La gestión política de las crisis sociales

En lo que va corrido del actual gobierno (apenas dos años y faltan dos años más…), tres crisis sociales mayores se han producido: la crisis del gas en la región de Magallanes, la crisis de la educación en todo el país y la actual crisis de la región de Aysén.

En cada de una de estas crisis, la improvisación, la falta de manejo político, la manipulación mediática y la impericia para manejar los conflictos sociales, han derivado gradualmente en escenarios altamente complejos y de desgobierno por parte de la autoridad política. El “Tratado de la Impericia” se comenzó a escribir con el conflicto del gas natural en Magallanes, en enero de 2011.

¿DE QUÉ OPOSICIÓN ESTAMOS HABLANDO?…

La oposición concertacionista tampoco ha hecho gala de buen manejo, y en el caso de las grandes manifestaciones por la educación pública, la Concertación se vio descolocada y más bien tuvo que sumergirse en la multitud, tratando de dar ideas y de mantenerse a flote, en un perfecto estado de dispersión e incoherencia.

Otros actores políticos, como es el caso de Enriquez Ominami, simplemente fueron barridos por la enorme marea ciudadana y desaparecieron del cuadro y de la escena pública sin pena ni gloria.  ¿Qué rol cumplió este personaje en las recientes crisis sociales de las regiones de Magallanes y Aysén?… ¿Y en las grandes manifestaciones por la educación pública?  Ninguno.  Después se dedicará a pontificar…

¿PERDÓN…DIJO USTED “GESTIÓN DE CRISIS”?

¿Cómo ha funcionado entonces la gestión política de las crisis sociales en la realidad del Chile actual?

Con altas dosis de improvisación. En las tres crisis señaladas, el gobierno ha manejado el asunto, tratando de descentralizar las decisiones, pero terminando por dejar todo en manos del Presidente de la República.  La regionalización y la descentralización han terminado perjudicadas. En ambas regiones, las autoridades regionales fueron incapaces de manejar la crisis, incluso la alentaron con sus declaraciones desafortunadas y su sordera ante las advertencias ciudadanas, y hubo que enviar ministros salvadores desde allá de Chile.

En escenarios críticos, de alta cobertura mediática (nacional, regional e internacional) y de creciente movilización ciuddana, el gobierno continúa tomando las decisiones políticas principales en Santiago y entonces las autoridades regionales terminan bypaseadas y su liderazgo regional se pierde o se esfuma.

Desde el punto de vista comunicacional, es evidente que en Magallanes y en Aysén, la información que enviaban las Intendencias Regionales a La Moneda es incompleta, sesgada, intencionada e insuficiente, porque han tenido que llegar avanzadas, ministros y subsecretarios a informarse de lo que pasa en la realidad del terreno.  Los gobiernos regionales están funcionando como pésimas máquinas informacionalesi, pudiendo servir como instrumentos eficaces para recoger información anticipadamente y formarse un cuadro prospectivo de los escenarios que se vienen.

Ya ha quedado claro además, que criminalizar al movimiento social es como echarle bencina al fuego (que son minorías, que son anarquistas, antisistémicos, vándalos, ignorantes, encapuchados…), porque, además, las organizaciones y redes sociales que están en la base de las manifestaciones (Asamblea Ciudadana de Magallanes, CONFECH y Movimiento Social de Aysén) no funcionan con una lógica vertical y autoritaria, sino como redes horizontales, abiertas, democráticas, que responden a realidades culturales y sociales arraigadas y legitimadas por sus bases.  Luego si sus dirigentes son tratados como delincuentes, hay toda una base colectiva ciudadana que se sentirá claramente ofendida y despreciada por la autoridad.

Y cuando la gente cansada, aburrida, choreada, indignada, salió a la calle, el gobierno (con un ministro del interior que funciona mejor como General de Carabineros), primero envía fuerzas especiales de la policía desde Santiago y produce un efecto incendiario con la represión y la innecesaria violencia policial…y después sale con un doble discurso en los medios, amenazando y llamando al diálogo.

Los gobiernos regionales terminan ocupados de gestionar desechos, apagar barricadas, reparar pavimentos, recibir policías foráneos, abrir calles y salvar los muebles, mientras las decisiones fundamentales y los acuerdos con los actores ciudadanos los firman las autoridades venidas desde el centro del país.

Manuel Luis Rodríguez U.

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La nueva lucha de clases

Las señales amplificadas de un profundo cambio de ciclo en la historia social de la humanidad contemporánea, parecen ser demasiado fuertes y evidentes en estas dos primeras décadas del siglo XXI, como para desconocerlas y como para ignorar sus fundamentos, causas y consecuencias.

 Escribe proféticamente Eduardo Galeano en “El libro de los abrazos”: “…sueñan las pulgas con comprarse un perro, y sueñan los nadies con salir de pobres…”

 Aún así, como en las clásicas tragedias griegas, la Historia ciega a quienes no quieren ver.

 Este ensayo pretende analizar desde una perspectiva crítica sociológica y politológica el curso global de la historia contemporánea y propone una reflexión intelectual, política e ideológica abierta en torno al fenómeno de la lucha de clases, pero sin olvidar a esos millones de “nadies” que pueblan nuestras ciudades y campos, que sueñan con salir de la pobreza y vivir en dignidad.

 Manuel Luis Rodríguez U

 Punta Arenas, Magallanes (Patagonia sin represas), verano de 2012.

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leer ensayo:

LA NUEVA LUCHA DE CLASES

Que se juega en las municipales: editorial de El Siglo

Qué se juega en las municipales

 

Se discute entre pactos y alianzas, y por cierto en el seno de cada partido, cómo enfrentar las elecciones municipales de este año 2012.


Desde varios sectores, y ciertamente con mucha razón, se pone énfasis en la importancia del poder comunal, el más cercano al ciudadano.


La carga del municipio en materia de responsabilidades se acrecentó con las reformas impuestas por la dictadura, hasta atribuirle la tuición de áreas tan vitales y sensibles como la educación y la salud, además de las que tradicionalmente formaban parte de su repertorio.


Se denuncia, por otra parte, el exceso de atribuciones del jefe comunal, en detrimento del colectivo compuesto por los concejales.


Se lamenta la falta de participación, pues es evidente que en la mayoría de los más de 340 municipios del país, los organismos “vivos” de la comunidad no son consultados ni sus intereses y opiniones tomados en debida cuenta.


Es el caso de instituciones y organizaciones como las juntas de vecinos, las asociaciones deportivas o culturales, los clubes de adultos mayores, etc. Ello, sin contar con el vital y abundante segmento de los jóvenes y niños, privados, particularmente éstos últimos, de herramientas de presión.


Pero esto no es sino una parte de lo que estará en juego en las elecciones municipales de octubre de 2012.


Y es que, además de lo hasta aquí esbozado, hay al menos dos elementos vitales para una consideración global de lo que se avecina.


Uno de ellos: el nivel de representación ciudadana. Es decir, el porcentaje en que cada fuerza política se verá representada tanto a nivel de los concejales a elegir como, principalmente, de los jefes comunales.


Y es aquí donde juegan factores que, en una medida no despreciable, tienden a distorsionar la voluntad ciudadana, al privilegiar el modelo político las alianzas y combinaciones que tienden a reproducir, en la esfera municipal, las deformaciones del sistema binominal.


El otro: la inevitable influencia que en el plano político nacional adquieren estas elecciones, que algunos presentan como eminentemente “locales”, obviando el dato irrefutable de su ligazón con las elecciones tanto parlamentarias como presidenciales del año siguiente, el 2013.


Y es aquí en donde se aprecia la mayor cuota de indefinición o, si se quiere, incluso de ausencia de lucidez de parte de algunos actores políticos.


Para la derecha, cualquier resultado que signifique una reproducción, aunque no sea total, de lo alcanzado en las municipales anteriores, sonaría como una clarinada victoriosa con vistas a las parlamentarias y, sobre todo, a las presidenciales.


Y, entonces, quienes deben operar un cambio en la correlación de fuerzas y construir a partir de las municipales un escenario diametralmente nuevo, que ponga en jaque a la derecha y anuncie su derrota en los comicios de 2013, es la oposición al gobierno de la derecha.


A la pregunta, legítima por cierto, de por qué habría que jugarse al máximo por impedir una segunda administración de la alianza llamada “por Chile”, responderá cada uno desde sus posiciones de clase, de su concepción de la sociedad y la política, de su auténtica vocación de servicio popular.


Lo grave sería que quienes aparecen sinceramente empeñados en construir una convergencia opositora que tenga posibilidades reales de modificar a fondo el mapa político del país, no se empeñaran consecuentemente en ello.


Porque podrían aparecer ante los ojos de la gente cansada de tantos años de frustraciones e indefiniciones como sospechosos de insinceridad al tratarse de combatir con eficacia a la derecha para superar sus graves problemas y dolencias.


Y por eso pareciera lícito afirmar que estas municipales 2012 que ya echaron a andar, serán una prueba de fuego para medir el grado de adhesión democrática y de voluntad de otorgar al pueblo –o si se prefiere, a “la gente”- las cuotas de participación y protagonismo por las que tanto ha luchado.

EL DIRECTOR