La razón de la sinrazón

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Si tuviéramos un criterio racional para tratar de comprender  el terrorismo (en sus múltiples formas) deberíamos decir que está basado en el propósito de matar y destruir con el objeto de intimidar, de producir temor en las personas y en las multitudes, un miedo paralizante y aturdidor.

La racionalidad del terrorista y de su grupo es la de destruir y matar -no importa indiscriminadamente- con el fin de ocasionar miedos colectivos.

Los numerosos atentados terroristas que observamos estupefactos en Europa, el Medio Oriente u otras regiones del mundo, son un llamado de atención dramático de los efectos humanos y materiales de la invasión y la expoliación de que han sido objeto las naciones árabes desde hace más de un siglo, producto de la riqueza petrolera.   Puede decirse que Occidente -y especialmente sus potencias mayores- está involucrado, especialmente desde el fin de la guerra fría, en una guerra global con el mundo árabe, con las fuerzas militarizadas y entrenadas del wahabismo, la vertiente más ortodoxa y ultra conservadora del islamismo, alimentada con los  abundantes petrodólares que produce y distribuyen las redes terroristas implantadas desde  Arabia Saudita.

Primero fue AlQaeda y ahora es ISIS, ambas fuerzas espúreas que alimentadas por el fanatismo religioso e ideológico, con acentos culturales francamente medievales, se alzan con el derecho a matar indiscriminadamente.   ¿Quién puede dudar que estos engendros extremistas religiosos y militares se formaron bajo el auspicio de algunas potencias occidentales y de naciones árabes que reciben el abundante favor de las inversiones petroleras occidentales?

Petróleo manchado con sangre.

Religiones salpicadas con víctimas humanas inocentes.

Los fanatismos conducen a la muerte.

El terrorismo es uno de los cánceres más perjudiciales del mundo del siglo XXI, junto al hambre, la depredación ambiental y la injusticia que afecta a todo el planeta.

Nosotros en Chile, lamentablemente ya conocimos el terrorismo en toda su cruda brutalidad, como para quedar indiferentes con los actos terroristas que hoy azotan a Europa: ¿o acaso olvidamos esas bombas colocadas porlos  agentes de la CNI en basureros en las calles de Santiago durante la dictadura, o el atentado terrorista perpetrado por militares para quemar vivos a dos jóvenes manifestantes en la capital?   ¿No fueron terroristas acaso los que desaparecieron a más de 1.000 de nuestros compatriotas, abriéndoles el vientre con corvos y lanzándolos al mar?

En Chile también comprobamos que el terrorismo de Estado es tan indigno, condenable y destructivo, como el terrorismo de bandas armadas inspiradas en una ideología religiosa extremista o en alguna interpretación anarquista del izquierdismo.

Por eso rechazamos el terrorismo, como acto político y como forma de reivindicación, porque pone en tela de juicio el sentido profundo de la humanidad y el respeto al valor y la dignidad de la vida humana.

Manuel Luis Rodríguez U.

 

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