Discurso del senador Alejandro Guillier en la proclamación presidencial del Partido Radical – Sábado 7 de enero 2017

Estimadas Amigas y Amigos:

Para mí es un honor volver a estar hoy con ustedes compartiendo  en este gran acto del  Consejo General del Partido Radical en mi condición de Senador Independiente de la Nueva Mayoría.

Asimismo, valoro la presencia de amigas y amigos de los distintos partidos de la Nueva Mayoría, y la presencia de tantos independientes que nos están apoyando en el despliegue territorial y en la elaboración de los contenidos programáticos de cara al próximo gobierno.

alejandroguillkier

La presencia de todos ustedes es un gesto de transversalidad y de amistad cívica que habla de la fortaleza del progresismo y de nuestras posibilidades ciertas de seguir avanzando.
Quiero decirles que me sentí profundamente honrado cuando hace ya varios meses el Presidente del Partido, Ernesto Velasco,  los dirigentes de la mesa que lo acompañan, y los miembros de este Consejo General me invitaron a recorrer Chile y apoyar a los candidatos a alcaldes y concejales radicales, de la Izquierda Ciudadana y del MAS.

También agradezco la generosidad del PR para abrir su lista a cientos de dirigentes sociales y jóvenes independientes,  que se sintieron convocados a este esfuerzo por renovar la política, acercarla más a la gente, hacerla más participativa y transparente, fortalecer a los gobiernos locales y, sobre todo, recuperar la ética del servicio público.

Esto habla de la unidad que nos mueve. Esta es la primera tarea en el progresismo de hoy.

Recorrimos más de 170 comunas, hicimos cientos de amigos y conocimos de la fraternidad y los sueños de los chilenos más sencillos y

Destaco su especial identificación con las clases medias como sujeto histórico. Ahí está la semilla de la “calle larga” de ese hombre ejemplar que fue Pedro Aguirre Cerda, quien hizo del lema “Gobernar es Educar” el eje de su gobierno… y marcó la historia.

Podemos decir con satisfacción que la tarea en la que nos comprometimos, fue lograda de buena manera: el Partido Radical obtuvo en la contienda de octubre, 15 Alcaldes, 169 Concejales. Su votación se incrementó en casi dos puntos respecto del 2012 y aumentamos el número absoluto de votantes.

Pido un aplauso para aquellos que lograron el triunfo.

Felicitemos a aquellos que hicieron su máximo esfuerzo y que si bien no ganaron en esta oportunidad, entregaron lo mejor de sí.  Estoy seguro que redoblarán su trabajo y compromiso para los desafíos que el país hoy nos demanda.

Y hagamos también un reconocimiento a esos miles de compañeras y compañeros que a lo largo de todo Chile apoyaron con su trabajo desinteresado y voluntario a  las candidatas y candidatos  de la Lista G, liderada por el Partido Radical.

En especial, le entrego mi saludo y reconocimiento a esa juventud radical y a todos esos jóvenes que nos creyeron y recorrieron con nosotros el país.

*******

Cuando recorría Chile conocí a Katherine Ruíz, Administradora Pública, que estudió en la Universidad de Concepción. Ella iba de candidata a Concejal por la Comuna de Machalí, en la Región de O”Higginis.

Me decía: “Yo pienso como mis vecinos, yo he participado en las organizaciones comunales, en el Consejo de la Sociedad Civil, quiero trabajar para ellos y mi familia, mi compromiso es con la gente, con la ciudadanía”.

 “Por eso quiero ganar”.

¡¡ Y ganó !!

¡Y hoy podemos decir con gran orgullo que Katherine es una de las Concejales más jóvenes de Chile!.

¡Yo pienso y siento igual que Katherine. Todos nosotros debemos ser como ella!.

¡Trabajar para la gente y con la gente!

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A todos les digo: el Partido Radical está vivo. Late en el corazón y el espíritu de sus viejos luchadores y está, también, en sus jóvenes que han recogido las banderas radicales y se aprestan a conquistar el futuro.

¡Gracias a todos ustedes por este tiempo que ha sido muy fecundo y estimulante para todos nosotros!

Quisiera aprovechar esta tribuna para reflexionar con ustedes sobre Chile y su gente:

Somos un pueblo orgulloso de nuestra historia

Estamos acostumbrados a sobreponernos a la adversidad. En las tragedias y desastres naturales emerge lo mejor de Chile. Somos un país que sabe de sacrificios y eso forjó nuestro carácter. Somos un país diverso. Diversas son sus formas de familias. Diversas son sus culturas y sus territorios.

Somos un país generoso y acogedor con el forastero, cualidad hoy sometida a prueba. Somos un país orgulloso de sus tradiciones. Somos un país que ha progresado. Somos un país más educado y más consciente de sus derechos y oportunidades.

Pero también en lo profundo de todos nosotros, ha ido creciendo un sentimiento de malestar.

Los abusos que conocemos todos los días, la colusión entre las empresas, las malas prácticas, la codicia sin límite, los caso de corrupción,  la espuria relación entre los negocios y la política, todo eso ha desatado un clima de hastío, de fastidio, por momentos de irreverencia de las grandes mayorías hacia la dirigencia política, hacia el mundo empresarial, hacia las iglesias, hacia los medios de comunicación.

Pareciera que todos ellos son percibidos como privilegiados, a quienes sólo pareciera importar el interés personal y la ganancia a cualquier precio, aun burlando la ley.

Hay causas objetivas que explican este sentimiento.

Me indigna la pandemia de la colusión, y más me irrita la pasividad de las autoridades fiscalizadoras que no hacen su trabajo, y esa justicia siempre tibia con el poderoso.

¡El abuso campea en Chile porque los responsables de impedirlo lo toleran!

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Cuando conocimos por la prensa este último caso de colusión, pañales, se me vino a la memoria con mucha fuerza una conversación que tuve con una profesora en San Joaquín hace unos meses atrás, en plena campaña. Me habló de su padre enfermo, recién enviudado, a quien tuvo que acoger en su casa y que con su miserable jubilación apenas podía pagar los pañales de su viejo.

¡Y por cierto que de sus medicamentos ni hablar!

¡De esto estamos hablando!

¡Me indigna la falta de decencia de quienes se hacen millonarios maltratando a nuestra gente!

¡Me irrita el silencio de quienes reclaman garantías y seguridad pública, pero a diario destruyen las reglas básicas de la convivencia.

¡Y después piden que los dejen trabajar tranquilos porque ellos saben de economía!

Esto le hace mal al Alma de Chile como nos diría este hombre sabio que fue el Cardenal Silva Henriquez.

El abuso generalizado es la raíz del profundo divorcio que vemos entre nuestra sociedad y la clase dirigente.  Allí está, en parte, ese 65% de los chilenos que no votó el 23 de octubre pasado.

Los políticos hoy no les estás hablando a los ciudadanos. Hoy los políticos solo les hablan a los políticos.  Por eso que la gente ha perdido la confianza en nosotros.

Hoy uno puede decir sin temor a equivocarseque la acumulación económica del país, con la brecha de desigualdad existente, sumada a la difícil situación que atraviesas la política golpeada fuertemente por la pérdida de credibilidad, está generando una atomización de la política, un parlamentarismo mal entendido, donde lo individual se impone a lo colectivo y que hace muy difícil el buen gobierno y progresar como queremos.

Por eso  he venido diciendo de manera reiterada que no es la sociedad chilena la que está en crisis. Nuestra sociedad no se ha indisciplinado, no cayó en los brazos del populismo, ni hace demandas excesivas.

Nuestra sociedad reclama lo justo. Chile quiere transparencia, justicia y protección. Demanda ser escuchada. Quiere ser parte de los procesos de toma de decisiones y de cambio social.

¡La sociedad chilena no está enferma, goza de buena salud!

Son algunos políticos y líderes de opinión los que han perdido la brújula. Se han enredado administrando cuotas de poder y se han alejado del servicio a la gente. Ellos han creado una distancia con los ciudadanos que, como una paradoja, ellos perciben como una amenaza al orden.

Debemos entender que el siglo XXI será el tiempo de los ciudadanos y de los movimientos sociales.

La gobernanza será de los políticos y de los partidos, pero sólo será una gobernanza armónica y legitima si escuchan y trabajan con los ciudadanos, los movimientos y las redes sociales.

En esa relación de cercanía y complementariedad se forjará la legitimidad de las instituciones de los actos de gobierno.

Debemos escuchar y convivir más con la gente. Eso no es populismo, eso es entender por donde transcurre el nuevo tiempo de la política y de la historia.

Y que nadie se confunda.

No soy anti partidos, ni escondo hoy mi condición de político.

Lo he dicho y lo reitero: Se gobierna “con” los partidos, pero no “para” los partidos.

Los partidos no pueden ser meros administradores de cuotas de poder. Necesitan de las utopías y de los principios para mantenerse dignos trabajando en favor de nuestros compatriotas.

Necesitamos renovar a los partidos progresistas con unja visión clara del Chile que queremos, fundados en la justicia, la igualdad, el respeto, la diversidad y la participación.

¡Esto es lo primero que me anima a estar hoy con ustedes!

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Hagamos un poco de historia.

La Concertación fue hija de la crisis que vivimos en los años 70. Ella se fundó reencontrándose a partir de los años 80 en la “unidad del pueblo”. Ella se gestó en una liturgia,  que hizo suya la visión que dos décadas antes le propusiera al país ese gran político nortino que fue Radomiro Tomic, quien visualizó antes que muchos,  y con la convicción que lo caracterizaba, que sólo en la unidad del progresismo se podría avanzar en la senda de los cambios que Chile reclamaba.

No fue escuchado, se dividieron las fuerzas progresistas y el resto de la historia ya la conocemos: vivimos el período más oscuro de nuestra historia con la persecución y las violaciones de los derechos humanos que hasta el día de hoy golpea lo más profundo de nuestra existencia.

Cuando aprendimos esa lección, pudimos salir de esa larga y tormentosa noche oscura de nuestra historia con la gesta histórica del 5 de octubre donde nos movilizamos millones de chilenas y chilenos. Hoy debemos volver a movilizarnos con esa misma épica para hacer posible el Chile que queremos.

Estoy convencido que el eje humanista que conforma el social cristianismo y la socialdemocracia ha dado estabilidad a Chile. Ha permitido avances significativos en la lucha contra la pobreza y fue la clave en la recuperación de la democracia.

Pero la política se fue alejando de la gente. Se burocratizó el poder. Los partidos dejaron de ser ese espacio donde se reflexionaba Chile y se formaban cuadros importantes de nuestra dirigencia política.  La política se convirtió sólo en una lucha descarnada por el poder, por los cargos y las prebendas. Se convirtió sólo en un asunto de las elites, y terminó  enredada con la espuria vinculación entre el dinero y la política.

¡Debemos salir de esta trampa del privilegio y la comodidad del poder y recuperar las utopías y el sentido colectivo de la buena política!

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Basta mirar por un momento más allá de Chile para entender que este es un desafío global. En todo el mundo están cambiando las relaciones de poder, la economía, la cultura y las certezas de la sociedad.

En este mundo hay ganadores y perdedores.

El  vértigo del cambio, sin una dirección comprensible para los ciudadanos trae temor. Ya a inicios de la década pasada, los estudios del PNUD habían detectado que muchos chilenos sentían miedo al futuro. Temían al otro; a perder lo poco ganado; perciben una pérdida de identidad y pertenencia;  le angustiaban la ausencia de valores compartidos a los cuales aferrarse.

El exacerbado individualismo que se instaló entre nosotros aisló a las personas y toleró esta nefasta cultura del abuso, la colusión y del predominio del dinero.

Las niñas y niños del SERNAM son parte de esa “cultura insana” que no queremos.

Lo son también nuestros abuelos, nuestros adultos mayores,  que reciben pensiones de miseria.

Lo son también los trabajadores a los que les roban sus cotizaciones previsionales a vista y paciencia de todos nosotros: Curanilahue es apenas, una muestra más de lo indeseable. Cierran sorpresivamente una empresa y las deudas previsionales de los trabajadores no las van a poder recuperar.

¡Eso simplemente es robo!

Pero en medio de esta dinámica avasalladora y amenazante,  también hay luces y oportunidades. Pero para participar de estas oportunidades las familias, las personas, los jóvenes y las mujeres, los hombres y nuestras ancianas y ancianos, necesitan contar con el conocimiento y con las herramientas culturales para adaptarse, para vivir con dignidad, para mirar ese futuro con tranquilidad y no con desazón e incertidumbre.

Compartí estas reflexiones con Pepe Mujica hace unos meses en Uruguay. Él usa el concepto de “Cambio Epocal”: Un mundo que ha transitado desde la búsqueda de la justicia y la libertad, tan propio de nuestras encrucijadas del siglo XX, a la búsqueda de la felicidad como el vector del siglo XXI.

Ello nos coloca directamente en la problemática de las personas, las familias y su diversidad, en nuestra relación con el entorno, el medio ambiente, en el uso del tiempo libre, en la recreación como un derecho. Y todo ello sin perder de vista que los hombres viviremos más, y allí será esencial como abordamos la tercera y lo que hoy ya se está denominando la cuarta edad.

Esta reflexión centrada en las personas es urgente traerla a Chile. Como sea, es claro que el mundo cambio, mutó.

Hacer esta reflexión y definir un rumbo es una tarea pendiente del progresismo en Chile y en el mundo.

Permítanme una breve reflexión sobre nuestro gobierno y la Nueva Mayoría.

La Presidenta Bachelet  convoco al país a que juntos inauguráramos un nuevo ciclo político, social y económico que se hiciera cargo de las demandas y anhelos de la sociedad chilena. Nos convocó a asumir este desafío teniendo a la vista los cambios experimentados por nuestro país tras 25 años de democracia, de modo de ponerse a tono con las tendencias globales recomendadas por la OCDE.

Hizo esta invitación teniendo a la vista por cierto  los cuatro años del gobierno  de Sebastián Piñera, gobierno que se limitó a administrar el status quo, pero que no propuso ninguna reforma sustantiva al país que diera cuenta del nuevo Chile, ni siquiera en el plano económico, donde él ha demostrado tener mucho éxito personal.

Se dejó llevar por los vientos favorables  del súper-ciclo del precio de los comodites.  Por cierto que los poderosos se sintieron muy a gusto durante su administración.

La derecha allí representada sólo nos ofrece el “liderazgo bursátil”. Para ellos liderar Chile es sólo liderar el crecimiento. Nunca piensan en desarrollo integral o en bienestar para la gente. Menos en la felicidad como gran vector del desarrollo sustentable.

Fue, en suma, un gobierno reactivo que careció de capacidad propositiva y de conducción de las demandas de la sociedad chilena.

La Presidenta Bachelet se hizo cargo de esta situación. Invitó al país  a inaugurar un nuevo ciclo que tuviera a la vista  las demandas más sentidas de la población, principalmente la  reforma de la educación en su conjunto.

Sabemos lo complejo que ha sido avanzar en esta dirección.

No es una  crítica oportunista a estas alturas decir que varias de las reformas que se colocaron en la mesa carecieron de trabajo pre-legislativo, de construcción de consensos sociales previos; muchas veces fueron débiles en su diseño y hasta algunas evidenciaron altos grados de improvisación, lo que hizo que entráramos en una dinámica política compleja entre nuestro Gobierno, el Parlamento, la Nueva Mayoría y la Oposición.

Es evidente que no supimos construir estas reformas con la ciudadanía. Las formas y estilos cupulares de hacer política ya no son posibles. La “cocina chica” ya no es un espacio válido para construir acuerdos que se validen en el tiempo.

Aunque el diagnóstico sea compartido, es necesario escuchar más e imponer menos. Ello restó claridad a la hora de abordar la agenda legislativa y mantener los acuerdos políticos comprometidos.

También permitió que  emergiera  la desconfianza, la duda y, tras ello, la instalación creciente de una atomización de la política.  Una suerte de encapsulamiento que ha dificultado el diálogo y la búsqueda de acuerdos de mayoría.

Con todo, el camino de reformas que abrió la Presidenta Bachelet no sólo marcará su gobierno sino que cambió la agenda del debate público.

Ese será su legado.

Este caminar por Chile también ha sido una oportunidad para reflexionar sobre las grandes prioridades que debe abordar al país.

Valoro por cierto el trabajo que han ido aportando profesionales destacados del Partido Radical y del mundo progresista independiente en este cometido.

En los próximos meses podremos entregar un ideario  que dé cuenta de nuestra visión, de las demandas más sentidas por la población, y de las propuestas que colocaremos como aportes al debate del progresismo.

Sin embargo, mis intervenciones en el Senado, mis encuentros con los vecinos, con los jóvenes, con los trabajadores, con cientos de profesionales, mis conversaciones con universitarios, con profesores, con destacados especialistas en las más diversas áreas, junto a mis diálogos en las Regiones, me permiten ir configurando una visión sobre el Chile que queremos y el Chile que debemos proponerle a nuestros compatriota.

Permítame sólo entregar algunos lineamientos:

PRIMERO, SOMOS UNA SOCIEDAD DIVERSA.

En nuestra diversidad esta nuestra riqueza. En nuestra diversidad de cultura, de las personas, de géneros, de sensibilidades, de vocaciones, de credos y de territorios.

Debemos promover una legislación y políticas públicas que nos ayuden a reconocernos como una sociedad diversa. Allí están nuestros pueblos originarios, donde debemos hacer realidad la promesa incumplida de su reconocimiento constitucional. Debemos respetar y proteger sus formas de vida, su organización social, su lenguaje y visión del mundo.

¡Llego la hora de saldar de una vez la deuda con los pueblos originarios de Chile!

También debemos seguir profundizando la agenda de género. Los derechos de la mujer postergados en el trabajo, y en su vida diaria, es una dimensión de nuestra cotidianeidad que debemos abordar. Un gran avance ha sido la creación del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género. Continuaremos profundizando este camino.

También en este Chile diverso debemos lograr la plena inclusión de la diversidad sexual. Todos merecemos un trato digno –no sólo por parte del Estado, sino también de la sociedad- donde se tengan los mismos derechos y oportunidades independientes de la identidad de género u orientación sexual de una persona.

SEGUNDO, EDUCACIÓN.

Lo dijo don Pedro Aguirre Cerda: “Gobernar es Educar”

La educación en todos sus estamentos seguirá siendo prioridad nacional.

Continuaremos con la reforma más importante que inició este gobierno.  Pero se hace necesaria su “focalización” en función de los recursos que tenemos.

Debemos colocar en el centro de la discusión la calidad, seguida de lo público y lo gratuito.

Reformar la educación es más que hacer leyes.Es hacer cultura, es desencadenar procesos sociales, es redefinir las relaciones humanas, es desplegar el espíritu y el alma de las personas. De ese cambio estamos hablando.

Por ello, debemos avanzar cuanto antes a la “Revolución en el Aula”.

Resignificar el rol del profesor, actualizar los currículos en relación a los desafíos del siglo XXI. Incorporar metodologías de enseñanza y aprendizaje activos centrados en el alumno. Dotar a los colegios de los recursos pedagógicos para forjar una educación activa, desafiante, lúdica, que busque una formación integral del alumno, que incorpore la dimensiones valóricas, volitivas, conductuales y cognitivas.

Formar personas. A eso deben apuntar los proyectos educativos, los que deben ser evaluados en su mérito, según las realidades de los estudiantes de cada establecimiento teniendo a la vista las particularidades también de las regiones de Chile.

Debemos dignificar la función del profesor. Lo queremos comprometido con las niñas y niños más vulnerables de nuestro país. Tenemos que desarrollar una carrera docente motivadora, que haga de éste un actor protagónico de la revolución en el aula. Sólo así podremos construir a partir de la infancia y de la niñez los pilares sólidos del Chile del futuro.

Las escuelas deben ser el centro del cambio pendiente en la educación chilena.

Menos Pisa, menos Simce, menos PSU, menos pruebas estandarizadas que distorsionan todo el proceso formativo: más niños felices y creativos.

¡Eso es calidad de la educación!

La educación media y superior debe dar especial importancia a los Centros de Formación Técnica e Institutos Profesionales, atendida la importancia que ellos tienen para el desarrollo del país. Chile tiene un déficit de más de 600 mil técnicos mientras muchas profesiones universitarias están con sus opciones laborales ya saturadas.

Las vocaciones deben dialogar con la empleabilidad y el aporte a la sociedad.

La gratuidad universal es un compromiso país. Vamos a avanzar gradualmente, empezando por la educación pública y las personas más vulnerables.

TERCERO, REGIONALIZACIÓN Y GOBIERNO LOCAL.

Ustedes conocen mi compromiso con la regionalización del país y la importancia que veo en los potenciales de los gobiernos locales. La Descentralización no debe entenderse sólo como una reforma sectorial, sino que como una dimensión de lo público que debe estar presente en la formulación de una política integral del país.

Un reconocido estudioso de estas materias como fuera Joan Prats-Catalá,  nos recordaba muy lucidamente este punto en una de sus últimas visitas a nuestro país: Chile será Descentralizado o no será Desarrollado.

La elección de los gobernadores regionales, aprobado por el Congreso,  abre un proceso político gradual y progresivo de transferencia de competencias desde el Estado centralizado a sus regiones.

Ahora trabajamos en el traspaso de competencias, para asegurar que los gobiernos regionales, integrados por los futuros gobernadores electos y los consejeros regionales, puedan definir, con amplia participación ciudadana, los proyectos de desarrollo de cada Región.

Eso incluye, por lo pronto, el desarrollo social, el fomento productivo y la creación de la infraestructura necesaria para desarrollar los emprendimientos privados. Además debe considerar una Ley de Rentas Regionales que haga más justicia a los aportes productivos de las diferentes regiones de nuestro país.

Este año debemos cumplir con el compromiso presidencial de elegir a los Gobernadores Regionales.

¡Pueden contar con nuestro voto!

CUARTO, NUEVA ECONOMÍA Y REFORMA DEL ESTADO.

Chile debe ajustar su patrón de desarrollo y poner en el centro de sus esfuerzos a las personas. No se hace economía sino para mejorar la calidad de vida de la gente, o el crecimiento carece de sentido.

El modelo “rentista” basado de manera principal en la explotación de nuestros recursos naturales está agotado. Debemos salir de esta trampa y avanzar hacia el siglo XXI de la mano de la ciencia aplicada, la tecnología y la innovación.

¡Somos inmensamente ricos en recursos naturales pero inmensamente conservadores a la hora de generar emprendimientos de mayor valor!

Muchos jóvenes talentosos salen al exterior a post graduarse y luego no encuentran espacios laborales donde hacer su aporte. Debemos incentivar más fondos de inversión para el emprendimiento.

¡No hay Desarrollo sin Conocimiento. Esa es la clave de la Nueva Economía!

Estamos avanzando con esta nueva mirada en el área de las Energías Renovables, pero es la excepción.Hemos utilizado de manera cortoplacista nuestras riquezas naturales. No hemos generado en torno a ello una industria más inclusiva, de mayor valor, que genere nuevas riquezas y emprendimientos. Hemos descuidado nuestros bosques, nuestro mar, y por cierto nuestro cobre con esta lógica extractiva básica de sólo aportar insumos para los procesos productivos más avanzados que se están desarrollando en otros países.

Para innovar en nuestra matriz de desarrollo debemos colocar en el centro de ésta a  las pequeñas y medianas empresas, a nuestras cooperativas,  que están presentes en todas las regiones de Chile, asociándola con los sectores exportadores que lideran nuestro crecimiento. Ello va en línea con el desarrollo económico que está marcando la globalización. Ello nos permite generar “cluster” o encadenamientos productivos industriales y de servicios de mayor valor.

Debemos, por tanto, a partir de nuestra producción agrícola, forestal, minera, pesquera, energética no renovable, manufacturera y de servicios generan una política que supere la fase rentista y se apoye en la asociatividad público-privada.

Lo he venido reiterando a propósito del Norte Grande y de la región de Antofagasta que me honro en representar: debemos exportar minería y no sólo minerales.

También debemos promover nuevos sectores que están demostrando un extraordinario dinamismo como son los servicios. El turismo es un buen ejemplo. Debemos seguir promoviendo este turismo basado en los pequeños emprendimientos.

Para avanzar en estas propuestas, necesitamos urgente iniciar una reforma profunda del Estado que dé cuenta del nuevo Chile. El país ha ido mostrando signos de fatiga a la hora de implementar sus políticas públicas.  Necesitamos un Estado con capacidad prospectiva que pueda pensar el país y con capacidad idónea de ejecución de sus programas y proyectos.

Por último, nuestra política fiscal y monetaria no puede limitarse a ajustar la caja o a controlar la inflación. La política económica nos puede ayudar a insertar con mejores oportunidades en  una economía mundial que está entrando en un ciclo de pérdida de dinamismo, lo que nos obliga  a ser más activos para reactivar la economía, promover el empleo de calidad y acortar las brechas de desigualdad.

CUARTO: PLAN NACIONAL DE INVERSIÓN EN INFRAESTRUCUTRA Y CONECTIVIDAD.

Atendido el reducido tamaño que tiene nuestro mercado interno, Chile deberá seguir profundizando su inserción internacional.

Nuestra ubicación geográfica en esta parte del mundo, generan las condiciones para desarrollar en Chile un programa de conectividad con inversión en carreteras, pasos fronterizos, puertos, aeropuertos, transmisión eléctrica, que nos permita avanzar decididamente en la visión de un Chile que se articula como Plataforma del Comercio, Servicios e Inversiones, especialmente con nuestros vecinos de cara al mundo que jugará sus principales opciones en el Asia Pacífico.

Pata ello, debemos avanzar decididamente en una política nacional de Puerto y Mega Puertos…. Sólo así podremos promover un liderazgo en materia de inserción internacional.

Asimismo, para respaldar un desarrollo sustentable y mejorar la calidad de vida de todos los chilenos, el acceso a un suministro de energía en base a fuentes limpias, autóctonas y a precios competitivos es fundamental. Chile y el mundo cambian hacia el uso de la electricidad como base del suministro energético para todos los procesos de nuestra economía, incluyendo el transporte público y privado.

Debemos generar por tanto, una infraestructura eléctrica sustentable, en base a nuestros recursos renovables. Este es un campo de gran interés para nuestra asociación con los países vecinos.

La mayor colaboración y coordinación entre los gobiernos de la región en los foros internacionales, los acuerdos de integración con los vecinos, la asociatividad en áreas estratégicas con otros países del cono sur de América Latina, son condiciones de supervivencia en un mundo de grandes corporaciones transnacionales y de alianzas defensivas de  países y mercados.

QUINTO, PENSIONES Y SALUD.

Debemos avanzar hacia un Sistema Integrado de Seguridad Social que aborde las Pensiones y la Salud con un Mínimo Garantizado.

Sé de la urgencia por avanzar en este tema.

He conocido  la preocupación de miles de familias y de chilenas y chilenos, de nuestras abuelas y abuelos, de sus hijas e hijos,  que ven con angustia y temor como la vejez los arrastra hacia situaciones de pobreza que creían haber superado.

Por cierto, mejor seguridad social supone ahorro previsional, pero también mejores empleos, mayor productividad e incremento del poder negociador de los sindicatos.

Son muchas las tareas que hay que abordar para generar un verdadero y eficaz sistema de seguridad social.

Es diagnóstico es conocido:

Los Fondos de Pensiones han fracasado en el objetivo de proporcionar pensiones dignas.

Por tanto, al esfuerzo de ahorro individual debemos añadir el aporte del empleador y del Estado.

Y debemos gestionar el ahorro previsional con garantías de rentabilidad, pero también con mayores dosis de solidaridad con los chilenos de menores ingresos, abordando también la discriminación económica y social de las mujeres.

Junto con garantizar una adecuada inversión en el ahorro, debemos orientar parte de esos recursos a generar infraestructura productiva para Chile.

Atendida la urgencia que este tema tiene para los chilenos, aportaremos al debate con una propuesta que hemos venido trabajando con un grupo destacado de expertos.

Nuestro interés es iniciar una ronda de conversación con dirigentes sociales, organizaciones gremiales y empresariales, líderes políticos, a objeto de avanzar en una solución que no sólo tenga validación técnica sino que también validación social y política.

Esa es la forma como yo entiendo el liderazgo y la política y la forma como debemos abordar nuestros grandes temas.

Queridas amigas y amigos,

Como verán, la tarea que está planteada es inmensa y apasionante. Y desborda claramente un gobierno de cuatro años. Pero necesitamos mirar más lejos…. Allí está el Chile que soñamos.

Tengo conciencia que una agenda de cambios ambiciosa y oportuna, que se anticipe para generar conducción de los procesos políticos en curso,

no puede descansar sólo en el liderazgo de una persona, en su lucidez, en su coraje y en su convicción.

Ello necesita ser el fruto de una mayoría social, cultural y política que no muestre fisuras, que se haga parte de estas reformas y donde el acuerdo político sin matices resulta esencial.

Las coaliciones sociales y políticas a lo largo de la historia se agotan cuando logran sus objetivos de largo plazo (mucho de ello representó la Concertación) o bien, cuando no son capaces de construir de manera colectiva una visión de país, con proyección más allá de un gobierno.

Tengo la convicción de que no podremos avanzar en estos desafíos sino construimos una sólida mayoría que encarne la “unidad en el pueblo”. Cuando se quiebra esa unidad ganan los sectores conservadores, los privilegiados de siempre.

Tenemos la responsabilidad histórica de preservar y enriquecer esta unidad en el progresismo. Es nuestra responsabilidad. Para ello se requiere que entre todos actualicemos el diagnóstico y renovemos nuestras propuestas programáticas en favor de las grandes mayorías nacionales.

Necesitamos seguir trabajando, necesitamos de todos ustedes. A eso los convoco.

Debemos hablarle a ese 65% de compatriotas que no acudieron a votar en las municipales pasadas, porque perdieron su fe en la política.

Debemos reconquistar sus conciencias y sus corazones.

También invito a los partidos de la Nueva Mayoría y a las fuerzas del progresismo  a que no perdamos de vista el bien superior: renovar una opción política y una propuesta programática que asuma los anhelos de nuestros compatriotas, y que sea lo suficientemente amplia, convocante, generosa y competitiva, para enfrentar con opciones de triunfo  en las elecciones presidenciales de noviembre próximo, a los sectores conservadores del país,  que solo buscan mantener sus privilegios de siempre a costa de la inmensa mayoría de los chilenos.

¡Esta es la verdadera encrucijada y responsabilidad que tenemos todos por delante, principalmente nuestros partidos políticos!

¡Necesitamos volver a creer!  ¡Necesitamos volver a confiar!

Necesitamos  trabajar por las necesidades de nuestra gente. Necesitamos hacernos cargo de las carencias que hoy tienen los chilenos. Necesitamos mejorar la educación, necesitamos mejorar las pensiones, necesitamos mejorar la salud, necesitamos generar más y mejores empleos. Necesitamos desarrollar nuestros territorios, nuestras regiones. Necesitamos mejorar nuestras ciudades y nuestros barrios y dar más seguridad a su gente.  Pero no la seguridad que surge sólo de la represión y el castigo, sino de aquella que surge de la justicia social, de la educación y de las oportunidades para todos.

Este 2017 conmemoraremos los 100 años del nacimiento de nuestra gran poetisa,  Violeta Parra. Comparto con ustedes unos versos maravillosos: “Lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber, ni el más claro proceder, ni el más ancho pensamiento”

A ello los convoco: ¡Necesitamos dejar atrás esta sensación de desgano y desconfianza que por momentos nos inunda!

Yo agradezco vuestro apoyo, agradezco la confianza que me ofrecen y me entregan para hacer este camino.

Nuestra opción está creciendo. Tiene el apoyo de muchas chilenas y chilenos. Debemos seguir conversando con ellos, interpretarlos, re encantarlos, para que no se resten de participar en lo que viene por delante.

Quiero terminar mis palabras agradeciendo a Cristina, mi amor y confidente, mi asertivo cable a tierra, por su infinita generosidad al postergarse ella una vez más. Antropóloga e historiadora, supo ver antes que yo la demanda de los pueblos indígenas, la diversidad sexual y la agenda de género. Será, una vez más, mi compañera leal y cariñosa en el camino que estamos iniciando y, especialmente, en las horas más duras.

Agradezco, asimismo, la confianza y el apoyo de mis hijos que miran, no menos asombrados que yo, el curso de los acontecimientos.

Estimadas amigas y amigos:

Los invito a todos ustedes a que sigamos juntos recorriendo Chile, escuchando a su gente, extrayendo lo mejor de nosotros mismos, reflexionando juntos sobre lo que nuestros compatriotas sienten y piensan, sobre lo que temen y quieren, sobre lo que añoran y sueñan.

También invitó a las chilenas y chilenos a construir un país basado en la unidad, en el respeto y la tolerancia.

¡Chile será más grande si estamos todos unidos!

Muchas gracias

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