El contrasentido del discurso contra los partidos políticos

Distintos grupos y sectores políticos, tanto desde la extrema izquierda como de la derecha o de los “independientes”, se han alimentado en los años y elecciones recientes del repetido discurso contra los partidos políticos, como si los partidos políticos fueran supuestamente la causa de los males que afectan a la política.

Han escupido al aire durante años contra los partidos políticos, contra los militantes de los partidos políticos, y ahora se enfrentan al duro desafío de tener que organizar sus propios partidos políticos, y entonces les llueven sus propias diatribas.

Uno de los efectos perversos de este discurso antipolítico -aunque no el único- es la desafección y el desinterés de los ciudadanos por la actividad partidaria y la militancia política.   Por cierto que la causa principal de este desinterés y la pérdida de legitimidad es la visible corrupción que afecta a numerosos militantes y dirigentes de varios partidos políticos.

Pero tanto hablaron contra los partidos, que ahora, a la hora de inscribir sus nuevos grupos como partidos políticos, se encuentran con el hecho que no son capaces de reunir 30 o 40 ciudadanos dispuestos a firmar sus registros.   En Magallanes, uno de esos grupos ni siquiera pudo reunir 50 ciudadanos para conseguir constituirse como partido político legal.   Cabe preguntarse si esos 50 ciudadanos serán capaces de ir a votar en las municipales de octubre próximo, ya que les han vendido la pomada anarquista y autonomista de la abstención electoral.

Los que echan a correr el fantasma de la desconfianza y de la abstención, no pueden quejarse después que esos fantasmas asusten a sus propios electores y seguidores.

Cabe destacar que formar un partido político, constituir y echar a andar un partido, es una tarea de organización que dura años y que requiere de suficiente perseverancia y un arduo trabajo militante en terreno.

Hay en Chile como en Magallanes, partidos políticos que tienen 40, 50 y hasta más de 100 años de existencia, que han atravesado en el tiempo dictaduras represivas y democracias de todo tipo, que han logrado elegir concejales (regidores), alcaldes, diputados y senadores, que han conseguido elegir dirigentes sociales, gremiales, estudiantiles, juveniles y sindicales y eso no se consigue fácilmente con un click en un computador o un mensaje de twitter o de facebook en las redes sociales, sino a través de una organización sustentable de personas que recorren barrios, casas, comunidades y organizaciones.

Los partidos políticos en Magallanes no disputan ni ganan elecciones trayendo unos cuantos asesores desde Santiago, sino trabajando en la “base social” los 365 días del año y durante años, formando líderes, preparando programas, reuniendo recursos y organizando campañas donde las ganas y la voluntad de militantes, familiares y simpatizantes, siempre son más que los escasos recursos que llegan a cuentagotas desde la capital.

Se equivocan los que hablan fácil y livianamente contra los partidos políticos y llaman a desconfiar de los políticos, y después chocan con la propia indiferencia que crearon.

Los partidos políticos pueden renovarse desde su propia realidad histórica y organizacional y esa es una tarea pendiente de nuestra democracia, pero bienvenidos también los nuevos partidos, porque traen ideas nuevas, proyectos nuevos, programas innovadores y no se quedan en el liviano recurso de disparar a la bandada.

Manuel Luis Rodríguez U.

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