Los nuevos tres tercios del siglo XXI

Alguien pateó el tablero y todas las piezas del ajedrez político, saltaron disparadas en todas direcciones y quedaron en completo desorden.  El anterior orden político basado en el “esquema binominal” y heredado del período dictatorial, tienden a dispersarse y entramos en una prolongada zona de incertidumbre más o menos controlada.

De una época histórica donde predominaron las fuerzas centrípetas, ahora entramos en otra época donde prevalecen las fuerzas centrífugas.

Estamos ingresado lenta  gradualmente en una transición nueva: aquella en la que todo el cuadro político se redefine, donde el tablero se reordena y donde los actores políticos reafirman y subrayan su identidad, sus principios esenciales, sus proyectos programáticos propios: una etapa de dispersión y de reconfiguración.

Se instala cada vez más un escenario donde cada actor tiene que lidiar y competir con su propio potencial electoral, con su propio capital de votos y con la fuerza y las debilidades de su patrimonio histórico, valórico, simbólico, ciudadano y social, buscando potenciar su propio lugar en el “tablero de ajedrez”.

Van a aparecer nuevas correlaciones de fuerzas, en las que los ciudadanos van a tener un rol cada vez más incidente e influyente en la toma de decisiones y los partidos políticos deberán acomodarse (aggiornarse, modernizarse) a las nuevas condiciones y las nuevas reglas del juego.

El proceso de disolución de los dos grandes conglomerados que dieron sentido a la transición desde 1989 hasta inicios del siglo XXI, ya se venía insinuando desde comienzos de la década de 2010: surgen nuevos partidos y movimientos dentro de la llamada derecha tradicional, aparecen en la escena movimientos que se autodefinen de izquierda, situándose más a la izquierda de la izquierda y el centro político se diluye y reconstituye en fuerzas, tendencias y partidos que buscan su domicilio y su identidad.

No olvidemos además que en las carreras presidenciales que culminaron con las Presidencias de Lagos y Bachelet I, la Concertación necesitó los votos de los comunistas para asegurar su elección en segunda vuelta, al tiempo que la derecha fue incapaz de sumar más votos para alcanzar La Moneda, señal inequívoca que el modelo electoral binominal se estaba agotando gradualmente.

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Ahora los tiempos han cambiado y soplan otros vientos.

Terminó el sistema binominal, y la lógica del duopolio desaparece, a pesar que algunos desean mantenerla o tratan de sujetar las paredes: es como los siniestrados de un sismo, que andan recogiendo los ladrillos del edificio que se desplomó.

Terminó el sistema binominal.

¿Vamos hacia una nueva fase de polarización “derecha-izquierda” del cuadro político, o entramos en una etapa en que regresamos al esquema de los tres tercios?

¿Vemos que el sistema basado en dos grandes bloques se descompone y nos encaminamos hacia un orden político multipolar?

Cuando se analizan las premisas que explican el período de los llamados tres tercios (un tercio la derecha, un tercio el centro y un tercio la izquierda) que se instalaron entre la década de los años 60 y 70 del siglo pasado, se descubre una cierta falacia que los hechos políticos han desmentido: la idea que ningún “tercio político” era capaz de gobernar el país, sin establecer acuerdos con los otros dos tercios del sistema.

Jorge Alessandri (1958-1964) representante genuino de la derecha, gobernó solo con los partidos de derecha de la época, liberales y conservadores y con la oposición de la derecha y el centro; Eduardo Frei Montalva (1964-1970) fue el único Presidente durante el siglo XX que ejerció el gobierno con un partido único en el poder, el PDC y con la oposición de la derecha y la izquierda; y Salvador Allende (1970-1973) alcanzó a gobernar con su coalición hasta que la derecha (el otro tercio aliado con el centro) pateó el tablero para frenar las reformas de la Unidad Popular.

Durante 25 años se pudo gobernar la República, mediante el ejercicio del poder de “un solo tercio” colocado en el Gobierno por el sufragio universal y donde ninguno de los tres Presidentes dispuso de mayoría parlamentaria en el Congreso.

En otras palabras, la historia política de la segunda mitad del siglo XX demuestra que cada uno de los tres tercios fue capaz de gobernar el país sin precipitar al Estado en la ingobernabilidad, salvo que los otros dos tercios hagan imposible esa gobernabilidad.

Por cierto, el escenario político de esta segunda década del siglo XXI, parece no presentar casi ninguna semejanza con el cuadro que vivió el país en los años sesenta y setenta, y la dispersión de fuerzas políticas que hoy presenciamos (hay 33 partidos y movimientos legalmente reconocidos hoy en Chile), abre un nuevo abanico de posibilidades y reconfiguraciones.

Desde esta perspectiva, el ejercicio de coalición de amplio espectro que representa la Nueva Mayoría, ha sido el último gran esfuerzo de alianza del centro y la izquierda (las izquierdas, para ser más exactos), acaso repitiendo -a la chilena- la experiencia del Frente Amplio de Uruguay.

Recordemos que en la República Oriental hay un frente político que reune a partidos políticos que van desde la democracia cristiana uruguaya hasta las izquierdas socialista y comunista, pasando por liberales y socialdemócratas.

Pero, allá ellos los uruguayos…

Porque Chile no es Uruguay, y por lo tanto, el mejor ejercicio de realismo que deben hacer los actores políticos en el presente, es el de asumir plenamente que vamos camino a un nuevo esquema de tres tercios, donde las alianzas no son lo que alguna vez fueron, y donde las coaliciones no son el fruto del voluntarismo de un lider, sino el resultado de un ejercicio razonado de diálogo y de búsqueda de coincidencias programáticas y valóricas y de construcción política y ciudadana de puntos de encuentro y de tareas comunes y compartidas, en función de las urgencias, aspiraciones y necesidades que reclama la ciudadanía.

El fin definitivo del binominal y la entrada al esquema de los tres tercios, ya está ocurriendo en la carrera presidencial, y sucederá en el futuro Congreso Nacional y en los Consejos Regionales.

En el proceso de la construcción de alianzas, para que el acuerdo tenga sentido y profundidad, ningún actor sentado a la mesa puede objetar a los demás o a alguno de los demás actores sentados a la mesa, porque entonces se quiebra el sentido republicano de la diversidad, y es sobre la base de esta lealtad básica, la del reconocimiento de que son todos iguales en la diversidad, que se pueden construir no solo coaliciones programáticas o acuerdos de gobierno, sino alianzas políticas, pactos de gobernabilidad y proyectos estratégicos con amplio alcance social e histórico.

En el nuevo orden político de tres tercios en el que vamos entrando, a nadie se le puede obligar a participar, porque los que se integran juegan y participan sobre la base de una lealtad común y de un proyecto de país que tiene la pretensión de interpretar las aspiraciones de los ciudadanos y proyectar la mirada hacia los próximos decenios.

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Construyendo la alianza para gobernar el país – Editorial de El Siglo

Más allá de la campaña mediática sostenida por los medios de comunicación afines a la candidatura del Sr Piñera, se ha ido consolidando como alianza política el conglomerado conformado por el PS, PPD, PR, IC, MÁS  y nosotros PC, quienes hemos proclamado al senador Alejandro Guillier como nuestro candidato presidencial.

La derecha tiene claro que su real contrincante es esta coalición, por lo cual hace sostenidos esfuerzos para mellar la potencialidad de nuestra alternativa.

Como señala Guillier, somos los únicos que queremos y podemos hacer los cambios que Chile necesita. La derecha no quiere cambios, otros sectores como los agrupados en el Frente Amplio, asumiendo que sí podrían estar interesados en realizar cambios, no tienen la capacidad para poder realizarlos. La derecha teme un enfrentamiento con Guillier en segunda vuelta, porque sabe que perderá.   De allí que en estos momentos concentren su esfuerzo en impedir que nuestro candidato pase a segunda vuelta. Para lograr esto, todas las otras candidaturas les son funcionales.

Agotada la posibilidad de construir una lista única que aglutine a todos los partidos que sustentan el actual gobierno, hemos iniciado el proceso de discusión con el fin de, a la brevedad posible, presentar en los 28 distritos en los cuales se eligen diputados y 7 circunscripciones senatoriales, la nómina de candidatos más competitiva,que a la vez satisfaga las necesidades de representación de todos los partidos, teniendo como base su peso electoral corroborable por anteriores elecciones de concejales y asumiendo que el nuevo sistema electoral, que supera al antiguo anti democrático binominal, tiene un factor de incertidumbre. La negociación parlamentaria será complementada por la negociación de CORES.

Los pre candidatos  comunistas a cargos de representación popular deben naturalmente convertirse en nuestras vocerías en los diferentes espacios, pero a la vez ser los principales impulsores de la campaña para captar a independientes que firmen ante un notario patrocinando la candidatura del senador Guillier a la presidencia de la república. Es la tarea a asumir con mayor decisión y que nos debe posibilitar cumplir adicionalmente con otros dos objetivos: contactar y vincular a las campañas a muchos de nuestros/as compañeros/as que adhirieron a la legalización de nuestro Partido y a la vez constituir comités en los diferentes espacios territoriales ( población, comuna, provincia) de apoyo a nuestro candidato presidencial, que idealmente incorpore representaciones de todos los sectores políticos aliados, pero sin que estas coordinaciones nos lleven a limitar nuestra autonomía para actuar.

En preparación al acto a desarrollar el domingo 18 de junio en el Teatro Caupolican de Santiago, en el cual nuestro candidato presentará su programa de gobierno, actualmente en discusión, llamamos a  saludar los 105 años de lucha de nuestro partido desarrollando en la semana comprendida entre el 29 de mayo y el 4 de junio una gran jornada política  de recolección de firmas para que Guillier sea nuestro futuro presidente.

Ejes programáticos para el período 2018 2022 – Contribuciones para un debate ciudadano y político

Este esquema de discusión propone un conjunto de ejes estratégicos de contenido para alcanzar un marco programático común y compartido de la centro izquierda, recogiendo los logros y experiencias del gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet y proyectando las reformas, sobre la base de lineamientos que profundicen y consoliden una trayectoria de transformaciones graduales. Este […]

a través de Propuesta de ejes programáticos para el período 2018 – 2022 – Contribuciones a un debate ciudadano y político — OBSERVATORIO LEGISLATIVO Y PARLAMENTARIO

Carta de dirigentes y militantes del PDC sobre elección presidencial próxima

La próxima elección presidencial es la más importante habida en el país, desde la recuperación de la democracia.

Eso, por la división de las fuerzas de la centro izquierda, expresadas en la crisis de la Nueva Mayoría y la irrupción del Frente Amplio y, por otra parte, debido a la consolidación de una opción que representa un riesgo de involución mercantilista representada por su principal candidato.

Frente a esta circunstancia, en la Democracia Cristiana valoramos la postulación presidencial de la senadora Carolina Goic y la voluntad por profundizar las condiciones de entendimiento con todas las fuerzas políticas y sociales que estén por profundizar el proceso de cambios, que ha sido impulsado, primero por la Concertación y luego por la Nueva Mayoría.

En ese marco, los abajo firmantes demandamos de las instancias de decisión del Partido Demócrata Cristiano, acordar, sin vacilaciones que, en el caso de existir segunda vuelta presidencial sin la participación de nuestra candidatura presidencial, la DC apoyará al candidato o candidata que se enfrente a la derecha y en su programa tenga como eje fundamental el respeto de los derechos fundamentales en que se basa nuestro sistema democrático y la profundización del proceso de reformas estructurales que superen las desigualdades e injusticias sociales.

Esta resolución obedece a la actitud de un Partido que ha nacido para superar el orden establecido, para actuar por el bien común y por las aspiraciones democráticas de las grandes mayorías de chilenos. No virar a la derecha es parte de nuestra identidad.

Siguen firmas de dirigentes y militantes del PDC.

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2017: el año que crujirá – Hugo Guzmán – ICAL, Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz

/Hugo Guzmán. Director Área de Comunicaciones. ICAL) 1.- Enfrentar el 2017 apelando a la “posverdad”, es decir, a establecer como realidad percepciones, sensaciones, imágenes, creencias propias, auto/convencimientos, por encima de los hechos objetivos, empíricos, concretos, junto con peligroso, puede ser desastroso para las fuerzas políticas y sociales, en un año determinante para el futuro de proyectos político/sociales/ideológicos, en el marco de elección para cambiar a la o el Presidente de la República, la inmensa mayoría del Parlamento y autoridades regionales.

2.- En esa línea, lo primero que surge como desafío para los sectores/actores del 2017, es saber detectar/comprender la realidad y desechar construir realidades, menos para sí mismos. El análisis serio/certero debe primar sobre el voluntarismo político y los deseos alejados de la realidad. Se puede soñar, pero no se avanza hacia la concreción de sueños con los ojos cerrados; deben estar bien abiertos para evitar pesadillas.

3.- Pese a una instalación mediática/comunicacional superficial y contingente respecto a lo que serán las elecciones de este año y el choque de proyectos -transformador versus conservador-, con un exagerado énfasis en la personalización de candidatos presidenciales y pugnas en la construcción de listas parlamentarias, lo que se juega en este proceso tiene una inmensa y profunda incidencia en los derroteros del país en el próximo quinquenio. Como se dijo hace tiempo, la elecciones no resuelven los problemas; los presentan. Es así que, al final del día, lo que se define o se disputa en las elecciones 2017 es la posibilidad de seguir avanzando en reformas/modificaciones de corte progresista y transformador, o que se produzca un avance de las posturas conservadoras/retardatarias, con regresión neoliberal. Lo demás, son pepas de la naranja. El asunto es avance transformador o regresión conservadora.

4.- Hay tonos mediáticos sabrosos pero que soslayan la pasión de contenidos musculosos. Ya parece añejo aquello de que Chile está sujeto a una retroexcavadora, claro, con el peligro de que otros aviven maquinarias retro/activadoras, como lo intenciona Sebastián Piñera y la derecha. Lo real/de fondo, es que en estas elecciones debería producirse una disputa programática entre las propuestas transformadoras y las posturas conservadoras. Es lo que algunos señalan como paradigma de derechos sociales o paradigma restituidor del neoliberalismo. Tan es así, que diversos analistas, académicos y dirigentes políticos señalan que asuntos como la reforma de salud, el cambio del sistema previsional, continuidad en la reforma educacional, soluciones en transporte, descentralización, podrían tomarse la campaña del 2017. Lo que asoma mal, es que se ve mucha algarabía y polémica en torno de los candidatos, y están omitidos y ausentes los temas programáticos. Los partidos están llenos de reuniones y vocerías por candidaturas y contingencias, pero quitando el cuerpo, omitiendo, postergando y no concretando lo programático/propositivo. Hay una situación deficitaria en el ámbito de la batalla de las ideas, de la fortaleza argumental, de instalación de ideario y relato.

5.- En este contexto persiste la crisis de participación electoral. No más del 30-35 por ciento votaría en noviembre de 2017. Esto lleva al tema de concentrarse en el “voto duro” o apostar -con los datos de la causa corriendo un enorme riesgo- al voto más abierto. Esto, entre otras cosas, podría contrastar con la participación social, en sus distintas expresiones. Esta situación con distritos más grandes, y con más diputados y senadores a elegir, añadiendo la elección de autoridades regionales, aumenta una especie de desorden/confusión para amplios espacios de la sociedad.

6.- Aparece asimismo la constatación de cierto retraso en el discurso, la forma, la conversación en el mundo político, que reconoce el agotamiento de mecanismos -desde malas prácticas hasta procedimientos anticuados- pero que no logra asumir -en lo general- con audacia modificaciones en sus prácticas y tonos discursivos. Ello adquiere tanto un reto complejo como desafiante, respecto a que se retome un contenido ideológico/programático que le sea más atractivo al pueblo por encima de la guerra mediática; es el equilibrio o el acomodo entre asumir la batalla de los 140 caracteres, junto a la batalla de los 5 mil caracteres.

Declaración Pública del Partido Demócrata Cristiano

  1. La reciente Junta Nacional del Partido Demócrata Cristiano presentó al país a la senadora Carolina Goic como su candidata presidencial en primera vuelta de la elección presidencial para el período 2018-2022.
  2. Con esta resolución la Democracia Cristiana ofrece a la centroizquierda la candidatura de Carolina Goic como la mejor alternativa para encabezar el proceso que permita, en coalición, seguir gobernando el país, contando con una amplia mayoría parlamentaria.
  3. El Partido Demócrata Cristiano honra su palabra y por ello reafirma una vez más, nuestra lealtad hasta el último día, con el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet.
  4. La Democracia Cristiana reafirma que se ubica en el espacio político de la centroizquierda, expresión del entendimiento entre socialcristianos y socialdemócratas. Somos partidarios de una nueva coalición de centro izquierda, renovada, dialogante y puesta al día, que cuente con un proyecto común.
  5. La Democracia Cristiana reitera públicamente a los partidos de la centroizquierda, su invitación para concordar un pacto parlamentario y converger tras quien concite mayor respaldo en primera vuelta, en una candidatura presidencial unitaria, en el marco de un programa y una ética común.
  6. Chile experimenta una grave crisis de confianza. Para volver a confiar tenemos que proponer un proyecto que una y convoque a una amplia mayoría. Queremos liderar y aunar voluntades para hacer la transición al desarrollo inclusivo y con bienestar para todos que Chile necesita.
  7. La tarea compartida es volver a concordar las bases sobre las cuales trabajamos con una mirada país hacia el futuro. Casi treinta años de entendimiento y trabajo fructífero por una sociedad más justa y democrática avala nuestra certeza de lograrlo una vez más. Estamos convencidos que ningún candidato de la derecha, ni la derecha en su conjunto pueden asumir este desafío.

DIRECTIVA NACIONAL

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