La elección que no supieron anticipar ni las encuestas ni los medios

La mayor parte de los analistas, grandes medios de comunicación y encuestadoras de Estados Unidos habían anticipado la elección de Hillary Clinton en la presidencial.

¿Cómo explicar el error de cálculo de los observadores y analistas y el error de predicción con la intención de voto de las encuestas?

urna2

En Estados Unidos el sistema electoral presidencial pasa por dos carriles distintos: por una parte la elección de los electores o “grandes electores” elegidos Estado por Estado, en un cuadro donde en 48 de los 50 Estados se aplica la regla del “winner take all”, es decir, el candidato que gana se lleva la totalidad de los votos de grandes electores.

Este elemento de los “grandes electores” dificulta enormemente el análisis y la predicción pre-electoral, porque eso significa que en realidad cada encuesta se ajusta a cada uno de los 50 Estados de la Unión, de donde resulta que en los hechos, no es una elección presidencial única, sino 50 elecciones presidenciales distintas.

A este primer factor de error, se suma que las encuestas más distantes de la realidad que ocurrió, fueron aquellas de alcance nacional y las síntesis de todas las encuestas, cuya distorsión generó la impresión que ganaba la candidata demócrata.

La intención de voto no fue el principal indicador utilizado para predecir o anticipar el resultado, a lo que se agrega que cada entidad encuestadora operó con metodologías distintas, pero que en general, intentaron clasificar los diferentes Estados de la Unión en grupos: los Estados que estaban “completamente” seguros para un candidato; los Estados que se inclinan según la clasificación “demócrata o republicano”; y los llamados Estados indecisos.

Se generaba una distancia en la percepción de los resultados probables de una elección, a partir de un conjunto de Estados (o territorios) que se daban como seguros para un  determinado candidato.

En los hechos, el modelo de pronóstico o de proyección utilizado por la mayor parte de las encuestadoras, fracasó.

Es importante subrayar que las encuestas no son una ciencia exacta, son un delicado ejercicio metodológico en el que deben coincidir todos los elementos o variables.

Los modelos de pronóstico utilizados por las encuestadoras estadounidenses y europeas ya habían “estallado” con los resultados del referendum Brexit en Gran Bretaña.

Una primera conclusión respecto de la fiabilidad y predictibilidad de las encuestas, nos obliga a volver al sentido primigenio de las encuestas: están destinadas y cumplen la función de obtener una imagen representativa del estado de la opinión en el momento en que son aplicadas, no de ser una herramienta política para hacer pronósticos, cualquiera sea la distancia en tiempo entre la aplicación de la encuesta y la fecha de la elección.

Una segunda conclusión se refiere a la importancia que tienen las etapas finales de las campañas.  Se ha reconocido que los últimos 30 días son momentos en que se acelera la toma de decisión de los electores y disminuye el número de indecisos.  Las encuestadoras  subestimaron y fueron incapaces de escrutar la dinámica de los últimos meses y semanas de la campaña.

Un tercer elemento de conclusión es la naturaleza de la muestra.  Evidentemente, el número de entrevistados en cada encuesta es desde un comienzo, un factor de distorsión, de manera que mientras menos se interroga a las personas, más propicia al error es la medición, del mismo modo que el modo y criterios de selección a los encuestados, puede incidir fuertemente en los resultados, como por ejemplo si los entrevistados van a concurrir a votar.

Cuarta conclusión: los márgenes de error de las encuestas.  Cada margen de error es el límite objetivo de la fiabilidad de una medición.  En definitiva el margen de error no da cuenta de la distancia entre  la fotografía de la opinión pública y la realidad que se pretende estudiar.

Finalmente, cabe mencionar una quinta conclusión: ¿lo que dicen los encuestados es lo que hacen realmente como electores? ¿Se le puede creer siempre a los ciudadanos entrevistados respecto de si su intención de voto declarada, es verdaderamente lo que van a hacer el día de la elección?.

Esta es una zona sombría de las encuestas de opinión y especialmente de las mediciones de intención de voto.  La experiencia internacional respalda el concepto que con frecuencia los electores ocultan su verdadera intención de voto, tanto por conformidad con el estado de la opinión que muestran los medios, como porque los indecisos se sitúan precisamente al interior de esa zona gris del electorado, a la cual con frecuencia se presta poca atención.

Cuando una medición de intención de voto, se realiza, por ejemplo, a 12 meses de distancia de una elección determinada, y los resultados de la opción “no sabe o no opina” es de  más del 60%, entonces la única conclusión posible a tal encuesta es que no se puede anticipar cuál será efectivamente la intención de voto de los electores encuestados, incluso considerando que la intención de voto puede cambiar a lo largo de esos 12 meses.

Manuel Luis Rodríguez U.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s