Yo perdono, tú perdonas, ellos se ríen – Trinidad Lathrop Leiva

En estos días el tema en boga ha sido el perdón. Siendo Navidad una esperaría que el tema fuera, como siempre, las luces del árbol que pueden causar incendio, los regalos de moda y donde comprarlos y la incautación de fuegos artificiales… pero no, el tema es el perdón.
Vemos los esfuerzos de un grupo de personas religiosas de sublimar el perdón. De dar a entender que de perdonar depende ser perdonado por algún dios. Otros, quieren darle el carácter de obligación ética, como respetar la vida o no golpear a los más débiles. Dando a entender que quien no perdona es una mala persona, egoísta y vengativa.
Y aparece un grupo de condenados por crímenes de Lesa humanidad, haciendo algo así como un simulacro de contrición y exigiendo perdón de quienes fueron sus víctimas. En sus testimonios, estos criminales condenados, piden perdón “por el daño que pude haber causado” y otro llega al punto de pedir perdón por otros, por los que lo acusan, “porque no saben lo que hacen” Y después de esta performance miran a las víctimas con cara de “ya, ahora te toca perdonar” Por supuesto, a los familiares de las víctimas, a las víctimas sobrevivientes y a quienes simplemente tenemos empatía, esto nos cayó como una bofetada en la cara.
¿Hacia donde se dirige esto? Porque sabemos que no dan puntada sin hilo. El senador de la UDI, Hernán Larraín lo aclara en dos twitts:
“Pedir perdón dignifica siempre, por eso mi reconocimiento a quienes dan el paso en Punta Peuco y a las autoridades morales que los acompañan”
Es obvio entonces: Se quiere instalar la idea de que estos nobles soldados, ahora dignificados por pedir perdón y avalados por una autoridad moral, merecen reconocimiento. ¿Qué hicieron para ganar ese reconocimiento? Nada. Absolutamente nada. Mencionar la palabra perdón sin decir qué se les debe perdonar. Sin reconocer culpa en las acciones que les significaron ser condenados, sin colaborar con la justicia…
Es un perdón como el que uno le dice a otro que acaba de empujar en la micro: Perdón, pero esto va muy lleno, no hay espacio, otros se movieron, hubo otros responsables de que yo lo empujara ¿me perdona?
Si no hubiera tanto dolor en las víctimas, tanta injusticia para sus familiares y tanta bajeza moral en quienes fueron autores, cómplices o encubridores de los crímenes de lesa humanidad ocurridos en Chile, lo de Punta Peuco daría risa.
Agrega el mismo senador Larraín:
Sorprende la virulencia y cantidad de enemigos de la reconciliación. Obliga a redoblar esfuerzos para alcanzarla. La paz es irrenunciable” Tratar a familiares de las víctimas y sobrevivientes de la dictadura como enemigos de la reconciliación es de una bajeza que uno solo puede esperar de la UDI. Virulencia, dice, y habla de paz… Obliga a redoblar esfuerzos, dice, sin exigirle a los criminales que digan la verdad, que colaboren con la justicia… el solo perdón de ellos sería bastante para el Senador. La exigencia va dirigida a quienes fueron víctimas y quienes tenemos cercanía con su causa.
La dictadura dejó 3065 muertos. Asesinados. Más de mil de ellos continúan desaparecidos. Pero esto no es muy representativo de lo que ocurrió. Estas 3065 personas incluyen niños, de 7 y 8 años, fusilados en Coquimbo. Un chico de 13 años al que deshicieron a balazos. Incluye mujeres, algunas embarazadas, asesinadas a patadas, a otra se le abrió el cuerpo en dos y se sacó al feto, con un corvo, a otra le ponían corriente en la vagina y miraban como saltaba el feto dentro de su viente, a otras las violaron, embarazaron, hicieron abortar y siguieron violándolas, estudiantes de colegio, de 15 o 16 años, no solo fueron asesinados, sino que se les torturó días, semanas, meses antes de matarlos.
Cadáveres amputados en vida, sin ojos, degollados, con signos de tortura que no me da el alma para detallar. Y luego los desaparecían. Más de 1000 personas aún siguen desaparecidos, pero no fueron los únicos. Meses detenidos en lugares secretos de DINA y la CNI, con el Estado negando que estuvieran en su poder.
Viajemos a los 70s, veamos un mujer con 3 hijos, que vive en San Miguel, cuyo marido fue secuetrado por la CNI a media noche. Deja a sus hijos con alguna vecina, no tiene ingresos, su marido es el único con trabajo remunerado y no está, camina al centro de Santiago, a la Vicaría de la Solidaridad, se presentan recursos de amparo, pasan semanas. No tiene teléfono, no todos tienen, camina, otra vez al centro, pregunta una y otra vez en tribunales, meses. Se consigue dinero, sus hijos necesitan comida, busca… multiplique a esta mujer por 20 mil, 30 mil mujeres chilenas… y trate de entender lo que hicieron. Algunas tuvieron suerte, su marido, su hija, su hijo, su madre o padre volvieron vivos, los torturaron, quedaron con daños físicos para toda la vida, sin trabajo y con necesidades especiales, producto de la misma tortura.
Además de los mas de 3 mil muertos, 40 mil chilenas y chilenos fueron víctimas de prisión y tortura. Agregue a sus familias, madres, padres, esposas, hijos, abuelos… multiplique… más de 200 mil víctimas directas. Mujeres aún buscan restos de los suyos en el desierto, algunas, logran encontrar un pequeño fragmento de hueso que resulta ser de alguno de los desaparecidos, eso cada varios años. Personas a quien su vida se les detuvo y no se les ha permitido continuarla. Porque no hay justicia. Porque no dicen donde están los cadáveres de los suyos, porque mienten y los acusas a ellos de mentir. Porque hay solo 117 agentes de la dictadura cumpliendo penas de cárcel, porque los generales que dieron las órdenes están libres, porque la justicia no llega para ellos.
La verdad la han debido construir ellos mismos, con testimonios de cercanos, porque siguen mintiendo. Porque aún se homenajea a los criminales, porque aún se niegan estos crímenes, un ex alcalde dice que las quemaduras de Carmen Gloria son un “tongo”, porque la justicia determinó que dado el tiempo transcurrido, se aplicaría la media prescripción, o sea, les dan penas más bajas que a un homicida cualquiera. Y de todo esto se pretende culpar a las víctimas de la dictadura. Se les culpa por haber sido masacrados. Y ahora se les culpa “por no perdonar” Enemigos de la reconciliación, los llama Larraín. Y es senador. Lo eligen, la gente vota por él. Por un ser humano de una bajeza moral espeluznante, la gente vota y lo elige. De ahí el descarado intento de parecer arrepentidos, sin decir la verdad, para dar vuelta a la culpa. Ya no son ellos los culpables, pidieron perdón. Ahora los otros deben perdonar y aquí no ha pasado nada. Y si no lo hacen, son malas personas, vengativas y egoistas. Asquerosos. Son francamente asquerosos.
Los peores, aquellos que no están presos, pero que avalan esta faramalla.
Estos criminales están en la cárcel porque fueron condenados. ¿cómo? Un ministro en visita, a veces más de uno, los condenó, luego, al menos 2 ministros de 3 de la Corte de Apelaciones confirmó la condena. De Cortes de Apelaciones distintas, de todo Chile. Luego se recurrió de casación a la Corte Suprema, al menos 3 ministros de 5 confirmaron la condena y la pena. Por eso están presos, no porque los familiares no los quieran perdonar. Están presos porque son criminales condenados, autores de los peores crímenes que se han cometido en Chile, a lo largo de toda nuestra historia. Es una faramalla, un voladero de luces, para, nuevamente, culpar a las víctimas de una situación que ellos causaron.
Si los familiares de las víctimas y los sobrevivientes perdonan o no, es cosa de ellos y no cambia en nada el hecho que, para que haya reconciliación es necesaria la verdad, la justicia y la reparación. Sin eso, es imposible.

La paz social no se construye callando a la verdad ni pisoteando a la justicia.

Un pensamiento en “Yo perdono, tú perdonas, ellos se ríen – Trinidad Lathrop Leiva”

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