De crisis, debates y cambios en el país – Hugo Guzmán en Claves Magazine

La polémica que gatilló Lagos y la otra mirada del diagnóstico/país. La disputa abierta entre fuerzas políticas y sociales en la contradicción progresismo/conservadurismo. La ofensiva ultraconservadora y el factor Pepe Piñera. La disposición de la Presidenta Bachelet.

Hugo Guzmán, Periodista.

Todo apunta a que la disputa entre proyectos/país de corte progresista o conservador está abierta, generando tanto un cuadro convulso como decisivo en el país.

El proceso de reformas y cambios en varios ámbitos gatillado e impulsado por el Gobierno de Michelle Bachelet y la Nueva Mayoría, así como las demandas de la sociedad civil y del movimiento social y sindical, se ven enfrentados a la muralla de la derecha, grupos fácticos, sector empresarial y segmentos conservadores que se oponen a las reformas y cambios, relativizan o desprecian las exigencias ciudadanas y del mundo social/ sindical, y reivindican la continuidad del modelo económico neoliberal y de la institucionalidad autoritaria/hegemónica.

Ello parece ser el contexto en que se desenvuelven los actores/ sectores de la sociedad, con elementos harto complejos que incluyen el cruce de situaciones contingentes (factor electoral presidencial, por ejemplo) y declaraciones/posiciones de personeros respecto a los efectos y alcances del proceso que se vive, llegándose a afirmar, como lo hizo el ex presidente Ricardo Lagos, que Chile vive “la peor crisis” institucional y política de los tiempos modernos.

Pero, de acuerdo a diversidad de análisis, no todo termina allí. Hay una constatación de una profundización/ampliación de la desconfianza del pueblo en la práctica política, en la representatividad política (partidos, parlamentarios), en varias entidades públicas y privadas, originadas principalmente en extendidos/abusivos casos de corrupción, irregularidades, violaciones a la ley y faltas a la ética pública y empresarial.

Frente a este cuadro, se conocieron en los últimos días varios posicionamientos que apuntan a que este escenario persistirá, fundamentalmente porque las fuerzas políticas y sociales progresistas, democráticas y de izquierda van a seguir bregando por las reformas y los cambios, incluso su ampliación y profundización, y porque los sectores conservadores, neoliberales y de derecha persistirán en su batalla por impedir lo anterior y atar las bases y elementos del actual modelo y sistema.

Lo de la desconfianza de la población, si bien está cruzado por cómo avancen o no los procesos que indiquen mejoras en su calidad de vida, dependerá también en cómo se irán resolviendo y disminuyendo los casos de corrupción y malas prácticas y en cómo se va sancionando, realmente, las irregularidades financieras en el mundo de la política y el empresariado, las colusiones, los fraudes, las negligencias y faltas en el sector público y privado.

La llegada de Pepe Piñera

En este cuadro, uno de los más representativos exponentes del diseño e imposición del modelo económico neoliberal y del ideario autoritario/empresarial, el conservador economista José Piñera, decidió dejar su labor académica en Estados Unidos, en el Cato Institute, centro de elaboración de ideas y proyectos neoliberales y conservadores y venir a Chile a defender lo que se ha denominado “la obra del gobierno militar”.

Se trató de una decisión política del ex Ministro de Trabajo de la dictadura de Augusto Pinochet y creador/impulsor de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), para reforzar la ofensiva de la derecha, el empresariado, medios de prensa conservadores y grupos monopólicos financieros para torpedear y echar abajo las reformas y evitar cambios de corte progresista/ social.

Pepe Piñera fue preciso… e incluso se sobredimensionó. En una carta dirigida a sus simpatizantes -tiene varios en el mundo privado, militar, pinochetista y conservador- anunció que dejaba sus tareas en Estados Unidos para meterse en una “cruzada mundial para iniciar una contraofensiva en Chile contra las ‘retroexcavadoras’”. Es decir, parar el proceso de cambios que incluye terminar con el sistema de AFP. Y enfatizó que optó por “volver a luchar a Chile”, dándole un tono dramático a su regreso.

No tuvo problemas, en medio de la lluvia de críticas al modelo privado de pensiones, en sostener que un “manotazo” -como calificó la posible modificación del sistema- podría llevar al “derrumbe de un sistema de capitalización que constituye -según él- la ‘viga maestra’ del desarrollo de Chile”. Aseguró que efectuar transformaciones como eliminar el monopolio de las AFP sería lanzar una “bomba atómica contra el modelo económico y la paz social”.

Para Piñera hay otras “bombas” que se estarían lanzando en Chile. “Cambiar la Carta Fundamental, la madre de todas las leyes, a través de asambleas ‘populares’ puede concluir en otra bomba, esta vez contra el Estado de Derecho”, estableciendo su oposición total al cambio constitucional y, así, bregar porque continúe vigente la Constitución impuesta por la dictadura. Y, con sinceridad, habló de uno de los ejes de la institucionalidad que defiende: “Estuve ahí, luché y firmé el Artículo en la Constitución de 1980 que, por primera vez, blindó el derecho de propiedad en Chile estableciendo que en toda expropiación el Estado debía pagar ‘el daño patrimonial efectivamente causado’”.

El ex funcionario de Pinochet enfatizó que las reformas o las retroexcavadoras amenazan “no sólo el modelo económico que nos ha puesto en el umbral del desarrollo sino que también nuestras libertades”.

En estos días le dio por usar el Twitter y allí, reivindicando las tesis de la dictadura, de economistas ultraconservadores, empresarios y amplios sectores de la derecha, espetó: “Nuestra Revolución por la Libertad (modelo, SFP, Constitución) salvó a 7 millones de chilenos de la pobreza (de 50 a 7,8%)”.

En redes sociales, queriendo dar una imagen liberal y de apertura, invitó un diálogo cívico (que no promovió en los tiempos de la dictadura cuando él junto a los miembros de la Junta Militar impusieron las AFP, el Código Laboral y otras medidas retardatarias calificadas por ellos como “modernizadoras”), relevó la honestidad de la Presidenta Michelle Bachelet e indicó que todo es perfectible, “hasta la Capilla Sistina” (el nombre correcto es Capilla Sixtina).

En la ofensiva ideológica y anti/ reformas, Pepe Piñera anunció que volverá a editar la revista neoliberal “Economía y Sociedad”, para la cual se pediría un apoyo de 100 mil pesos para suscripciones anuales, tiene programadas charlas y recorridos por el país y potenciar el uso de las redes sociales.

En general, hubo silencios de personeros de la derecha e incluso del empresariado. Quizá porque hasta ellos piensan ya que el sistema de las AFP fracasó; pero porque ven contraproducente política y electoralmente acercarse a uno de los pensadores del régimen militar.

Pero también porque, soterradamente, se comenzó a hablar de un posicionamiento de Pepe Piñera como aspirante presidencial de la derecha, donde muchos lo estarían viendo como un representante genuino de las posiciones del sector.

Por ello, evitando el cara a cara, el hermano de Pepe, Sebastián, se apresuró a trazar una diferenciación: “Tenemos que ser capaces de adaptar nuestro sistema de pensiones a una vida activa, pero también una vida pasiva”, cuestionando tácitamente las AFP e intentando ponerse al lado de quienes reclaman cambiar el modelo de pensiones.

Todo apunta a que Pepe Piñera será elemento protagónico en el muro de la derecha contra las políticas progresistas.

El debate de Lagos

Pese a que después introdujo un matiz aclaratorio, precisando que nunca quiso criticar al gobierno de Michelle Bachelet y que del mal estado del país “somos todos responsables”, el ex presidente Ricardo Lagos gatilló un severo debate al sostener que hay una crisis política e institucional que “es la peor que ha tenido Chile desde que tengo memoria”. Y advirtió, temerariamente, que “yo no sé si el país aguanta año y medio esta crisis”.

Inmediatamente surgieron cuestionamientos y rechazos a sus afirmaciones de casi la totalidad de representantes de los partidos de la Nueva Mayoría, indicando que se trataron de declaraciones exageradas, que no se compartía el diagnóstico y que los problemas del país tienen que ver con el proceso de cambios y la confrontación de la derecha, pero no con una situación política insostenible. Menos se coincidió en ese panorama de aguante del país, donde Lagos implícitamente abrió un espacio de incertidumbre respecto al futuro inmediato de Chile.

Más que paradójico, y que puede dar cuenta del alcance político de los dichos del ex presidente, es que altos dirigentes de la Unión Demócrata Independiente (UDI), columnistas conservadores, personeros de derecha y hasta el propio José Piñera, coincidieron con las declaraciones de Lagos y expresaron que, en efecto, daban cuenta de una crisis que la oposición viene señalando hace rato. El ex ministro pinochetista afirmó, sobre lo expresado por el ex mandatario: “Nadie hace tal afirmación gravísima sin tener antecedentes fundados que lo ameriten”.

Frente a esta situación -se dijo en ámbitos políticos que los dichos del ex presidente cayeron muy mal en La Moneda-, el presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier, fue uno de los que entró al debate frontal con Ricardo Lagos.

En entrevista con La Tercera, el también diputado expresó que “con lo que dijo, más que fuego amigo es un cañonazo a la coalición” de la Nueva Mayoría. Indicó que el político “está ninguneando al gobierno” y recalcó que era grave “venir a decir que este gobierno no dura el año y medio que le resta, cuando queda un año y medio de muchas realizaciones, es un gobierno que no se ha detenido a aprobar leyes y no se va a detener”.

En relación directa a la afirmación de Lagos sobre la peor crisis política e institucional vivida por Chile, Teillier señaló: “Yo creo que está equivocado. La peor crisis fue en los años 70, creo que en esa crisis está la base de toda la situación de lo que vivimos hoy día”.

El presidente del PC sostuvo: “No creo que hoy exista una crisis institucional como dice Ricardo Lagos, me parece que las palabras de él tienen un sentido electoralista. Él dice ‘miren, aquí está todo el peligro, yo soy el salvador, vengan a mí’. Lagos está creando una realidad ficticia para afirmar su candidatura presidencial”.

Teillier argumentó que las cosas están situadas en otra parte. “Lo que está fracasando es el sistema que se instaló después de la salida de la dictadura”, sentenció y puntualizó: “Porque hoy hay una confrontación que es político-social, pero es una confrontación entre aquellos que quieren mantener lo que quedó después de la dictadura, y otros que lo quieren cambiar, lo que provoca las tensiones es eso”.

La disposición de Bachelet

En todo este contexto era previsible que la Presidenta Michelle Bachelet, eje de todos estos debates, apariciones y procesos, no iba a entrar –al menos por el momento- en la polémica o las posturas aclaratorias y reivindicadoras explícitas de su gestión, de las reformas y del programa del gobierno y la Nueva Mayoría.

Pero envío un mensaje. Quizá no confrontacional pero sí de precisión. Quizá hubo que leerlo entre líneas, pero quedó sobre el tapete. En la celebración de la fundación del Partido Demócrata Cristiano, después de reconocer que no ha sido fácil este camino de las reformas, aseveró que todo este trabajo de transformaciones “exige unidad, exige respeto y juego limpio, exige compañerismo y defensa mutua, exige capacidad de comunicar los logros y humildad ante las interpelaciones que nos hacen las personas”.

La jefa de Estado planteó que “no ha sido fácil generar consenso en muchos casos, no ha sido fácil liderar con los ataques de quienes hacen del inmovilismo histórico su ganancia privada. No ha sido fácil avanzar con las banderas del progreso equitativo y la justicia y esquivar al mismo tiempo el fuego de los rivales y a veces el fuego amigo”.

Manifestó que el momento actual “exige que seamos un mismo pacto -a pesar de las diferencias-, exige sacar lo mejor de nuestras prácticas políticas y cumplir con las expectativas de nuestros compatriotas, pero también exige mejor resultado”.

Apuntó que “no se trata del éxito de un Gobierno o de un partido; se trata de responder con hechos a la confianza ciudadana, y demostrar que nosotros sí cumplimos, que nosotros sí somos capaces de conducir cambios exitosos para Chile, ahora y en el futuro”.

Las palabras de Michelle Bachelet llegaron en momentos que se dio curso al proyecto de AFP estatal e instalación en el oficialismo del debate para un cambio más profundo del sistema previsional privado, desde la Nueva Mayoría se reiteró la necesidad de proseguir con la reforma de educación superior y desmunicipalización de la educación, continuar desarrollando el Proceso Constituyente -ahora con la etapa de cabildos regionales-, claro, con un debate respecto a la profundización de las transformaciones, el destino del conglomerado oficialista, el cómo enfrentar la desconfianza ciudadana y asumir las luces y sombras de la realidad política nacional.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s