Reforma educacional y laicidad

El gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet ha impulsado y puesto en marcha un vasto proceso de reforma educacional, apuntando tanto a la estructura del sistema educacional público, como a  su financiamiento y a la fijación de principios que ordenen el conjunto de las instituciones educativas, eliminando el lucro, el copago y la selección discriminatoria.

A su vez, el candidato presidencial Alejandro Guillier ha señalado entre sus lineamientos programáticos, la necesidad de trasladar el esfuerzo de reforma educativa al aula, el espacio fundamental donde ocurre -aunque no exclusivamente- el proceso pedagógico y educativo.

La reforma educacional en curso, apunta a un objetivo estratégico que es también un objetivo país: asegurar el acceso igualitario a todos los niños y jóvenes a un sistema educacional público, gratuito y de calidad.

Dentro de los principios que informan la reforma educacional en Chile me parece fundamental poner el acento sobre el principio de la laicidad.

Desde que el Estado de Chile se ha definido como laico (en 1925), es decir, que asegura la separación entre la iglesia y el Estado, separación que se traduce en la ausencia de dependencia económica entre las entidades religiosas y la institución estatal, el principio de la laicidad tiene un rango constitucional.

Lo que nos importa aquí es traducir el principio constitucional al plano educacional.

La laicidad en el plano educacional asegura y crea las condiciones que garanticen que el aula sea un espacio educativo donde se respeten todas las creencias filosóficas y teológicas, en cuanto representan un marco de valores radicados en el libre albedrío del individuo.  Se ha afirmado con razón que el laicismo no es opuesto ni contrario, ni hostil, ni indiferente; no es ateo, ni teista, ni deista, ni panteista ni agnóstico. El laicismo estima que el problema de la divinidad, fundamento de las religiones, debe resolverlo cada persona y debe ser respetado ante cualquier conclusión.

La cuestión de la educación pública y la laicidad, toca a uno de los valores cívicos fundamentales de la construcción de la República y de la democracia.

La ciudadanía se construye y se potencia, cuando los espacios educativos públicos, aportan una visión republicana y laica de la vida social y política.

La existencia de una diversidad de proyectos educativos en nuestro país, forma parte de un patrimonio cultural histórico de la República, desde su fundación a inicios del siglo XIX y ese patrimonio diverso sin duda alguna continuará existiendo.   El Estado como organización política superior de la nación, debe garantizar, mediante su ordenamiento jurídico, la convivencia pacífica entre los ciudadanos. Y considerando que el Estado es laico y no confesional, su norma no debe coincidir con los conceptos específicos de ninguna religión.

Pero el Estado y la educación pública tienen la responsabilidad de garantizar que prevalezca en los contenidos educativos que se imparten en colegios, liceos e instituciones de educación superior públicos, un marco valórico de laicidad, es decir de respeto prescindente respecto de las distintas creencias filosóficas y teológicas que se manifiestan en la sociedad chilena.

¿Deben enseñarse las distintas religiones y creencias filosóficas en el aula en los establecimientos educacionales públicos? No existe una sola opinión en esta materia. Pensamos que tales contenidos debieran situarse en el marco curricular de una asignatura de educación cívica o educación ciudadana, pero asumiendo la dificultad que implica -desde un punto de vista pedagógico- evaluar tales contenidos: en otras palabras, se evalúan contenidos, no opiniones.

La reforma educacional avanzará en el ámbito de las instituciones educativas públicas hacia la dimensión del aula, tanto para asegurar la calidad del proceso educativo y de sus resultados, para producir un mejoramiento gradual y sustantivo en los procesos de enseñanza y aprendizaje conforme a los desafíos sociales y culturales del siglo XXI, pero en un marco donde los contenidos que se imparten integran los valores de la laicidad, valores republicanos para enriquecer la democracia, la tolerancia y el pluralismo.

Manuel Luis Rodríguez U.

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