Guillermo Teillier: “Hay condiciones para que la Nueva Mayoría siga adelante”

Guillermo Teillier: “Hay condiciones para que la Nueva Mayoría siga adelante”

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¿Consolidar para avanzar? El primer año del PC en el gobierno | País | La Tercera Edición Impresa

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Las ondas expansivas del sismo Penta

Asistimos a un sismo, algo tan común y frecuente en la geografía chilena.

Pero, este es un sismo de otro tipo.

Es el sismo económico, político y judicial del llamado caso Penta, un holding financiero que aparece actuando como caja pagadora de las campañas de un sector de la derecha.   Por más que los dirigentes de la derecha tratan desesperadamente de empatar el escándalo multimillonario del caso Penta, con cualquier resquicio o incidente con que puedan salpicar a los demás actores de la política, el centro de la discusión y de la agenda de prensa se ubica en las sucesivas aristas de la investigación judicial, con una ramificación cada vez mayor de involucrados.

Demás está decir que el caso  Penta, que toca a un grupo financiero, no ha removido ni un milímetro las ganancias o el curso de las operaciones de la Bolsa de Comercio de Santiago.   Para los financistas, inversores y brokers de la Bolsa, literalmente el caso Penta no existe.

Pero en cambio la derecha política chilena, dividida entre piñeristas y no-piñeristas, liberales y conservadores, segmentada en dos partidos y dos movimientos carentes de definición ideológica precisa, derrotada en las últimas elecciones tanto en la presidencial, como en la parlamentaria y de consejeros regionales, se encuentra en el punto más bajo de su popularidad ciudadana según las recientes encuestas.

El problema de la derecha es a la vez, una crisis ideológica y política, una crisis de proyecto y una crisis de proyección: una derecha que aparentemente se diferencia entre sectores conservadores y liberales, pero que en realidad, al final del día y en los temas centrales del debate público, termina cantando en coro la canción de la ideología neoliberal del siglo pasado, una lógica conservadora e integrista y que continúa anclada en la época de la guerra fría.   Aquí, todos se dieron cuenta que el mundo ha cambiado, que la sociedad chilena ha cambiado, pero la autodenominada “coalición por el cambio” ha resultado incapaz de cambiar.

Raya para la suma: una derecha que se quedó en el siglo XX, e incluso en ciertos temas cruciales, permanece anclada en el siglo XIX.

He ahí un “tema valórico” para el debate ideológico de los partidos de la derecha: el enorme perjuicio que le han ocasionado la dictadura pinochetista y su ideología  neoliberal ultraderechista, y cuya herencia han sido incapaces de superar.

Es en este contexto donde se sitúa el sismo Penta, un terremoto grado 7 en la escala de la credibilidad de la UDI.   El efecto sísmico desvastador del terremoto Penta,  consiste en que ha desnudado ante el público la verdadera relación existente entre los poderes fácticos económico-financieros y una parte de la clase política.  Lo que estaba oculto ha sido develado.

Pero, hay que decirlo de inmediato, el sismo Penta no remece solamente a la derecha, sino que resiente a todo el edificio de la credibilidad de las instituciones políticas.  Las ondas expansivas del sismo Penta repercuten sobre todos los partidos políticos, y afectan a la credibilidad y legitimidad de todo el sistema político, desde que el ciudadano “de a pié” generaliza en “los políticos” y los partidos políticos todos los males de la Política.

Este es el escenario en que se encontrará el sistema político chileno al momento que se abra la discusión acerca de una futura nueva Constitución.

¿No son acaso las crisis una oportunidad?

La crisis del terremoto Penta (siguiendo la metáfora favorita de los neoliberales) es entonces una oportunidad, una excelente oportunidad para emprender una limpieza general en el edificio institucional chileno, y proceder a un cambio de Constitución que vuelva a otorgar credibilidad cívica, consistencia democrática y legitimidad de origen al texto constitucional y a las instituciones.

A la hora de poner en discusión los términos de referencia de la futura institucionalidad del país, la nueva Constitución deberá definir el rol del Estado, la relación entre los partidos políticos y el sistema institucional y también necesariamente el modo de relación entre la Política y el dinero.  Este Estado neoliberal y subsidiario (otra de las herencias del período dictatorial), que deja al mercado el libre arbitrio de las relaciones económicas, también deja abierta la puerta para que el “mercado de la política” funcione tal como funcionan todos los mercados: desigual,  desregulado y asimétrico.

Luego, la crisis del caso Penta es una lección a aprender para todos los actores del sistema político, y una oportunidad para emprender los cambios políticos estructurales necesarios para modernizar el Estado y legitimar el orden político con y desde la ciudadanía.

Manuel Luis Rodríguez U.