Editorial: Los valores de la humanidad en un momento crítico

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Las religiones están en crisis, el mundo político está en crisis, el planeta está en una crisis ambiental y de cambio climático, las creencias entraron en crisis.

La humanidad está en medio de una crisis de identidad.

Los ídolos y los liderazgos antes adulados, escuchados, reconocidos y exaltados, parecen haber perdido el sentido y el atractivo anterior.

Las sociedades viven hoy una profunda crisis de legitimidad de las instituciones, los gobiernos, los partidos, los tribunales, los parlamentos, las religiones.   La crisis existencial de la época presente no es solo generacional, porque ser joven no garantiza ideas innovadoras y ser viejo no asegura maneras de pensar conservadoras.

¿Qué nos queda?

Nos quedan los valores.  Los valores humanos esenciales.  Aquellos principios que nos unen y nos otorgan sentido de pertenencia a la nación a la que pertenecemos, al planeta en que vivimos y a la humanidad de la que formamos parte.

El valor insuperable e imprescindible de la solidaridad.

El valor de la dignidad del ser humano.

El valor de la justicia.

El valor de la tolerancia y el respeto al que piensa diferente.

El valor  superior del respeto al medio ambiente y a la naturaleza de la que somos parte.

El valor supremo de la honradez, de la probidad en los asuntos públicos.

El valor intransable de la libertad como principio fundacional de la condición humana y en los tiempos modernos.

El valor de la lealtad como fundamento ético de la convivencia.

No todo se ha perdido.

Si reconocemos como comunes y compartidos algunos de estos valores éticos, por encima y más allá de ideologías, tendencias y creencias, como explicación superior de la humanidad que somos, entonces podemos forjar un futuro mejor. La humanidad se origina y se debe a la humanidad misma.  No depende de los demás, depende de quienes nos reconocemos mutuamente como parte de una misma especie.

En un mundo que tiende a mostrarse un teatro oscuro y gris de guerras, crímenes y asesinatos, de injusticias, delitos, atropellos y extremos, a los humanos nos quedan los valores.

Por eso somos humanos, todos.

 

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