Discurso de la Presidenta Michelle Bachelet en el foro “Productividad Ahora” de ICARE

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Amigas y amigos:

Lo primero que quiero hacer es, sin duda, agradecer la invitación a dar inicio a este Foro tan importante como a la vez, yo diría, oportuno. Y no lo digo únicamente porque pone en el centro de la reflexión empresarial la productividad, sino porque recoge la oportunidad única que tenemos hoy para impulsar juntos un salto cualitativo en nuestra capacidad de desarrollo.

En Chile, tenemos conciencia hace ya un buen tiempo que no podemos basar el crecimiento exclusivamente en la exportación de commodities. Sabemos también que nuestra productividad se ha estancado. Y el consenso es, por lo tanto, que necesitamos diversificar nuestra economía, aumentar nuestra productividad y ser mucho más agresivos, yo diría, que nos atrevamos más, que seamos más arriesgados en incorporar la innovación a nuestra actividad.

Y fue lo que señalamos en el Programa de Gobierno y en la Agenda de Productividad, Innovación y Crecimiento Económico que hemos llevado adelante.

Lamentablemente, como todos sabemos, el ciclo de precios extraordinarios de nuestras materias primas escondió una serie de falencias que se venían acumulando en el tiempo, e hizo pensar a muchos que los cambios no eran urgentes o que ellos ocurrirían de forma automática.

No se trata sólo de aumentar nuestra productividad porque los precios de las materias primas estén bajos, se trata de algo mucho más estructural. Llegados a una economía de US$ 23 mil per cápita, no podemos seguir avanzando con una estructura productiva baja en valor agregado, en innovación y en capital humano. Cualesquiera que sean los precios de las materias primas en el futuro, tenemos que adecuar nuestra economía a las exigencias de un país desarrollado del siglo XXI. Y aún nos falta para eso.

Y hay que decirlo con franqueza, el tiempo de espera se acabó. Es tiempo de la acción, de nuestra acción, nadie puede hacerlo por nosotros.

Es, por lo demás, lo que ha sucedido en la historia de los países más avanzados, no han sido ni las esperas pasivas ni los golpes de suerte lo que ha permitido el desarrollo; tampoco lo han sido medidas aisladas que no conversan entre sí, ni van al fondo del problema.

Entonces, lo que hace la diferencia es la convergencia de los actores políticos, económicos y sociales en torno a opciones estratégicas.

Y ésa ha sido la razón de convocar al país para hacer del 2016, el Año de la Productividad.

Y bien lo decía Juan, cuando yo en ICARE mismo hablé y llamé al Año de la Productividad, la verdad es que yo quería decir “la Década de la Productividad”, porque en un año no se resuelven todos los problemas estructurales que Chile puede tener. Pero sin duda, creo que era la idea de partir con fuerza, todos trabajando juntos hasta ese objetivo que yo creo que nos une a todos.

Y nuestra invitación es a definir un horizonte común de desarrollo y construir una base de confianza mutua centrada en la acción.

Y esa invitación ha sido acogida con gran entusiasmo, lo que me parece extraordinario. Y todos estamos poniendo de nuestra parte con acciones y propuestas concretas.

A la Agenda que lanzamos, tanto de Energía como de Productividad, Innovación y Crecimiento el año 2014, este año dimos algunos pasos adicionales, con el anuncio de 22 medidas por parte de los ministerios de Hacienda y Economía. Esto no es el conjunto de la Agenda de Productividad del Gobierno, era sólo identificar 22 medidas que nos permitían enfrentar una serie de temáticas que sabíamos que producían obstáculos muchas veces a la inversión o al crecimiento y que buscaban, esas 22 medidas especialmente, simplificar trámites, impulsar la exportación de servicios y el acceso a mejor financiamiento.

Luego, el turno de la Comisión de Productividad presidida por Joseph Ramos. Yo quiero decirle, Juan, que no es una Comisión de Gobierno, es una Comisión de carácter permanente. Ahora, yo entiendo que el riesgo que puede existir es que llegue otro Gobierno y que no le parezca importante, y decida que termine. Y por eso me imagino el interés de ustedes de que pueda ser un proyecto de ley. Además que a los chilenos nos encanta que todo sea por ley, de manera que la Comisión no tenga el riesgo de que pueda desarmarse.

Pero quiero contarles que cuando conformamos esta Comisión, justamente dijimos “la productividad no es de un Gobierno; es de un Estado, es prolongado, está definido como con carácter permanente, y si es necesario hacer un proyecto de ley, no tengo ningún problema”. Pero quiero decir que está en esa misma dimensión que ustedes han planteado, lo que hemos imaginado de la Comisión, lo que le hemos pedido a la Comisión y el trabajo que la Comisión está haciendo, de la cual Joseph seguramente va a hablar.

Y como ustedes muy bien saben, este organismo de carácter permanente, que surge a partir de uno de los puntos de la Agenda de Productividad del Gobierno, ya presentó propuestas estructurales y medidas muy concretas para rescatar el trabajo ya realizado en el pasado. Pero no hablaré más, porque Joseph tendrá su tiempo.

Recibimos también propuestas de distintas instancias: desde la Cámara Portuaria; la semana pasada recibimos las propuestas de la CPC; el viernes pasado recibí las propuestas de  ASOEX, y estamos esperando los aportes futuros de la CUT, ASEXMA y gremios PYMES, que nos han manifestado su interés de hacernos llegar sus planteamientos.

Y adicionalmente, en un trabajo conjunto, el Ministerio de Economía con SOFOFA están desplegando un ciclo de seminarios de productividad a nivel regional, que partió en Punta Arenas y que en los próximos días estará en Aysén y en Concepción, para luego desplazarse durante el año a otras ciudades a lo largo de Chile.

Yo creo que eso es muy importante, porque más allá que yo sé que en la CPC hubo más de 100 personas trabajando todos estos contenidos, siempre es bueno no mirarlo solamente desde una óptica nacional, sino también del conjunto del país y con sus propias particularidades y especificidades.

Y si uno pudiera decir, una pequeña síntesis de lo que hemos podido ver en las distintas propuestas que hemos recibido –pequeña síntesis, naturalmente-, la gran conclusión, al comparar esta batería de propuestas y debates, es que existen muchísimos puntos de acuerdo inmediato.

De este modo, ya contamos –voy a mencionar sólo algunos-, con una base compartida en:

  • Fortalecer la gestión del Estado a partir de la digitalización y simplificación de trámites para facilitar el emprendimiento y el desarrollo de inversiones;

 

  • Fomentar la innovación empresarial y el vínculo entre nuestras universidades y los desafíos productivos de las empresas;

 

  • También ha surgido con mucha fuerza  difundir y masificar el acceso a herramientas digitales, nuevas tecnologías y procesos innovadores, tanto a nivel de ciudadanos como de PYMES;

 

  • Estrechar los vínculos entre la definición de perfiles y oferta  de programas de formación de capital humano, con las necesidades productivas del país;

 

  • Impulsar el acceso al mercado laboral por parte de mujeres y jóvenes, por mencionar sólo algunos.

Y la verdad es que me alegra constatar que como país estamos dando un paso muy significativo, no sólo por la calidad de las propuestas, sino, sobre todo, si me permiten, por el espíritu que las anima.

Porque más allá de las naturales diferencias entre quienes representan sectores productivos o intereses distintos, yo creo que lo que prima hoy día es una mirada común de largo plazo y el convencimiento de que ha llegado la hora de actuar.

Y esto debe ser ahora el sello de nuestra convergencia, ya no para los diagnósticos y análisis –que son siempre necesarios, por supuesto-, sino la acción, los espacios y el diálogo permanente para conducirla, evaluarla y adecuarla a las circunstancias cambiantes.

Y el sello de esta época también debe ser la confianza recíproca, porque ésta va a ser una tarea de largo plazo que no puede hacer ninguno de nosotros por sí solo.

Afortunadamente no partimos de cero. Apenas dos meses de haber  iniciado nuestro mandato presidencial, pusimos en marcha la Agenda de Productividad, Innovación y Crecimiento, que contempla 47 medidas, 10 proyectos de ley y 37 iniciativas administrativas, con una inversión de US$ 1.500 millones entre 2014 y 2018.

Y a la fecha, lo que me ha informado el Ministerio de Economía es que el 77% de las medidas propuestas han sido cumplidas o están en desarrollo, lo que significa que sus acciones se encuentran en pleno despliegue y están llegando a los beneficiarios.

Un eje central de esta Agenda –que va, por eso insisto, mucho más allá de las 22 medidas que sin duda son esenciales- son lo que hemos denominado los Programas Estratégicos de Especialización Inteligente liderados por Corfo.

Mediante una sólida articulación público-privada, estos programas identifican las principales brechas productivas en un sector o industria y concuerdan una hoja de ruta con acciones concretas para impulsar la competitividad de su sector. Seis de estos programas ya se encuentran con sus hojas de ruta aprobadas y en pleno proceso de ejecución de acciones. Es el caso de los programas de minería, energía solar, construcción sustentable, turismo, alimentos sustentables e industrias inteligentes. Y muy pronto vendrán las hojas de ruta de los programas de acuicultura y logística.  En realidad son 19, pero hemos priorizado un número para no aburrirlos con tanto detalle.

Estos programas son un salto adelante en las maneras de abordar nuestros déficits y potencialidades económicas, incorporando en su diseño la complejidad, la intersectorialidad, la especialización productiva y la complementariedad entre Estado y mercado.

Así, por ejemplo, en la Cena de Cesco -hace un par de semanas- dimos a conocer el Programa de Minería de Alta Ley, que tiene una hoja de ruta clara: cuenta con un plan de acciones y recursos, que nuestra meta es contar al año 2035 con 250 empresas proveedoras de clase mundial y exportaciones de bienes y servicios vinculados a la minería por más de US$ 4 mil millones. Y sólo para mencionar algunos ejemplos, las áreas de trabajo en este programa incluyen el desarrollo de maquinaria para minería subterránea a gran escala, mejorar la competitividad de fundiciones y refinerías, desarrollar tecnologías para el mejor manejo de relaves, potenciar el desarrollo de proveedores a partir de la innovación abierta, mejorar los estándares de participación ciudadana y mediciones de variables ambientales y fortalecer el capital humano.

Varias de estas acciones ya están en proceso de implementación. Hace algunas semanas -como yo dije y conté en esa cena- el Fondo de Inversión Estratégica que administra el Ministerio de Economía aprobó el co-financiamiento de una cartera de proyectos que justamente nace de esta hoja de ruta y que en su conjunto suman cerca de 30 mil millones de pesos.

Pero también, como ustedes bien saben, hemos impulsado una decidida y muy necesaria Agenda de Energía, que ya ha introducido mayor competencia en el sistema, bajando los precios, aumentando significativamente la inversión, ampliando la diversidad, estabilidad e interconexión del sistema.

Y estamos movilizando la mayor inversión de décadas en el sector. Y con ello, la energía -que cuando yo inicié como candidata y empecé a plantearme cuáles eran los desafíos de la economía, conversando con distintos sectores, siempre salía lo caro de la energía y todas las dificultades de la energía como uno de los mayores obstáculos a nuestra competitividad y creo que habiendo sido uno de los mayores obstáculos- hoy avanza a convertirse en una ventaja comparativa de nuestro país.

Y estamos avanzando con medidas sólidas y concretas.

Pero no bastan por sí solas, porque hay una lección que debe guiarnos: la mejora en la productividad y competitividad, el buen funcionamiento de los mercados y la cooperación entre trabajadores y empresas, requiere de un entorno social que lo favorezca.

¿Por qué?

Porque no estamos hablando sólo de un problema técnico, hablamos de la creación de un horizonte compartido, un modo de enfrentar los desafíos, una cultura de la colaboración y el trabajo bien hecho.

La productividad moderna no se juega sólo en aumentar el rendimiento del trabajo, sino en la eficiencia y en la innovación del uso de todos los factores productivos, trabajo, capital, energía, recursos naturales, conocimiento, así como en la fortaleza de los entornos sociales e institucionales.

Me parece que el aprendizaje fundamental es que economía, sociedad, política, mercado y Estado, se requieren mutuamente. Y el hecho que muchas veces estas dimensiones entran en tensión, ha sido, tal vez, en nuestro país, uno de los principales obstáculos para concretar grandes acuerdos para la transformación productiva que requerimos.

No va a ser posible avanzar como país sin hacerse cargo de que esas tensiones existen, pero a la vez tenemos que hacer esfuerzos para tener una mayor cohesión nacional.

Y el sentido de nuestras transformaciones ha sido precisamente ese: fortalecer el entorno social, para que florezcan las capacidades individuales y de la sociedad, para crear cooperativamente más riqueza para todos.

En concreto, esto significa mejor capital humano a través de la educación; más equidad y equilibrio en las relaciones sociales; un financiamiento público responsable; mejor representatividad y gobernabilidad de las instituciones políticas; formas modernas de procesar nuestras divergencias; más transparencia y probidad para fundamentar la confianza colectiva; más cultura cívica y conciencia de derechos y responsabilidades.

Una parte importante de esto comprometido lo hemos cumplido, y en ese sentido es que hemos hablado de haber cumplido la obra gruesa, en el sentido de haber puesto bases duraderas del entorno que van a dar, a nuestro juicio, eficacia y legitimidad a las iniciativas de desarrollo que estamos emprendiendo.

¿Faltan cosas por hacer?

Sin duda, y trabajaremos para que todo lo que se requiera hacer, se haga. Pero debemos poner ahora el énfasis en que lo avanzado se consolide, en que se traduzca en frutos concretos para la ciudadanía y en que las nuevas bases institucionales generen los efectos deseados en las iniciativas de desarrollo.

Y yo creo que no es tiempo de sospechas, es tiempo para el encuentro entre los compatriotas. Quienes siembran desconfianza no sólo le niegan a Chile lo que hoy más necesita, sino que cosecharán más desconfianza aún.

Amigas y amigos:

Cuando hace unos días se me hizo entrega de las propuestas para mejorar la productividad en Chile, por parte de la CPC y cuando llegaron también las otras propuestas, por un lado acordamos de inmediato –yo estaba acompañada ahí de varios ministros del Comité Económico-, le instruí de inmediato al Comité de Ministros del Área Económica que justamente se sentaran con los distintos actores y se trabajaran las propuestas, y que en todas aquellas iniciativas en que tenemos acuerdo se implementen, y en toda la parte en que el Gobierno tiene que jugar un rol, evaluar aquellas que sólo están delineadas, pero que tienen que trabajarse un poco más; y, por cierto, comprometer todo nuestro apoyo también a aquellas que dependen principalmente de los privados.

Porque detrás de esta decisión hay una profunda convicción: esto lo hacemos entre todos, con trabajo conjunto, o no lo hacemos. O más bien, no lo vamos a lograr.

Y eso supone coherencia y una mirada integral. Porque, mire, uno puede siempre tener un maravilloso conjunto de medidas, pero la verdad es que las medidas aisladas, por muchas que sean, no van a tener el efecto buscado y pueden, por el contrario, incluso, obstaculizarse entre sí.

Y por eso es que es tan importante lograr trabajar en conjunto y armar ese paquete que de verdad nos sirva para dar ese salto que queremos dar.

Estoy consciente del rol de un Estado moderno en la promoción del crecimiento y en la creación de los espacios de diálogo que hacen posible la transformación productiva que demanda nuestro tiempo. Sé también que eso implica cooperación y no dirigismo, conciencia de lo posible y no voluntarismo.

Y sabiendo que el único norte de mi Gobierno es aumentar el bienestar de los hombres y mujeres de mi Patria, convocaré siempre a los empresarios y a los trabajadores como aliados en esta tarea.

Y asumo con mucho entusiasmo el rol de mi Gobierno de conducir esta convergencia estratégica en torno a los objetivos de nuestro desarrollo.

Por eso es que próximamente daremos a conocer la programación precisa de cómo se van a implementar las medidas de consenso que han sido propuestas en las últimas semanas. En primer lugar, aquellas de orden administrativo las iniciaremos de inmediato, sujetas sólo a algún ajuste reglamentario o de definición de política; en segundo lugar, las que requieren cambio legal, tendrán un plazo muy acotado para redactar el correspondiente proyecto, y estoy segura que tendremos la mayor colaboración del Congreso Nacional para sacarlas adelante a la mayor brevedad posible.

Y en aquellas donde el protagonista es el sector privado, como Gobierno haremos todo lo que esté en nuestras manos para remover los obstáculos que dificulten su implementación.

Soy una convencida que hoy día tenemos una oportunidad histórica para avanzar en un gran Acuerdo Nacional para un desarrollo basado en una productividad inteligente, sustentable e inclusiva. Todos hemos contribuido para llegar aquí, todos debemos llevarlo a cabo, Gobierno, empresa y trabajadores.

Yo quiero terminar diciendo: es posible, hagámoslo juntos.

Muchas gracias.

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