El síndrome del perro del hortelano – Edmundo Leiva Seguel

“El síndrome del perro del hortelano”

Cada vez que usamos a diario la expresión “Ser como el perro del hortelano”, ni siquiera necesitamos finalizar la frase porque todos ya conocemos su final. Aquella vieja fábula que en su forma original recuerda a la agresiva mascota de un agricultor que no podía comerse las verduras de su amo, pero que tampoco permitía que el resto de los animales de la granja lo pudieran hacer, nos recuerda la misma actitud que tiene un mimado infante cuando cuenta con un montón de juguetes con los que no quiere jugar, pero que termina haciendo pataletas y escándalos mezquinos para que ningún otro niño pueda hacerlo.

EDMUNDO LEIVA

Destacar toda la riqueza que tiene la participación democrática de carácter social y política, pero no permitir que los ciudadanos se manifiesten, esgrimir razones ideológicas o burocráticas para no ceder espacios públicos, equipamientos e instalaciones, inventar actos administrativos o jurídicos para doblegar la voluntad de los Puntareneneses que si quieren voluntariamente participar, son sin duda, los graves síntomas del “Síndrome del perro del hortelano”. No comer, ni dejar comer, sin ceder oportunidades para la manifestación de la opinión de la ciudadanía, es reservarse para sí, atribuciones y funciones propias de la captura del poder, es decidir gobernar en soledad, bloqueando el aporte democrático y legítimo de las y de los vecinos que desean un mejor futuro para la ciudad. En este caso, el perro del hortelano dice: “Si no lo hago yo, nadie debe hacerlo”, y concluye: “Solo puede hacerlo la gente de mi propio equipo”.

En su afán por intentar hacer las cosas a su manera, el perro del hortelano se ha manifestado contra el pobre y el desvalido, se ha manifestado en contra del pueblo que con tanto orgullo decía defender. El Perro del hortelano ha caído en la letanía de su propia pobreza intelectual y la bajeza política, pues el no tiene el monopolio del corazón social. El perro del hortelano está perdiendo la lucha que sostuvo contra la voluntad democrática.

Quienes actuamos en política, tenemos el deber moral para impulsar desde nuestras diferentes posiciones ideológicas, alternativas para el desarrollo que comprometan la participación real de los verdaderos excluidos y de quienes no cuentan con representación.

A participar ciudadanos!

EDMUNDO LEIVA SEGUEL

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