Dermatitis irritativa

Los dermatólogos están de moda.

La proximidad de las elecciones municipales -estamos a solo 6 meses de los comicios- comienza a producir efectos en la “situación de salud política” de candidatos, precandidatos, adherentes y seguidores.   En términos médicos, podríamos diagnosticar que comienzan a manifestarse serios cuadros de epidermis delicada y sensible, una especie de “dermatitis irritativa” de claro carácter político y comunicacional.

La irritación de la piel comienza a ser cada vez más frecuente.

Cada fotografía en la prensa, cada segundo alcanzado en las pantallas de la televisión, cada frase o palabra dicha en alguna radioemisora, cada gesto público, cada silencio, cada comentario por breve que sea en algún medio de comunicación es ahora escrutado con lupas de gran aumento, a fin de detectar “lo que dijo”, además de “lo que quiso decir” e incluso “lo que no dijo, pero que quería decir”, y esos indescifrables “entre líneas”.

Los candidatos y sus “equipos de campaña”, al revés de lo que sucede en tiempos normales, corren detrás de camarógrafos y fotógrafos a fin de salir en primer plano o de alcanzar una cuña en el informativo de las 21 horas.

Epidermis fina, sensible, altamente vulnerable a los movimientos, desplazamientos, gestos, palabras y frases de cada uno de los candidatos.  Todos se vigilan mutuamente y sus “entornos” especulan día, tarde y noche por celular, por correos y por Whatsapp tratando de interpretar y escrutar cada gesto de sus contrincantes.

En estas condiciones de la salud pública de los políticos, desaparece naturalmente el sentido común, la amistad cívica se vuelve una frase y aparecen las dobles y triples intenciones y, por cierto, las interpretaciones de las intenciones.   Todos sabemos que la desesperación es una muy, pero muy mala consejera y que el nerviosismo de los que calculan o estiman que van a ganar, solo se equipara con el nerviosismo de los que sienten que van a perder.

Con la dermatitis irritativa declarada, cada uno saca la calculadora y cuenta votos, como quién cuenta ovejas al final de la noche.

Hay que advertir que para estas irritaciones a la piel de los aspirantes en las elecciones, no hay vaselina que sirva de remedio, no hay crema reconfortante que alivie la molestia, salvo recurrir al modesto pero implacable sentido común, un remedio casero archi-probado que ya no se encuentra en las farmacias, ni siquiera en las farmacias populares.

Manuel Luis Rodríguez U.

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