Elogio del optimismo insoportable

Vivimos una época compleja, donde las crisis nos golpean desde la realidad verdadera y desde la realidad construida por las palabras y las imágenes.  Hay que reconocerlo: son malos tiempos para los optimistas y son, por el contrario, buenas épocas para los pesimistas, los agoreros, los “chaqueteros”, los demoledores del espíritu y la voluntad.

Además en tiempos de cambios, las sociedades, los grupos, las organizaciones, las comunidades y las personas, están tironeadas por un lado, por las fuerzas “conservadoras” que tratan de convencernos que “antes estábamos mejor que ahora” y que siempre hay “una manera mejor de hacer bien la pega”; y por el otro lado, por las fuerzas “liberales” que tratan de decirnos que “los cambios hay que hacerlos ahora, porque mañana será muy tarde”.

Demasiados pesimistas tratan de decirnos que esto no tiene arreglo, y los pocos optimistas  que quedan (quedamos) seguimos insistiendo que podemos cambiarlo.

pluma

Por un lado, los que anuncian desastres imposibles de evitar, y por el otro, los que anuncian y pretenden que los cambios tienen que hacerse ahora mismo y a la mayor velocidad posible.

Soy de los que creen que el mundo está dividido en tres tercios: un tercio, que cree que todo está mal y que después será peor; un tercio que cree que todo está mal y después las cosas seguirán igual, y un tercio que cree que todo está mal, pero podemos cambiarlo.

Pertenezco entonces a ese tercio de los optimistas insoportables, quienes basados en un realismo aún más insoportable, vemos caer  estrepitosamente ídolos, creencias, doctrinas, fachadas, etiquetas y líderes a nuestro alrededor, pero seguimos creyendo que las cosas pueden hacerse mejor, que los cambios pueden avanzar, que oponerse a las fuerzas profundas de una sociedad que cambia es un ejercicio suicida.

Para muchas personas este optimismo es insoportable, porque ven la realidad desde el pesimismo aprendido por la experiencia.

Creo que a los optimistas insoportables, las depresiones nos duran 10 minutos y seguimos adelante.

Los optimistas insoportables vemos que en el mundo que vivimos todo parece ser oscuro, sombrío, todo es tragedia, violencia, destrucción, egoismo, explotación y defectos, pero estamos convencidos, absolutamente convencidos que el ser humano como persona y los seres humanos como colectivo, como comunidad, como grupo, pueden remover los obstáculos y perseverar, imaginar, innovar, forjar, organizar, movilizar, construir, cambiar.

No estamos destinados al fracaso ni al dolor, ni a la injusticia ni la desigualdad, y por eso, nos movemos, pensamos y actuamos para superar el lado oscuro y sombrío de la realidad, para cambiarla y forjar un mundo, un país, una región, una ciudad más digna de ser vivida.

Soy un optimista insoportable porque, simplemente, creo en el ser humano y sus potencialidades, creo que cada ser humano puede crecer, puede cambiar, puede organizarse y producir movimiento, puede  avanzar y mejorar.

¿Cómo podríamos vivir en este mundo convulsionado, si no aportáramos cada día una cuota de optimismo insoportable, para que sigamos caminando?

Manuel Luis Rodríguez U.

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