Pokemon Go Home – Ramón Arriagada

  Hace exactamente una semana se habilitó para Chile la aplicación del juego virtual  “Pokémon Go”. Sus seguidores provistos de un celular  invaden casi todos los rincones del planeta, pues se trata de un artículo de consumo masivo, que como experiencia social está  formulado a escala planetaria.

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Cuando esta columna aparezca estaré ya  de regreso en Puerto Natales; el  asunto del jueguito es tema obligado en los lugares que uno visita. En las plazas y calles de las ciudades chilenas hay invasión de grupos de niños y jóvenes concentrados en la cacería de los invasores virtuales. El domingo, por un compromiso familiar, visité un camposanto y en  el lugar de silencio y meditación también  circulaban los “pokemonistas”, contentos por la buena cosecha en la captura del monito amarillo. Todos, a los cuales consulté,  se sentían felices de haber elegido el lugar.

Los comentaristas económicos,  esos mismos que dan recetas para ganar harta plata en pocos días, recomiendan poner atención al negocio que se viene gracias  a este nuevo fenómeno social, fundado en la lógica de la acumulación. Auguran que los usuarios del  “ Pokémon Go”, podrían llegar a ganar dinero real con los “monos capturados”, ya sea vendiéndolos, comprándolos, e intercambiando accesorios. Extraordinario, vender mercadería virtual con dinero muy real. Alguien ya debe estar lanzando al mercado la plataforma  para posibilitar pagos digitales.

Me refiero a la lógica de la acumulación, al hablar de este juego, pues los mecanismos de satisfacción del jugador que colecciona, genera pequeñas instancias temporales de placer. La felicidad al conseguir un nuevo trofeo lo condiciona y obliga a seguir jugando. Todo acompañado de los golpes bajos de una campaña de  publicidad viral, reflejado en la obsesión por saber de él  y probarlo.

Lo anterior, compensado con la felicidad de muchos papás,  preocupados por el apoltronamiento de los hijos frente al computador en horas interminables;  “al menos, ahora salen a caminar con sus amigos, llegan felices y con hambre”, me confidencia un liberado progenitor.  Una nueva evolución para la historia de la Humanidad, nuestros sedentarios cibernautas, se han transformado en cazadores y recolectores.

Todo ello es bienvenido, porque el Pokémon Go, en pocos días dejará sin trabajo a muchos terapeutas juveniles, pues sus clientes han encontrado la cura universal para sus depresiones, ansiedades y fobias sociales. Al depresivo le despertará el interés por la captura de piezas virtuales, podrá fijarse objetivos; el ansioso encuentra en las instancias juego, stress, adrenalina y el solitario estará obligado a incorporarse a la  “manada” para cazar y comentar los resultados de las expediciones.

Si usted es adulto y acompañó a sus hijos por las calles y paseos de la ciudad  a buscar los bichitos amarillos y le gustó en exceso el juego virtual, tenga cuidado. Si opta por salir solo en la nueva aventura, puede despertar sospechas, de andar buscando otro objetivo no tan virtual. Pero lo más grave, que su personalidad queda al descubierto y usted es un Peter Pan, ensimismado por el juego, usted es un adulto que regresa al mundo del juego de los niños y no quiere crecer.

 

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