La política exterior de las cuerdas trenzadas

La crítica a la política exterior de las llamadas ¨cuerdas separadas¨, ha surgido desde la percepción que hacer correr las distintas dimensiones de la diplomacia de un país por ¨carriles distintos¨ y casi excluyentes, conduce a callejones sin salida y a embotellamientos conceptuales.

Nos parece relevante subrayar que las definiciones de política exterior y las orientaciones de la diplomacia de un Estado, no son solamente objeto privilegiado de la gestión del Poder Ejecutivo y del Presidente de la República.  En un mundo interdependiente y globalizado, las relaciones exteriores no son un tema exclusivo ni excluyente del debate público, sometido a una suerte de veto elitista o de secretismo institucional, ya que las decisiones de política exterior afectan a todo el país, involucran a todos los ciudadanos y ponen en tensión la vida social, política y económica de una nación completa.

En una democracia sana y madura, las relaciones exteriores son un tópico permanente e ineludible del debate público y no es aceptable limitar la esfera del espacio público a algunos expertos y círculos limitados.

Para entender la diferencia entre lo que se denomina ¨política de las cuerdas separadas¨y lo que aquí denomino la ¨política de las cuerdas trenzadas¨, asumiendo que se trata de metáforas para referirse a la orientación general de la política exterior de un país, debemos comprender que las relaciones entre dos Estados o entre todos los Estados en un orden mundial abierto, incierto y multipolar como el actual, ocurren simultándeamente en distintos planos y dimensiones, se manifiestan a través de la presencia de distintos actores diplomáticos y que toda la diversidad de decisiones y prácticas internacionales suceden a velocidades e intensidades diferentes.

El mundo y la diplomacia se han vuelto multipolares, diversos, complejos e impredecibles y por tanto, para intervenir en el juego internacional hay que asumir, como primer dato, la interdependencia de todos los actores y factores que intervienen en la escena internacional.   Hoy en día ¨hacen diplomacia¨ los gobiernos centrales (o sea las Cancillerías), pero además, los gobiernos regionales, los gobiernos comunales, las empresas y corporaciones, los Parlamentos y Congresos, los partidos políticos, las organizaciones sociales, ciudadanas y territoriales y las ONG, produciendo en la práctica una singular cacofonía de voces, de estrategias, de agendas y de intereses que se entremezclan y son interdependientes.

En el escenario mundial de hoy, caracterizado por una intensa y compleja rivalidad hegemónica, donde se pone de manifiesto -por una parte- la crisis de la hegemonía occidental y la declinación del poder de la anterior única potencia global estadounidense y -por otra parte-  la emergencia de nuevos actores mundiales y globales, la interdependencia de las relaciones entre los Estados y las naciones, nos obliga a jugar sobre varios registros, a través de una diplomacia que tenga en cuenta la interrelación estrecha que existe entre las relaciones humanas, los vínculos culturales, los negocios y los intercambios, las relaciones políticas y la construcción de alianzas o ejes que permitan a cada Estado ¨jugar¨en la arena internacional y en la escena continental cercana como equipos, como coaliciones dinámicas.   Keohane y Nye hablan de ¨interdependencia compleja¨.

Chile, desde este punto de vista, es al mismo tiempo, una nación subdesarrollada que se acerca al desarrollo, que forma parte del Cono Sur de América Latina, que tiene intereses en América del Sur, en el continente antártico y América Central y en la cuenca del Pacífico, que posee una relación histórica con Europa y América del Norte, que intenta producir como nación marítima su proyección oceánica hacia el Pacífico, que forma parte de todas las instituciones y foros internacionales, subregionales y regionales y es suscriptor de las principales normas del Derecho Internacional, y que actualmente incluso es miembro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

El interés nacional de Chile (al margen de la forma elitista como éste haya sido definido) está puesto primordialmente en América del Sur (nuestra vecindad histórica y geográfica fundamental), en la cuenca del Pacífico y en los espacios australes y antárticos.

Una política de cuerdas separadas nos conduce a cercenar la visión de conjunto de las relaciones internacionales, entre los Estados, entre las naciones y los pueblos y nos coloca en la incertidumbre de los negocios: cuando los negocios van bien y con ganancias, somos amigos y cuandos los negocios van a pérdida, nos enemistamos.

Vivimos en  un mundo de interdependencias.

Manuel Luis Rodríguez U.

PARA SABER MÁS:

02 REALISMO DE INTERDEPENDENCIA COMPLEJA

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