Ha fallecido Patricio Aylwin, el primer Presidente de la transición

aylwin

El ex Presidente de la República Patricio Aylwin Azócar falleció este martes 19 abril en su residencia, a los 97 años de edad.

El deceso del también ex senador y figura clave de la transición a la democracia ha causado hondo impacto en el mundo político, pues son varias las generaciones de demócrata cristianos, concertacionistas e incluso centro derechistas que compartieron diversos períodos con el jurista.

A Aylwin le sobrevive su viuda, Leonor Oyarzún Ivanovic, con quien estuvo casado 68 años. Con la ex Primera Dama, Patricio Aylwin vivió desde 1956 –incluido su período como Presidente- en la misma residencia de calle Amapolas, en Providencia.

Con Leonor Oyarzún, ex varias veces timonel de la DC tuvo 5 hijos: Isabel, Miguel, José Antonio, Juan Francisco y Mariana.

Patricio Aylwin Azócar 1918 – 2016

Patricio Aylwin Azócar es, sin discusión, el político que mejor encarna la transición a la democracia en Chile, tanto por encabezar la coalición que derrotó en las urnas a la dictadura como por ser el Presidente de la República que -con los militares aún amenazantes- desveló ante el país y el mundo la responsabilidad del Estado en las violación sistemática de los derechos humanos tras el golpe de 1973.

Hijo de Miguel Aylwin Gajardo y Laura Azócar Alvarez, Patricio nació en Viña del Mar el 26 de noviembre de 1918 y estudió en varios colegios, entre ellos el Liceo Valentín Letelier y el Internado Nacional Barros Arana.

Ingresó a la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile y se tituló en 1944, siendo académico de su propia casa de estudios y de la Universidad Católica. También realizó clases de Educación Cívica en el Instituto Nacional.

En 1948 se casó con Leonor Oyarzún Ivanovic, siendo padres de cinco hijos: Isabel, Miguel, José Antonio, Juan Francisco y Mariana.

En política, comenzó a militar en la Falange Nacional el año 1945, grupo disidente del Partido Conservador en el que compartió con destacados hombres, como Eduardo Frei Montalva, Bernardo Leighton y Radomiro Tomic; y del que fue presidente entre 1950 y 1951.

El 28 de julio de 1957, Aylwin participó en un evento que marca la historia política contemporánea de Chile: La fundación del Partido Demócrata Cristiano, formado por la Falange Nacional y otras facciones de principios socialcristianos.

La agrupación quería ser una alternativa de centro, que se preocupara por las necesidades sociales, pero no bajo los códigos del frentepopulismo de izquierda. En 1958 fue el mismo Aylwin quien asumió la presidencia del nuevo partido.

El PDC tuvo un rápido crecimiento y tras ser terceros en la presidencial de 1958, en 1964 Eduardo Frei Montalva llega a La Moneda. Con menos de 10 años de historia, el partido logra ganar la Primera Magistratura, con un programa de reformas bautizado como la “Revolución en Libertad”.

Con Frei Montalva en la Presidencia, Aylwin fue electo en 1965 senador por las provincias de Curicó, Talca, Maule y Linares, siendo reelecto en los comicios de 1973.

Golpe militar, dictadura y regreso a la democracia

En 1970, en medio de una fuerte tensión política y social, el Congreso Nacional debió dirimir la elección presidencial, al no obtener ningún candidato la mayoría de los votos.

El Parlamento ratificó al candidato más votado, el socialista Salvador Allende, pero antes la Unidad Popular (UP) debió firmar el Estatuto de Garantías Constitucionales, en que se comprometía a respetar mantener la libertad de prensa, la autonomía universitaria y la profesionalización de las Fuerzas Armadas, entre otras materias, que para muchos sectores del bloque impedían avanzar en la llamada “vía chilena al socialismo”.

Aylwin, como presidente de la DC, respaldó el acuerdo político, confiando en que primarían los sectores moderados dentro de la UP, pero al poco tiempo los democratacristianos se ubicaron en la oposición frontal a Allende, a medida que el gobierno avanzaba en reformas que se alejaban de los compromisos del estatuto.

Al momento del golpe de Estado de septiembre de 1973, Aylwin aun presidía la DC, que internamente también vivía la polarización del país, habiendo militantes partidarios de buscar una salida institucional a la crisis y otros que la descartaban, previendo un quiebre.

El propio Aylwin buscó una última salida, en conversaciones y diálogos sostenidos con el Presidente Salvador Allende y la mediación del cardenal Silva Henríquez. Sin embargo, todo fracasó y el derrocamiento de la UP fue el clímax de la fractura del país.

La DC reaccionó considerando inevitable el golpe, por la actitud que adoptó la Unidad Popular, y apostó porque las FF.AA. devolverían en el corto plazo el poder a autoridades democráticamente electas.

Sin embargo, los temores de algunos militantes a horas del golpe se extendieron en la DC, al constatar la violencia del régimen militar y que no había intención de convocar a elecciones, pues los uniformados no hablaban de plazos.

Ya a fines de la década de 1970 la DC completa estaba en la oposición a la dictadura, oposición al margen de la ley, pues la junta militar había proscrito cualquier actividad política.

En 1983, Patricio Aylwin y otros dirigentes, como Hugo Zepeda, Luis Bossay, Enrique Silva Cimma, Gabriel Valdés o Hernán Vodanovic, forman la Alianza Demócratica, el primer esfuerzo conjunto de establecer un referente opositor, en demanda de una transición a la democracia en el más corto posible.

El incremento de las protestas contra la dictadura y la represión masiva marcaron los años siguientes, consolidando a la Alianza Democrática, que luego se transformó en la Concertación de Partidos por la Democracia, bloque del que Aylwin fue vocero y uno de sus principales rostros durante la campaña electoral para el plebiscito del 5 de octubre de 1988.

En las urnas, las fuerzas democráticas lograron un triunfo, al ganar por mayoría absoluta el “No” a Pinochet, que tras 17 años buscaba extender su gobierno por otros 8. Así, al año siguiente se realizarían elecciones libres, en las que Aylwin fue el candidato de la Concertación.

El líder de la DC derrotó por mayoría absoluta a la carta del pinochetismo, el ex ministro Hernán Büchi, en una campaña que -tal como la del “Sí” en 1988- buscaba atemorizar a la población, augurando el regreso de la violencia política si no se apoyaba a la dictadura y sus partidarios.

Finalmente, sin herramientas legales para perpetuarse en el poder y con temores de un autogolpe, la dictadura terminó por reconocer su nueva derrota y el 11 de marzo de 1990 Patricio Aylwin asume la Presidencia de la República, en el salón de honor del nuevo Congreso, en Valparaíso.

Su gobierno: Símbolo de la transición

Con la amenaza latente de Pinochet, quien siguió instalado en la comandancia del Ejército, y un cerrojo en el Parlamento, merced a 8 senadores designados por la dictadura y dispuestos a defender a rajatabla la institucionalidad militar, Patricio Aylwin marcó a fuego la transición chilena con su compromiso con la verdad, la reparación y la justicia.

Aunque muchos criticaron su frase de buscar justicia “en la medida de lo posible”, apenas semanas después de asumir, Aylwin formó la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, liderada por el jurista Raúl Rettig; que en casi un año de trabajo constató que 2.279 personas fueron asesinadas o desaparecidas por agentes del Estado, constituyendo violaciones a los derechos humanos.

El 4 de marzo de 1991 y en cadena nacional, Aylwin pidió perdón a los familiares de las víctimas y llamó a victimarios y partidarios de la dictadura a reconocer los hechos y tener gestos para aminorar el dolor de los deudos.

Pero siguiendo con la lógica de negar todo, desde la Corte Suprema hasta el propio Pinochet restaron validez histórica y/o jurídica al informe: Los culpables no asumían sus delitos.

El Presidente Aylwin prosiguió su política sobre derechos humanos y creó la Corporación de Reparación y Reconciliación, que prosiguió la tarea de la Comisión Rettig, recalificando hechos que su predecesora no pudo constatar, sumándose 899 casos.

En total, durante el gobierno de la transición el Estado de Chile certificó que 3.195 personas fueron víctimas de crímenes de lesa humanidad, cometidos por agentes estatales. No obstante, la ley de Amnistía que en 1978 dictó la propia dictadura impidió avanzar en justicia.
En el área económica, la administración de la Concertación apuntó a mejorar la regulación del Estado en las áreas liberalizadas durante los años 80, poniendo énfasis en la lucha contra la extrema pobreza, que incluía a una parte no menor de la población.

En esta línea, se potenciaron políticas de vivienda, salud y educación, áreas que el régimen dictatorial había dejado en el olvido, reduciendo presupuestos y privilegiando la gestión privada, sin exigir que las prestaciones alcanzaran a los más necesitados.

Además, el gobierno de Aylwin estuvo marcado por el regreso de Chile a los organismos internacionales, reinsertando al país en un circuito de cooperación que estuvo vedado en los 17 años anteriores.

La administración Aylwin terminó el 11 de marzo de 1994, cuando el abogado entregó la banda presidencial al también DC y candidato concertacionista Eduardo Frei Ruiz-Tagle, que también derrotó por mayoría absoluta a la derecha.

La vida después de La Moneda

Luego de su mandato, Patricio Aylwin fue encargado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Comisión Económica de Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el programa de Naciones Unidas para el Desarrollo para presidir la Comisión Latinoamericana y el Caribe sobre Desarrollo Social.

El ex Presidente también permaneció presente en el escenario político a través de su fundación, la Corporación Justicia y Democracia, dedicada a realizar programas de formación para la juventud e investigar las problemáticas del desarrollo en los países.

En julio de 2001 el Consejo Nacional de la Democracia Cristiana lo nombró presidente temporal en medio de una crisis del partido, cargo en el que fue relevado en 2002 por Adolfo Zaldívar. En esa ocasión Aylwin anunció su retiro de la vida política activa.

Como figura permanente de la DC, siguió siendo parte de los principales debates y cónclaves del partido; pero también del abanico de partidos de la Concertación, que lo ubicó como quizás su más destacado prohombre, por el rol histórico que cumplió y por la mesura y ánimo de diálogo que impuso a los difíciles 4 años de transición que le tocó encabezar.

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