La estrategia del insulto y el ataque personal

Los períodos electorales se caracterizan por ser momentos en la vida pública, donde aparecen todos los mejores y peores rasgos de la actividad política y los sentimientos más pasionales de las personas: la ambición, el egoísmo, la solidaridad, el compañerismo, la desesperación, el aplomo, la sobriedad… todo se muestra como en una exhibición.

Cuando se observa el juego de campañas en las actuales elecciones municipales, aparece que se muestran dos tipos o estilos de campaña: por un lado, quienes se esfuerzan -con las nuevas reglas en vigor- de mostrar y exponer sus propuestas, sus programas, sus proyectos de ciudad; y por el otro lado, quienes tratan de hacerse un espacio en los medios de comunicación o de ganar titulares en la prensa, mediante las descalificaciones del adversario, los ataques personales, los insultos directos e indirectos, el manejo artero de los argumentos.

La desgastada pero siempre prolífica estrategia del insulto y del ataque personales, demuestra falta de argumentos, falta de propuestas, intención de “destruir” al adversario, o simplemente el propósito de desviar la atención de los ciudadanos respecto de los temas de interés comunal.

Los problemas comunales, los problemas de la ciudad, aquellos que viven diariamente sus habitantes, debieran ser el centro del debate político municipal y en un momento de coyuntura donde el descrédito de la política y los políticos, intentar el atajo “fácil” de la descalificación del adversario, no ayuda en nada, no sirve para informar a los electores y conduce a acentuar la pérdida de credibilidad de la clase política.

En un escenario donde la clase política aparece con un alto grado de rechazo y de pérdida de credibilidad ciudadana, la vieja política del insulto y las descalificaciones, solo ayuda a quienes se sienten perdedores de antemano y solo denota la desesperación de los que calculan que sus candidaturas están perdidas o tienen bajo nivel de adhesión.

Cuando hay menos votos que disputarse, la carnicería mediática entre candidatos y actores políticos, solo contribuye a ensuciar más la actividad política.

Manuel Luis Rodríguez U.

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