militantes y dirigentes de cada uno de los partidos de la Nueva Mayoría se reconocen a sí mismos como “demócratas progresistas” y reconocen como tales a los militantes y dirigentes de los demás partidos y movimientos de la Nueva Mayoría…o habría algún partido o movimiento que preferirían dejar afuera?

El llamado que hizo la Presidante Michelle Bachelet es una convocatoria ciudadana que implica lograr un triunfo en la elección presidencial para tener un gobierno que pueda proyectar y profundizar las transformaciones iniciadas en estos casi cuatro años de gobierno de la Nueva Mayoría.

Por lo tanto, la Nueva Mayoría se enfrenta ahora a una disyuntiva estratégica: la perspectiva de seguir avanzando en un camino progresista y democrático o entrar en una etapa regresiva hacia la imposición del neoliberalismo y el retorno a políticas conservadoras.

El pragmatismo y el realismo en política, no tienen porqué ser respuestas negativas o herramientas perjudiciales para la toma de decisiones.  Si en política sólo tuvieran sentido y efecto, los valores doctrinarios –imprescindibles para dar fundamento a la práctica política- y no la estimación de las posibilidades a la luz de los hechos, la política no existiría.

Todos los escenarios electorales conocidos en el tiempo reciente indican que la Nueva Mayoría va camino de perder su actual hegemonía en el Congreso con dos o tres listas de candidaturas parlamentarias, y la división de listas parlamentarias son una consecuencia directa de la existencia de dos candidaturas presidenciales.

El problema mayor que enfrenta a la Nueva Mayoría como conglomerado es cómo va a ir a explicarle a la ciudadanía que es una coalición unida que quiere proyectarse, pero para seguir unida tiene que presentar dos candidaturas presidenciales, dos listas parlamentarias, dos o más listas de consejeros regionales.   Y otro esfuerzo de retórica tendrá que hacer también la coalición, si cada candidatura presidencial se despliega con su propio programa de goberno, marcando diferencias que los ciudadanos no entenderán o no valorarán a la hora de sufragar.

Napoleón dijo que “la política es cálculo y pronóstico”, en una demostración impecable de realismo político.

Los hechos están indicando que el pronóstico futuro de la Presidenta Michelle Bachelet ha sido certero: “lo que ha dado gobernabilidad al progreso es nuestra unidad y es lo que debe asegurar la consolidación de nuestras reformas y los avances en el futuro.”

ESCENARIOS DIFUSOS.

Por tanto, el proceso político en Chile se encamina a enfrentar dos dilemas mayores: por un lado, la decisión de continuar con el proceso de reformas emprendido durante el actual período presidencial (y que tienen numerosas líneas de conexión con las realizaciones del primer gobierno Bachelet) o de enfrentar un frenazo de las reformas y una involución social y política; y por el otro, la expectativa de permanecer en el paradigma de una coalición de centro izquierda amplia, progresista, de amplio espectro o la posibilidad cierta de entrar en un período de nuevos tres tercios.

La expectativa de continuar las actuales reformas, modificando, perfeccionando, ampliando, profundizando las medidas de políticas públicas que operan bajo la lógica de derechos sociales adquiridos, se enfrenta al riesgo de caer en un frenazo conservador, de la mano de la derecha más integrista y reaccionaria: Piñera vuelve a ser candidato con el discurso y las promesas más conservadoras.

Por otra parte, la puesta en marcha del sistema electoral proporcional, abre un nuevo escenario donde se multiplican las oportunidades y las ofertas para que se formen más partidos políticos y movimientos de todos los colores posibles, generando una dispersión que va a inducir a un cuadro de tres tercios.

El mundo diverso y complejo de la derecha se sentirá tentado a seguir formando grupos y partidos (ya hay más de 7 grupos, partidos y movimientos que se reconocen de derecha), al tiempo que el centro político (donde se encuentran partidos como la DC y diversos grupos y movimientos liberales) también tenderá a dispersarse, porque la tentación de marcar las propias diferencias grupales será más fuerte y atractiva que la posibilidad de agruparse.

El mundo de las izquierdas (donde existen más de 10 partidos y movimientos de todo tipo y tamaño) ha ido manifestando la misma trayectoria centrífuga y de dispersión.  Significativo es el ejemplo del llamado grupo o movimiento autonomista, que a poco menos de dos años de haber sido fundado, ya se dividió en dos grupos.

Por lo tanto, la probabilidad que se vuelva a un escenario de tres tercios es una perspectiva que se encuentra entre las de mayor ocurrencia probable en el corto y mediano plazo.

Y en un escenario de tres tercios, por ejemplo en el Congreso o en los consejos regionales, la gobernabilidad del sistema político será más difícil y compleja si no existe una coalición de centro-izquierda.

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