El 30 de octubre – Ivan Gonzalez Toro

El 30 de octubre, día Nacional del Ejecutado Político no es una fecha ajena a la historia de Magallanes. En defensa de la memoria, por principio, es una fecha para recordar a todos los ejecutados en nuestra región, y en lo personal a mi padre Ramón González Ortega, asesinado un día como hoy, hace 40 años, en la ciudad de Porvenir. Los motivos y los responsables de su muerte es ya tema de conocimiento público, producto del proceso judicial que se presentó y que condenó a los asesinos, pertenecientes todos al ejército de Chile, quienes cumplen condenas efectivas desde el 2010 en la cárcel de Punta Peuco en Santiago.

Pero esto no es el fin del camino. Falta lograr la liberación de la memoria para que queden al descubierto aquellos que insisten en condenar a la sociedad a una amnesia perpetua, motor básico para la defensa y fomento de  la cultura de la impunidad.

Concientemente se ha pretendido condicionar nuestra historia y nuestra memoria. Para que haya paz se ha procurado establecer como transacción la existencia de memorias paralelas como dos mundos que no se tocan, pero sabemos que eso no es posible.

Así como no es posible que la memoria colectiva sea idéntica a la memoria de las victimas, no es posible que los demás exijan que la memoria de las victimas sea despojada para que haya equilibrio. No es fácil transformar los recuerdos de la muerte en memoria social, pero es una realidad que no puede ser vendada con la indolencia. La capacidad para impedir que ocurran violaciones a los derechos humanos no reside solamente en las leyes ni en los organismos creados para este propósito, sino en la conciencia de los ciudadanos.

Ese es el llamado que nos gritan desde el fondo de la tierra y del tiempo, ellos no estuvieron solos en vida y tampoco lo estuvieron en la muerte, su sangre aun vive a través de nosotros y así contemplan los espacios en que han intentado sean olvidados.

Este no es el tiempo de rencores ni venganzas, es el momento para que la justicia, ante la ley y sobre todo ante la memoria, se convierta en un requisito ineludible para revertir la desilusión y la desidia que, en materia de derechos humanos, impregna nuestra convivencia. Es el momento de liberar a la Memoria y se convierta en un imperativo público, que debe ser resguardado desde el estado, garantizando la vigilancia conmemorativa, ya que sin una práctica social de él, el memorial se transforma en un objeto sin valor, sin intención, sin alma.

En este día, vengo a decir que la necesidad de recordar, de reconstruir pasado y construir futuro es tan imprescindible para el ser humano como beber o respirar.

Vengo a decir que nuestra misión es devolverle la humanidad a sus nombres para no olvidar las historias que configuraron sus vidas, sus destinos y sus sueños.

Vengo a decir que siempre haremos presencia presente y constante, para mirar una y otra vez ese punto abyecto de nuestra historia y desafiar a todos quienes se oponen a la memoria y de aquellos libretos oficiales pactados con la impunidad, que no han tenido la voluntad suficiente en desplegar poderes y fuerzas para romper el pacto de silencio de los responsables de las violaciones a los derechos humanos.

En el día Nacional del Ejecutado Político, vengo a decir que, nada ni nadie esta olvidado.

Iván González Toro

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