Discurso de S.E. la Presidenta de la República, Michelle Bachelet Jeria, en acto de conmemoración del Día Internacional de la Mujer

 

Santiago, 8  de Marzo de 2017.

 Quiero saludar muy especialmente a todas las mujeres que nos acompañan, pero vamos a hacer también un saludito a los hombres que nos acompañan, porque necesitamos que los hombres también se pongan en la lucha por los derechos y la igualdad de oportunidades.  Queremos creer que los que están aquí presentes, están plenamente comprometidos con estas tareas.

Michelle_Bachelet

Queridas amigas:

 

¡Qué bueno volver hoy a La Pintana, qué bueno ver tanta energía femenina, tanta fuerza de mujer reunida para conmemorar este día!

Y estoy feliz, porque estos días me he encontrado con mujeres en distintos espacios. Ayer estuve con mujeres de la Red de Mujeres de la Región de las Américas; después estuve con mujeres emprendedoras, que ponen el hombro todos los días para sacar adelante sus negocios, sus ideas, sus proyectos. Y ahora las veo a ustedes, como siempre, llenas de ánimo, de alegría.  Hoy es un día totalmente dedicado a las mujeres.  Vamos a estar con la presidenta de la CUT, en un acto en la CUT; vamos a estar en ComunidadMujer; vamos a estar con las mujeres de ONUMujeres, una actividad de He for She, para celebrar con la primera directora mujer de una Orquesta de Cámara en Chile.  Entonces, vamos a tener muchas actividades hoy día.

Y lo que veo, en todos lados, es que, por diferentes que sean los contextos, es lo mismo: mujeres como cada una de ustedes, en diferentes tareas, algunas en la casa, otras trabajando en empresas o incluso de manera informal, pero siempre con mucho ñeque, abriendo espacios para sus hijos y sus hijas.

Las veo poniendo muy en alto el nombre de las mujeres, organizándose, ayudándose para que podamos avanzar juntas.

Para que las mujeres estemos en una situación más equitativa con los hombres y para que la sociedad sea mejor para cada uno de todos nosotros.

¡Para que nacer mujer no implique oportunidades desiguales!

¡Para que nacer mujer no signifique impedimentos a la hora de querer estudiar o trabajar en lo que decidamos!

¡Para que nacer mujer no signifique ganar menos plata!

¡Para que nacer mujer no implique vivir con miedo del abuso y la violencia!

¡Para que nuestra vida íntima y familiar no sea tema para nadie más que para nosotras!

¡Para que tengamos ni más ni menos  lo que nos corresponde: iguales oportunidades, iguales libertades, iguales deberes e iguales derechos!

Porque, digamos cómo son las cosas: hasta hace muy poco, la historia de las mujeres estuvo repleta de deberes y tuvo bien pocos derechos.

A lo largo de casi toda su historia las mujeres han tenido restringidas las opciones de educación, de especialización y de trabajo, y se les ha querido convencer de que el único espacio posible es la casa.  Pero gracias a la lucha de muchas, muchas mujeres, eso ha ido cambiando.

Ha habido avances en las últimas décadas. Por cierto que el derecho a votar y a poder ingresar en aquellas instituciones antes muchas veces imposible, en algunas áreas de esas instituciones, como las fuerzas armadas o en el mundo de la minería, por poner sólo dos ejemplos.

También ha habido avances en términos culturales, de conciencia de que las mujeres no nos quejamos porque sí, que los hombres no tienen derecho sobre las mujeres, sino que nosotras tenemos derecho sobre nosotras mismas.

Y ustedes lo habrán visto, sobre todo en sus hijas o en sus nietas.  Las que ya tenemos más “juventud acumulada”.  No, no, porque “vieja”, jamás, “vieja”, jamás.  “Juventud acumulada”, de todas maneras.  Varias de ustedes me lo han escuchado decir varias veces, pero es que de verdad me lo creo, sobre todo, a medida que van pasando los años, me voy convenciendo más todavía.  Ustedes lo han visto: las nuevas generaciones vienen sin miedo, sin sumisión y sin ganas de ceder terreno. Vienen mucho más empoderadas las chiquillas.  Y eso es lo que necesitamos.  A ellas tenemos que ofrecerles respuestas y garantizarles un mundo con menos dificultades que las que nosotras hemos vivido, ¿no es cierto?

Porque a pesar de los avances, sabemos que queda bastante trecho antes de poder decir que hemos llegado a la plena equidad.

Por ejemplo, y esto me lo van a contestar ustedes:

¿Quién se preocupa de lo que comen los hijos todos los días? ¡Nosotras!

¿Quién pasa más tiempo en las tareas de la casa? ¡Nosotras!

¿Quién cuida a los familiares enfermos o a las personas mayores que necesitan ayuda? ¡Nosotras!

Y eso que son unos pocos ejemplos, para no martirizar a los hombres con tanto ejemplo.

Entonces, toca cambiar esa realidad, ¿sí o no?  Terminar con la sobrecarga, con la discriminación, con los estereotipos, con la injusticia.

Y tenemos que hacerlo rápido, porque no podemos esperar otros 70 u 80 años para que las cosas empiecen a ser más equitativas, pues.

No tenemos 70 ni 80 años para detener la violencia en el hogar o en la pareja; para terminar con el acoso en la calle -y me parece muy bien que el Metro hoy día tiene una campaña contra el acoso en el Metro- o en el trabajo; no podemos esperar 70 u 80 años para equiparar los salarios, para poder trabajar y conciliar ese trabajo con la vida en el hogar, sin estar siempre agotadas, o para que nuestra voz esté adecuadamente representada en el Congreso, o para que podamos ser nosotras quienes decidimos sobre nuestro cuerpo y nuestra planificación familiar.

No, no tenemos esa paciencia, y no es ético que se nos pida tenerla.  No es ético que se nos pida esperar otros 70 u 80 años para cambiar las cosas que no nos gustan.

Tenemos que apurar el tranco ahora, y eso ha sido lo que yo he tratado de hacer como Presidenta.

Por eso me alegra mucho que hoy esté con nosotros la ministra Claudia Pascual, y que ya no está a la cabeza de un Servicio, sino que de un Ministerio. Porque, justamente, sabemos que éste es un tema transversal, que la mujer no es sólo tema del Ministerio de la Mujer, que habitualmente era un Servicio más chiquitito y con menos plata. Por lo tanto, no, aquí todos los ministerios que tienen que ver, tienen que desarrollar políticas con perspectiva de género.

Si un ministro tiene un programa de empleo, tiene que asegurarse que ese empleo llegue a hombres y también a mujeres.

Tenemos que seguir trabajando, porque en Chile los bancos, a las mujeres les prestan menos plata, les ponen más requisitos, y eso que somos mejores pagadoras. Y esto no lo digo yo porque yo lo creo, sino que lo dicen los estudios que ha hecho la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras hace mucho rato, y que ha entregado públicamente estos datos.

Entonces, hay muchas cosas que tenemos que hacer. Y por eso que no es sólo del Ministerio de la Mujer.  Todos los ministerios –no voy a nombrar a cada uno de ustedes- tenemos mucho más qué hacer, porque tenemos que actuar en cada territorio y en todas las áreas de nuestra vida como sociedad.

Algunas, como lo ha contado la ministra, son más urgentes: como terminar con la violencia.

El año pasado, 34 mujeres murieron a manos de sus parejas o ex parejas, y en lo que va del año, ya han muerto 6 mujeres, lo decía la ministra, y las nombró una por una, porque aquí no son los números los que importan, son las personas, sus vidas, sus historias.  Y hemos visto, también en este período, 19 femicidios frustrados, 19, que podrían haber sido, lamentablemente, femicidios.

Y eso es inaceptable. Es una realidad que todas conocemos. Sea directa o indirectamente, todas conocemos historias de violencia que deben terminar ya.

Por eso estamos poniendo todo nuestro esfuerzo en detenerla cuanto antes y, como decía la ministra, estamos desplegando una serie de acciones para que las mujeres tengan dónde llegar con sus hijos en caso de que estén en peligro; para que tengan asesoría legal y profesional; para acompañarlas en las denuncias y en la justicia; para endurecer las penas; para que también se castigue la violencia en el pololeo; y para garantizar su integridad y su tranquilidad.

Pero también sabemos que, junto con todas esas acciones, una de las mejores formas de terminar con el abuso y la violencia, es ofrecer a las mujeres caminos de salida, opciones para que puedan ser independientes, autónomas y no se sientan obligadas a aceptar los  malos tratos o callarlos.

Para eso, es importante que las mujeres puedan ganar sus propios recursos, y que sepan que pueden mantenerse ellas y sus familias. Y como Gobierno, estamos acompañando ese camino.

¿Cómo?

Apoyando a las mujeres para que puedan no sólo encontrar un trabajo, sino un buen empleo, para el cual estén habilitadas. Y en estos años, hemos capacitado a 145 mil mujeres para que tengan nuevas habilidades.

Por ejemplo, algunas podrán ser peluqueras, pero otras puedan querer ser –y lo hemos estado haciendo- carpinteras de obra gruesa, confeccionar artículos de cuero o tejidos a telar; o que puedan aprender mecánica automotriz, soldadoras, apicultura. O sea, áreas específicas, donde además hay pega.  Porque muchas veces se producen cursos, pero después no hay dónde ir a trabajar.  Entonces, estamos trabajando muy fuerte en eso.

También estamos apoyando más que nunca a las mujeres que quieren poner su propio negocito, o a las que tienen una empresa y necesitan hacerla crecer o un capital.

Fíjense que más de la mitad de las mujeres que se beneficiaron con los programas de SERCOTEC, de apoyo al emprendimiento, son mujeres. Y ya tenemos más de 3 mil mujeres que han participado en las Escuelas de Emprendimiento. Y estamos asesorándolas en centros de negocio –centros de negocios que vamos a terminar el Gobierno con 50, creo que vamos en alrededor de 35 ya construidos-, donde las mujeres que quieren iniciar una actividad, ellas van allá, cuentan cuál es su idea, o si ya la tienen, cuentan sus problemas, que están con problemas, y ahí, de manera absolutamente gratuita, se les da orientación, se les ayuda, se les da asesoría técnica y, además, hay una salita para tener a los chiquillos mientras ella puede estar en capacitación. Entonces, son realmente muy bonitos estos centros de negocio.

Ayer, justamente, en la actividad con emprendedoras, tuve oportunidad de conversar con varias de ellas que habían recibido ese apoyo y con lo cual les estaba yendo mucho mejor.

Estamos asesorándolas –les decía- para que también puedan llevar afuera sus proyectos, a través de Mujer Exporta. A varias mujeres que son emprendedoras las estamos ayudando, para que puedan salir fuera de Chile, no sólo vender aquí, sino también ofrecer sus productos en otros lugares.

Porque no se trata únicamente de que más mujeres salgan al mundo laboral o hagan realidad sus proyectos, porque sabemos que a veces no hay con quién dejar a los hijos, y eso hace difícil cumplir horarios o movernos con independencia.

Por eso que también es importante -y ha sido algo con que partimos en el primer Gobierno y continuaremos, estamos continuando- es que más y más niños y niñas puedan entrar a la educación parvularia, a las salas cuna y a los jardines infantiles, entre 0 y 4 años. Porque, por un lado, sabemos que los 3 mil primeros días de vida de un niño, son los esenciales para que el desarrollo de su cerebro, de su capacidad de aprendizaje, sea el óptimo. Esa etapa es óptima y clave del punto de vista del desarrollo de un niño, del desarrollo inicial.

Entonces, por un lado, los estamos apoyando para que desarrollen todas sus potencialidades, los estímulos que necesitan para desarrollar los talentos, las habilidades, pero, por otro lado, esas mamás puedan desarrollar otros proyectos durante el tiempo que antes dedicaban a cuidar a sus hijos.

Y una vez en el mundo del trabajo, queremos que no haya discriminación,  que se respeten los derechos maternales y que la paga sea justa. Y no que haya un compañero que hace lo mismo y que gana más plata sólo por ser hombre.

Queremos que se nos considere en los ascensos o promociones, ser jefas, llegar a mejores puestos. Si no hay diferencia en capacidades, debería ser, al menos, miti-mota, ¿no les parece? Cincuenta y cincuenta en todos los cargos con los hombres.

Entonces, desde el Estado estamos dando el ejemplo. Claro, está la Presidenta, las ministras y subsecretarias, pero también nos pusimos una meta: vimos que en los cargos altos de las empresas públicas, cuando llegamos al Gobierno, sólo un 5,3% eran mujeres. Y yo me puse una meta para terminar el Gobierno, que íbamos a llegar al 40%. Llegamos ya, no hemos terminado el Gobierno y ya llegamos a 40; y hay 7 puestos vacantes, ministros, así que vayan pensando en más nombres de mujeres. Lo tengo aquí en el dedo, o lo sigo diariamente eso.

Y también estamos garantizando que no se vuelvan a repetir situaciones como ésta: se está decidiendo en el Congreso si la mujer puede, cuando peligra su vida, cuando sufre una violación o cuando el embarazo es inviable, interrumpir el embarazo sin riesgo de ir presa. Y esa decisión la está tomando un Parlamento, la está discutiendo muy seriamente, todo muy bien, pero las mujeres son sólo el 16% de ese Parlamento.

Y así, hay muchos otros temas que tienen que ver con las mujeres, donde yo creo que es bueno que estemos representadas de mejor manera, porque la CASEN última creo que muestra que el 53% de la población somos mujeres, y solamente un 16% en lugares donde se están tomando decisiones súper importantes, ésta y otras. Entonces, díganme si no hay que cambiar eso también.

Por eso, en las próximas elecciones estamos garantizando que al menos el 40% de las candidaturas al Congreso sean mujeres. Ya es hora, yo sé que están medio complicados los partidos con eso, pero hay que hacer un esfuerzo, porque hay mucha mujer muy capaz, excelente, que quiere representar a mujeres y a hombres en algo como el Parlamento.

Lo interesante, quiero contarles, es que el proyecto de ley, cuando se hizo la reforma al sistema, planteó, porque, miren, mi experiencia en ONU Mujeres, trabajando por todos lados, nos dábamos cuenta que muchas veces se encontraban, dicho en buen chileno, “cuchufletas” para no cumplir la ley. Entonces, yo quería que fuera en la lista un hombre, una mujer, yo quería que fuera el 40% de las elegidas, pero parece que yo quería demasiado, pero por lo menos el 40% de las candidatas. Y entonces, dijimos “¿pero cómo hacemos para que nadie se pase por el ladito?”. Entonces, decidimos que partido que no inscriba el 40% de candidatas mujeres, no se va a poder inscribir, no se va a poder inscribir.  Y,  por lo tanto, yo sé que es una tarea difícil, dura, pero hay que estimular.

Y, por otro lado, porque la típica que podía ser es que te lleven por un lado, pero no tienes ninguna posibilidad de salir.  Imagínense que yo fui de candidata a alcaldesa por Las Condes… No tenía ninguna posibilidad de ser elegida por allá, pero como ningún hombre quería ir, porque sabía que era “pérdida total”, yo fui.   Claro, después cuando era Presidenta y volví a Las Condes, les dije “¿vieron lo que se perdieron?”.

Entonces, partido que lleve las candidatas que corresponde, pero que además elija mujeres candidatas, va a tener también un incentivo, un estímulo, de manera que sea en serio esto, que de verdad queramos que haya más mujeres también en el Parlamento, como en muchas otras áreas de decisiones.

Ya es hora, queridas amigas.

Ya es hora de terminar con las discriminaciones en todas las áreas de la vida, de todas las mujeres, en todos los territorios de Chile.

Ya es hora de dar cuenta no sólo del desarrollo económico, sino también del desarrollo humano, que implica equidad para todos y todas.

Ya es hora de dejar de ser la mitad más castigada, más abusada o más sobrecargada del país: acá, hombres y mujeres tenemos que esforzarnos todos por igual y beneficiarnos todos por igual, pues.

Si 4 de cada 10 mujeres son jefas de hogar en Chile, y en los hogares donde hay sólo uno de los dos padres, son 7 de cada 10 hogares en manos de una mujer.  Esas mujeres, esas familias, merecen un mejor presente y un mejor futuro.

Es hora de que nuestras hijas y nuestras nietas sepan que no habrá barreras para su desarrollo sólo por haber nacido mujeres. Y es hora de hacer la pega juntas, para que todo esto pueda ocurrir pronto y podamos ser testigos de ese nuevo Chile, incluso las que no somos tan jovencitas.

Por eso nos juntamos, por eso conmemoramos el Día de la Mujer, para darnos ánimo. Qué duda cabe que hoy día las mujeres tenemos más poder que antes y podamos seguir cambiando las cosas para mejor; para que, dentro de pocos años, los cambios que hoy necesitamos y estamos echando a andar, sean una realidad y sea una batalla ganada.

Ese es mi afán, y por eso pongo el hombro todos los días, igual que ustedes, y para eso voy a seguir trabajando hasta el último día.

Muchas gracias, feliz Día de la Mujer.

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