Un escenario presidencial disperso: más preguntas que respuestas

El año 2017 en Chile, trae consigo todas las tareas pendientes del 2016.

Y para los conglomerados mayores del escenario político, la designación de sus respectivos candidatos presidenciales es un desafío no resuelto que tensionará a los partidos y permitirá que los sondeos de opinión ofrezcan tendencias “no deseadas” por los actores políticos.

El gobierno de Michelle Bachelet avanzando con su agenda programática acaso no con la velocidad deseada pero con los objetivos claros, aunque su propia coalición no dé ejemplos de unidad y cohesión.  Los dos conglomerados políticos mayores tratando de ordenar sus filas, al tiempo que aparecen los “descolgados”, los díscolos y los disidentes aprovechandose de la baja popularidad del gobierno.  Los grandes empresarios tratando de frenar las reformas, los trabajadores insatisfechos, los movimientos sociales dispersos, los ciudadanos más exigentes, los medios de comunicación jugando el juego de las no-verdades, las redes sociales en ebullición.

Aumenta la cantidad de partidos y movimientos políticos y se multiplican las voces  y actores en el escenario público.

Pero, en las elecciones se deciden las democracias.

Ha llegado el año 2017, el año del realismo.

REALISMO Y DISPERSIÓN.

La agenda política de 2017 se marca desde enero, y comienza el sábado 7 de enero con la proclamación de Alejandro Guillier como candidato presidencial del Partido Radical, seguirá el sábado 21 de enero con la reunión de Comité Central del Partido Socialista y el Consejo General del PPD y cerrará el sábado 28 de enero con la Junta Nacional del PDC.

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Para el Partido Socialista y el PPD, las opciones parecen en estado de dispersión: si el PPD proclama el 21 de enero a Ricardo Lagos (decisión todavía difícil) deja en una posición complicada al PS, pero a su vez, para los socialistas la carrera de tres candidatos internos (Lagos, Insulza y Atria) deja entrever que dentro del PS cada una de esas tres candidaturas resulta un problema no resuelto.

En el PS el debate interno parece polarizarse entre los que quieren a Ricardo Lagos como candidato presidencial y los que se niegan a proclamarlo.

¿Está comenzando a predominar el realismo político en los partidos de la Nueva Mayoría?

Para la DC el “problema presidencial” a inicios del 2017 es aún mayor y más complejo: como lo dijo con realismo crudo el senador Andrés Zaldívar (afirmación que se respalda en las encuestas CEP, Adimark, CERC MORI y CADEM), entre los candidatos o precandidatos presidenciales en carrera y con alguna posibilidad, no aparece ninguna figura del PDC.

Esta realidad señalada por las tendencias que marcan las encuestas, choca con la decisión de llevar candidato presidencial propio, y falta decidir (¿ahora en enero?): si la DC llevará candidato propio y programa propio hasta la primaria de la Nueva Mayoría o hasta la primera vuelta de la elección presidencial.

Todos los actores políticos saben además, que una candidatura presidencial única, requiere de programa presidencial único y sobre todo, de una lista parlamentaria única: caso contrario, la dispersión significa la derrota.

Para la coalición de derecha, el cuadro que ofrecen las encuestas parece ser mucho más favorable a la definición de su candidato único: Sebastian Piñera marca una ventaja en las sucesivas encuestas del segundo semestre de 2016, pero con la publicación, denuncia y querellas judiciales presentadas por sus negocios en Perú a través de una empresa pesquera de su propiedad, mientras ejercía como Presidente y se desarrollaba el juicio en la Corte internacional de La Haya por la delimitación marítima con Perú, se abrió la caja de Pandora de las inversiones de su familia en el paraíso fiscal de Islas Vírgenes Británicas, lo que explica que hasta el momento ni siquiera han entregado los correos electrónicos a la Fiscalía que investiga dicho caso.

Al mismo tiempo, corre en Argentina una investigación judicial por soborno, en un caso donde la empresa LAN ya reconoció en Estados Unidos haber sobornado para obtener ciertos negocios ventajosos.

Para los sectores políticos de la derecha tradicional (liberal y conservadora), ¿qué es más importante: pagar los costos políticos y morales de los casos judiciales que afectan a su principal candidato, o lanzarse a la piscina electoral apostando -con realismo político- a la alta abstención y al rechazo de los ciudadanos a los políticos en general?

Es bueno recordar que por la misma denuncia de extrañas inversiones en el paraiso fiscal de Islas Vírgenes Británicas, la UDI perdió estrepitosamente un candidato presidencial en 2010: Laurence Golborne.

Hoy, seis años más tarde y siendo realistas, estos casos judiciales que salpican la figura del empresario y político, podrían golpear en las preferencias que marcan las encuestas.

LOS PARTIDOS DICEN UNA COSA Y LAS ENCUESTAS ESTÁN DICIENDO OTRA.

Todos miran las encuestas.

Aunque todos los actores políticos aparecen en la prensa diciendo que no se guían por las encuestas, pero evidentemente que en la indecisión de varios pre-candidatos presidenciales y partidos políticos respecto de su abanderado para la elección de noviembre próximo, se debe a lo que están indicando esas mediciones.

Las encuestas de opinión (y subrayo “de opinión” y no de medición de intención de voto) están indicando en la actual carrera presidencial a lo menos dos competidores que se separan de sus eventuales contendores: el expresidente Sebastián Piñera y el senador Alejandro Guillier.  Aún así la competencia está abierta, dado que la mitad del electorado (o lo que representan del electorado las muestras de las encuestas) no sabe ni responde acerca de sus preferencias en materia presidencial.

El Partido Radical abre el año 2017 proclamando a Alejandro Guillier (el sábado 7 de enero) planteando además un marco programático que respalde dicha candidatura.  Será el primer partido de la Nueva Mayoría que proclama un candidato presidencial para 2017.

Mientras las demás encuestas comienzan a marcar una tendencia, la encuesta CEP tan esperada en diciembre 2016 no apareció, señal de que sus resultados no son tan favorables para Sebastián Piñera el obvio candidato preferido y favorito del Centro de Estudios Públicos.

CUATRO POR UNA.

El 2017 viene cargado de elecciones.

Cuatro elecciones en un solo día: de diputados, de senadores, de consejeros regionales y presidenciales.

Y con posibilidades que sean “cinco por uno”, si en el primer trimestre del año se fija por ley la fecha de la elección de Gobernadores Regionales hoy Intendentes Regionales.

Será entonces un escenario de elecciones y de campañas electorales mezcladas, de publicidad de todo tipo, un sobrecalentamiento de ofertas, promesas, no-promesas y propuestas programáticas.

En elecciones anteriores han sido las elecciones presidenciales las que han ordenado el cuadro electoral y las campañas.  En 2o17 es perfectamente previsible que las candidaturas presidenciales marcarán la agenda pública y el debate, pero en cada región, en cada distrito, en cada circunscripción, las campañas parlamentarias tratarán de ocupar la agenda y los medios, en un cuadro electoral donde en cada región aumenta el número de senadores y diputados a elegir.

A mayor cantidad de escaños a elegir, mayor cantidad de candidatos y mayor diversidad en las campañas electorales.

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