Asuntos pendientes en Magallanes

La lista de “asuntos pendientes” en la gestión pública de la región de Magallanes podría dar para cinco páginas.  Pero entre los asuntos urgentes y prioritarios sin duda que la cuestión del gas y su tarificación, apremia por la brevedad de los tiempos y de los plazos.

La secuencia de acontecimientos desde enero pasado es elocuente en el asunto del gas en Magallanes:

1° la ciudadanía de la región paralizó durante una semana exigiendo se revierta el alza del gas, convocada por la Asamblea Ciudadana de Magallanes hasta que se acordó un Protocolo que establece que el gobierno enviaría al Congreso un proyecto de ley de tarificación del gas;

2° en mayo pasado el Intendente Regional anunció que “he determinado que el gas no va a subir…y que el proyecto de ley no estará listo antes de octubre…” (El Pinguino, Punta Arenas, 18 mayo 2011).

3° A fines del mes de julio pasado (el 27 de julio) el ex Ministro de Minería Laurence Golborne vino a Magallanes a hacer un anuncio oficial: que el gobierno enviaría un proyecto de ley al Congreso y que no habría alza del gas en Magallanes y que la propuesta “deberá estar tramitada y aprobada en el Congreso, de acuerdo con los plazos, no más allá del 30 de septiembre próximo” (El Pinguino, Punta Arenas, jueves 28 julio 2011, pag. 4).

Es decir, en términos formales, el gobierno no ha cumplido ni con el Protocolo de Acuerdo firmado en enero de 2011 (ver portal de la ASAMBLEA CIUDADANA DE MAGALLANES – http://acmagallanes.wordpress.com)  ni con el propio anuncio hecho por el Ministro Golborne en su anunciada visita de fines del mes de julio.  La ciudadanía de Magallanes y sus organizaciones sociales y ciudadanas más representativas siguen atentos esperando con natural inquietud y preocupación, la inexplicable demora del Ejecutivo en producir un proyecto de ley que se supone viene siendo elaborado desde hace 7 meses y que, repitámoslo, toca a un asunto crucial y altamente sensible para la actividad pública y privada en la región más austral de Chile.

Los ciudadanos de Magallanes dijeron y continúan diciendo “no al alza del gas”.

¿Qué necesidad tendría, desde esta perspectiva, una visita presidencial para volver a hacer un anuncio que ya fué anunciado mediante el anuncio hecho por el Ministro Golborne en Magallanes hace más de 30 días atrás?

¿Cómo se manejará en las esferas oficiales el hecho innegable que si el 30 de septiembre no hay ley de tarificación del gas (por la demora del Ejecutivo en escribir y enviar un proyecto de ley), regiría el alza de las tarifas del gas en la región que originó precisamente el movimiento y el paro regional de enero pasado?

Con la ciudadanía de Magallanes no se juega.

Manuel Luis Rodríguez U.

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Por la fuerza de las razones – Editorial de El Siglo 26 de agosto

Editorial de El Siglo, edición Nº 1573 del 26 de agosto de 2011

 Por la fuerza de las razones.

 Que las organizaciones sindicales “pretenden paralizar el país”, protesta indignadamente la ministra del Trabajo. ¿Y por qué no sería así, al tratarse precisamente de quienes, los trabajadores, lo hacen marchar diariamente?

Para oponer su “racionalidad” a las movilizaciones y paros que hoy cubren el escenario nacional, desde La Moneda se insiste en los caminos “institucionales”. Y la gente, ya de vuelta de su letargo o indiferencia, se pregunta cuál institucionalidad: ¿La de un parlamento binominal y “designado”? ¿La de un Código Laboral al que sería hasta eufemístico, débil, calificar de injusto?

 Una conclusión que se puede extraer, aunque ello suene a optimismo no suficientemente fundado, es que para los sectores más ultras del gobierno y la llamada “Alianza por Chile”, el horno no está hoy para bollos tales como la apelación a las Fuerzas Armadas en la calle o la aplicación “automática” de los recursos más represivos contemplados en la Constitución (pinochetista, no se lo olvide), cuando la Central Unitaria de Trabajadores hace un llamado generoso a la lucha por los derechos de los trabajadores.

 El país ha protagonizado y vivido semanas signadas por masividad y “razones” que han dejado en ridículo palabras destempladas y acusaciones sin fundamento.

 ¿Sonará a exageración el sostener que el panorama social y político de Chile ha cambiado de una manera que puede ser decisiva o, al menos, de vastos y hasta hace poco insospechados alcances? Para apreciar la validez o pertinencia de tal afirmación, es útil inclinarse hacia el estado de conciencia de los millones de chilenos que han vivido y sufrido las inclemencias de decenios signados por los mayores atropellos a sus derechos, su integridad física y aun su vida.

 De la indefensión a la resignación, se pasó a transitar una senda de lo que al pueblo se le ofrecía “en la medida de lo posible”. Luego, vino la sensación de cansancio –la “fatiga” del material concertacionista- y por allí se filtró la demagogia derechista, fuertemente apoyada en el poder económico y el control comunicacional, personalizada en el dúo Lavín-Piñera, hasta el resultado de las últimas presidenciales que abrió paso a una “nueva forma de gobernar” que se ha denotado falsa, si no simplemente ridícula con sus apelaciones a la “excelencia”. Los conflictos necesariamente derivados de la indistinción entre los intereses privados y la función pública, han alcanzado niveles tan altos que ya son muy pocos los que no comparten una evidencia: que en un país como el nuestro, de profunda vocación democrática y en cuya historia han jugado tan altos papeles las organizaciones sindicales, sociales y políticas de signo transformador, es hasta una “irregularidad” o una anomalía la presencia de un gobierno de esta derecha heredera de la dictadura, un sector social que disfraza su apetito insaciable de riquezas y privilegios tras vestuarios ideológicos elevados hasta el altar de las verdades absolutas.

 ¿Sonará a triunfalismo el afirmar que “ya nada será igual” desde el momento en que “la gente” da señales de una voluntad de abrir su propio camino y transitar por él hasta derribar las barreras que lo niegan y lo oprimen?

 ¿Tendrán las grandes masas movilizadas e interpretadas por los millones de chilenas y chilenos de los más diversos signos sociales y políticos, la voluntad de alcanzar espacios de unidad, convergiendo con lucidez hacia una democracia digna de su nombre?

 Una evidencia puede ser alentadora a los efectos de responder a tales preguntas: el altísimo protagonismo, la inteligencia y la decisión demostrados por los jóvenes y sus dirigentes. De allí derivan tanto su nivel de adhesión y capacidad de convocar y congregar, como de comprender que la lucha es una sola, como es uno el objetivo: derribar las barreras que cierran los caminos a la democracia, la justicia social y, en último término, la felicidad expresada en la satisfacción de las necesidades fundamentales del ser humano y la más libre expansión de la personalidad irrepetible de cada uno de los que habitan esta porción de la tierra.

 El Director

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NUESTRO COMENTARIO Y ANÁLISIS

Evidentemente que el significado profundo del actual movimiento ciudadano, trasciende el tema educacional y contiene una demanda de más democracia y más participación.  La ciudadanía en Chile hoy, quiere cambios.  Incluso podría decirse que si el actual gobierno, llegó al poder bajo el eslogan del cambio, se encontró ahora con un movimiento ciudadano que reclama que esos cambios tengan lugar efectivamente y dejen de ser anuncios seguidos de letra chica.

Asistimos a un momento crucial de nuestro desarrollo democrático, y todos los sectores políticos están llamados e interpelados por la ciudadanía, para construir soluciones eficaces.

La “generación de los 15-30” (o  los primeros “hijos de la democracia”) ha instalado un conjunto de demandas estructurales (nueva Constitución, asamblea constituyente, nuevo rol del Estado en la educación, reforma tributaria, renacionalización del cobre, protección de los recursos naturales y el medio ambiente)  con la épica y la ética de quienes están desprovistos del temor al pasado, pero dotados de la voluntad y la energía para empujar el carro de la historia en dirección de una nueva democracia, de una nueva república, de un  nuevo estado de cosas en la nación chilena.

Estos jóvenes y estos ciudadanos en movimiento han venido a recordarnos que el fundamento último y primordial de una democracia, es la ciudadanía.

Manuel Luis Rodríguez U.

“Es necesario asumir una modificación del sistema electoral” – Documento interno de Renovación Nacional

Señor:

 Es evidente que la situación política es complicada, no sólo para el Gobierno y los partidos de la Alianza, sino que también para la oposición, tanto en sus expresiones político –partidistas, como en la capacidad de conducción de los parlamentarios.

 Con el actual nivel de desgaste de credibilidad de los partidos políticos como se han conocido hasta ahora, ciertamente las próximas elecciones parlamentarias conducirán a una situación aún más compleja y difícil.

 La actual situación de conglomerados políticos – Alianza y Concertación – obedece a la estructura del sistema electoral mayoritario binominal, lo que obliga a los diversos partidos políticos a sostener acuerdos políticos instrumentales, más o menos sólidos, que les permitan a cada uno de sus representantes postular y ser elegidos como parlamentarios.

 Esa lógica ha provocado un rechazo generalizado a la inscripción de nuevos votantes ya que dadas las características del sistema electoral el espectro de opciones son mínimas (4 posibilidades en cada distrito y 4 en cada circunscripción), creando la ya conocida apatía de los potenciales ciudadanos por manifestar su adherencia a alguna candidatura.

 Los recientes acontecimientos de demandas sociales responden a jóvenes que probablemente no están inscritos en los registros electorales y solo son participes de acciones callejeras de descontento por cuestiones específicas: HidroAysen, educación, etc.

 Después de 20 años de aplicación de un sistema electoral que dio sus buenos resultados en los momentos que se necesitaron, ahora será el momento de hacer cambios estructurales que posibiliten dar mayor sustento al sistema institucional.

 Por esta razón, es necesario asumir el estudio de una modificación del sistema electoral hacia uno proporcional con importantes umbrales de participación para otorgarle la suficiente solidez y representatividad, lo que tendrá efectos importantes dentro del sistema político en general.

 En efecto, la implementación de un sistema electoral proporcional provocará la desarticulación de los actuales conglomerados políticos de la Alianza y la Concertación, provocando mayores niveles de competencia entre los ex aliados por alcanzar presencia en el nuevo escenario.

 Cada partido, en forma individual levantará sus propios líderes a nivel nacional y regional, potenciándose en los segmentos a los cuales destina sus preferencias, sin los subsidios que actualmente reciben por la aplicación del sistema mayoritario, provocando, a su vez, mayores competencias al interior da cada partido.

 La aplicación de un sistema proporcional provocará mayor interés de parte de los jóvenes que se sentirán más incentivados a participar por la vía electoral en el sistema institucional, sintiéndose partícipes del proceso político, lo que actualmente no sucede como ha quedado claro en los actuales dirigentes juveniles que encabezan las protestas respecto de la educación que han desconocido la representatividad del Parlamento.

 Además, en un sistema proporcional hay mayores posibilidades de aumentar la rotación de los parlamentarios dado el nivel de competencia a que se verán expuestos al interior de sus partidos por los respectivos cupos parlamentarios.

 Tal modificación estructural del sistema electoral debe ir acompañada de aumentos y cambios en la cantidad de diputados y senadores, ya que la actual composición del Congreso muestra claras distorsiones de representatividad que obedecen tanto a la aplicación del sistema mayoritario como al tamaño geográfico como poblacional de los distritos y circunscripciones.

 Finalmente, de acuerdo a las actuales circunstancias políticas del país, el resultado de las próximas elecciones serán un gran golpe para los partidos políticos, tanto de gobierno como de oposición, abriendo el escenario para soluciones extrasistema lo que debe ser evitado por todos los medios.

 Así, la reforma del sistema electoral será la gran revolución política que evitará mayores confrontaciones sociales, ya que todos los grupos políticos entenderán que sólo sus representantes son los llamados a negociar los grandes cambios que requiere el país en el ámbito que la misma institucionalidad señala en el Congreso Nacional, y no por vías ajenas al sistema constitucional que sólo alienta posturas cada vez más radicalizadas y sin destino previsible.

 Sólo este gobierno está en condiciones de realizar tal tarea, asumiendo un rol protagónico y determinante que dejará una huella para el futuro de nuestro país, como en su momento lo fue la Constitución de 1980 y su reforma de 2005.

“Los políticos están ajenos a la realidad y están dando un espectáculo penoso” – Gabriel Salazar, Historiador

GABRIEL SALAZAR, HISTORIADOR:
“Los políticos están ajenos a la realidad y están dando un espectáculo penoso”
 
 
Acusa que los partidos son los “responsables indirectos” del actual clima social. “Les falta la convicción que moviliza a los jóvenes, que no es a la antigua, dogmática o ideológica, sino una que viene de sus propias experiencias”, sostiene.
 
 
Por Patricia Arancibia Clavel


Gabriel Salazar Vergara (75), Premio Nacional de Historia el 2006, es un referente de la historiografía social en Chile. Hombre de profundas convicciones de izquierda, conoce como nadie al mundo popular, sujeto de sus investigaciones y estudios históricos. Respetado por sus pares y querido por sus alumnos de la Universidad de Chile, es un fuerte crítico del modelo neo-liberal y de la clase política en general. En esta entrevista nos da su visión del difícil momento que está viviendo el país.

– ¿Cuál es el contexto histórico en el cual se están desenvolviendo las movilizaciones sociales en Chile?

– Es difícil sintetizar, pero a partir de los años ‘80 el mundo enfrentó un verdadero cambio de época que en Chile es notorio y extremo: quedó atrás el capitalismo industrial, cuyo centro era la fábrica, para dar paso al capitalismo mercantil y financiero, con sus mall, shopping center, etc. Eso implicó que la sociedad pasó a ser de servicios y más notoriamente, de consumo, donde el crédito aparece como un factor determinante. Esa inyección potente de crédito para el consumo, diferencia profundamente esta época de la anterior.

– ¿Fue un cambio positivo? El crédito ha permitido que mucha gente tenga acceso a bienes impensables en los ‘60 o ‘70…

– Sí y no. Es un hecho que con este modelo tienes y consumes más que antes, cuando había una pobreza abiertamente material: cabros chicos sin zapatos, harapientos, gente que pedía un pedazo de pan, por amor de Dios. Hoy en cambio, la pobreza no es material: el flaite te cobra peaje y anda con jeans de marca, pero el 13% de estos jóvenes no trabajan ni estudian. No son pobres, claro, y la Concertación feliz porque redujo la pobreza de acuerdo al índice de consumo material del 44% al 14%.. Pero no se dio cuenta que el problema está por dentro. Los indicadores de desarrollo humano del PNUD muestran desde 1998 
-cuando se inician las mediciones- que los chilenos tienen un permanente malestar interior; que los parámetros macroeconómicos son todos buenos, pero los de desarrollo humano, todos malos. Hay un fuerte contraste que ellos llamaron la “paradoja de la modernización”.

– ¿De ahí la masividad de las protestas y movilizaciones?

– Aquí tenemos más menos un 48% de trabajadores con empleos precarios que sube a 60% si se considera a los profesionales a honorarios por proyectos temporales. Eso implica inseguridad a futuro. Luego, hay una caída en la tasa de nupcialidad espectacular, del 60% en 10 años y una tasa de separaciones aún mayor, lo que tiende a la desintegración de las familias clásicas. Ello es correlativo con el 58% de niños “huachos”, el doble del siglo XIX, a lo que hay que sumar una tasa de depresión seria de la población, un incremento en el índice de violencia intrafamiliar, femicidios y delincuencia. Todos estos indicadores reflejan ese malestar interior que significa una no proyección a futuro. La categoría temporal que nos define es el presente, no el futuro como en los 60, lo que hace que ahora todo quiera resolverse de inmediato y donde las propuestas políticas no tengan sentido porque son para mañana.

– ¿Eso explica el ninguneo estudiantil a los políticos, vengan de donde vengan?

– La evolución del modelo neoliberal debilitó a casi todos los grupos políticos que hablaban de proyección a futuro, prometiendo la revolución, el desarrollo, etc. y como hoy día son todos neo-liberales en Chile y no hay ninguno que se plantee en otra línea, no los representan…


– ¿Incluso el Partido Comunista?

– Es que el PC, aunque no lo diga, no es sino el fulgor de cola de la Concertación. Lo único que han querido en todo este tiempo, es tener diputaditos por aquí y por allá, entrar al Congreso y luego buscar alianzas con la Concertación. En el fondo, están haciendo el mismo juego de la Concertación de hace 20 años atrás.

– Pero quienes aparecen liderando el movimiento estudiantil y del profesorado son militantes del partido. ¿Acaso no lo están instrumentalizando para sus propios fines?

– No. Quisieran, les gustaría y tienden a hacerlo, pero no van a poder porque la cultura de la mayoría de los estudiantes y de los colectivos universitarios que son centenares, es distinta a la cultura PC y no quieren saber nada con partidos ni están dispuestos a someterse a sus normas. Tampoco son anarquistas. La mayoría buscan la autonomía, creen en las asambleas, en la autoeducación. El peso real del movimiento está en las bases y éstas están incómodas con el PC que quiere manejar las cosas desde arriba. Hay malestar con Gajardo, con Martínez, incluso con Camila, quien tiene un lenguaje fluido, no es tonta, es bonita, pero no tiene la fuerza mental teórica discursiva y el ñeque para liderar el movimiento. Ella es vocera, pero no líder y lo que quiere el movimiento es rotación de dirigentes.

– Si las movilizaciones no están incentivadas desde fuera por uno o varios partidos, ¿cómo se articularon?

– Son espontáneas en la medida que se basan en la propia experiencia del mercado, del presente, en el aprendizaje que están teniendo en el día a día y en la acumulación de experiencias históricas que conforman la memoria. El Estado se aisló en sí mismo y los partidos ya no son líderes de los movimientos sociales porque están metidos dentro del Estado.

– ¿Cuál de esas memorias es más fuerte en los “indignados” de hoy?

– Hay varias. La de Frei y Allende y sus utopías, experiencia vital fundamental que da optimismo, alegría de vivir, de ahí que se hiciera una revolución cantando y bailando. Luego la memoria de la lucha contra el terrorismo militar, una memoria brutal que quedó grabada a fuego en mucha gente, a la que se suma la memoria de la transición. La Concertación quedó feliz con ella, llegó al gobierno y mantuvo el modelo, pero para quienes lucharon contra Pinochet, la desazón y desencanto fue muy grande: los socialistas dejaron de ser socialistas, los DC comunitaristas y los radicales republicanos. Por último, está la memoria del mercado…


– Como memoria, la más cercana al movimiento estudiantil…

– Claro, una memoria que da cuenta de las irregularidades del modelo liberal en el mundo, sobre todo después de la crisis asiática, una memoria que además, significa pagar hasta las ganas por una educación y una salud de mala calidad. Entonces, todo este cúmulo de experiencias son internalizadas por la ciudadanía, los actores sociales y especialmente por la juventud. Lo que hacen los pingüinos, es reaccionar contra ella y ahora madura en estas movilizaciones, desde abajo, con autonomía propia. Los partidos son los responsables indirectos de lo que está pasando.

– ¿Por qué?

– Ufff! Los políticos dicen tantas cosas sin sentido, cada vez saben menos, están ajenos a la realidad, no captan el fenómeno en profundidad, se acusan mutuamente y están dando un espectáculo penoso. Y es que les falta la convicción que moviliza a los jóvenes, una convicción que no es a la antigua, dogmática o ideológica, sino una distinta, que viene de adentro, de sus propias experiencias y memorias.

Desde las bases sociales


– Tú has interactuado profusamente con las bases sociales. ¿Cuál es la realidad de los jóvenes de los sectores populares que se movilizan?

– Han internalizado profusamente la precariedad del trabajo del padre que dejó de ser modelo, de la mamá cansada que sustituye al viejo trabajando lejos en lo que sea. La tendencia es solidarizar con ellos, por eso salen a trabajar o a robar a temprana edad y encuentran la fuerza en sus iguales, en la red, la patota. Muchos tienen problemas internos, de seguridad, pues no han tenido afecto paternal, maternal o de quien sea. Es importante la experiencia de amor en la infancia.

– ¿Estas carencias pueden explicar los actos vandálicos que se han observado en algunas de las movilizaciones?

– Yo no creo en la violencia delictual ni la de los encapuchados, pero hay que comprender el fenómeno antes de correr a juzgar a los violentistas y vandálicos. ¿Por qué son violentos? Para empezar, la mayoría son “huachos”, tienen déficits afectivos brutales, muchos de ellos no estudian y los que lo hacen tienen un pasado tortuoso de vida, injusticias, etc. Otros se desarrollaron en los 80, luchando en las calles con los soldados. Allí se aprendió lo de los encapuchados, porque obviamente no podían mostrar la cara. Esas prácticas de lucha callejera son muy atractivas para los jóvenes frustrados y se trasmiten por razones políticas. Y, otra cosa, no seamos ingenuos, los militares están intactos…


– ¿Qué quieres decir?

– La cultura militar de que dentro del territorio hay un enemigo interno sigue vigente. Se siguen autoeducando en Panamá, Guantánamo y su sistema es cerrado. No se ha metido mano ahí. Ellos han intervenido 23 veces en nuestra historia, siempre para apagar los movimientos antiestablichment y, ¿quién nos dice que de nuevo no lo van a hacer?


– ¿Ves, en serio esa posibilidad?

– En estos momentos es más difícil que en los ‘70 y creo que EE.UU. no estaría en esa parada como en Libia e Irak. Es difícil, pero no imposible y ante eso, hay que tener una política ciudadana para evitar una violencia mayor que es la que generan los militares.

– Pero lo que se ve hoy es la violencia de los encapuchados…

– Allende nunca creyó en un golpe militar, pero aparecieron. Ahora, en lugar que los encapuchados anden haciendo el tonto rompiendo vitrinas y destruyendo, si de verdad somos tantos, somos mayoría y la demanda depende de nosotros, simplemente en vez de quebrar los vidrios, por ejemplo, en La Polar, se hace quebrar ese negocio no comprando. Es otro tipo de táctica.

 
“Este movimiento va derechito al cuestionamiento del modelo”
 
– ¿Qué salida ves a este momento histórico?
– Es una situación espantosamente compleja. Este movimiento va derechito a plantear el cuestionamiento del modelo y del Estado. Yo entiendo que la derecha tenga que defenderse como pueda. Está en una pésima posición y no puede ceder porque si cede un ápice, se le cae el modelo en el que cree. La Concertación está en una situación peor porque ni siquiera es su modelo y lo que defiende son cuotas de poder.
– Entonces qué…
– Estamos en otra lógica, no la del diálogo entre dos fuerzas políticas al interior de un marco institucional dado que ambas aceptan. Los jóvenes, pobladores, grupos sindicales no están en esa. Ellos quieren generar un proceso de deliberación por la base, están tratando de levantar asambleas deliberativas para formar un nuevo Estado que responda a las expectativas ciudadanas. Esa es una tarea de mediano plazo que implica mucha autoeducación y requiere tiempo. Este movimiento, que no es solamente estudiantil, tiene dos caminos: negociación con una mesa de diálogo con el gobierno que ha demostrado históricamente que no sirve, o la deliberación que se va ensanchando para llegar a lo que ellos dicen: ejercer el poder constituyente ciudadano y construir libre e informadamente otro Estado.
– ¿Y los costos?
– Evidentemente los paga el beneficiario del modelo actual. Los más perjudicados van a ser los partidos, la clase política con sus negociados, relaciones nepotistas, corrupción. Hablan como si fueran los dueños de la situación cuando la gente no los cotiza. El empresario no tanto, porque la nueva concepción económica destaca que hay que industrializarse, pero de manera inteligente, en armonía con la naturaleza y la sociedad. El nuevo Estado no implica destrucción del empresariado, sino que se mueva en otros parámetros, más solidario e integrado.

Un desplazamiento profundo de placas tectónicas

La metáfora sísmica puede ser entendida fácilmente por los chilenos: hace referencia y tiene resonancias que forman parte de nuestra identidad y pertenencia geográfica.  Pues bien, es posible decir que asistimos a un profundo desplazamiento de placas tectónicas sociales y culturales en la sociedad chilena.  La “tectónica de placas” explica la estructura y dinámica de la superficie terrestre a partir de movimientos que suceden en las profundidades geológicas del planeta.

Las placas tectónicas no las vemos directamente, pero sabemos de su existencia cuando ocurren terremotos y temblores.

En la sociedad chilena hoy vivimos una creciente y multiforme revolución social y cultural, un telúrico cambio  ideológico, valórico, cultural, social y político transversal, proveniente desde las profundidades de la generación joven (los 15-30 años), un desplazamiento de placas tectónicas culturales e ideológicas que se dirije gradualmente hacia el cuestionamiento del propio sistema de dominación neoliberal (modelo que ha sido “vendido” en el exterior como el mejor y mas perfecto laboratorio de desarrollo económico y social).

Lo siento… “se nos cayó el sistema”.

La ciudadanía movilizada reclama hoy en Chile una educación pública de calidad, gratuita y fin al lucro, reclama más participación, reclama un nueva Constitución, reclama cuidado del medio ambiente y rechaza proyectos como Hidroaysén e Isla Riesco,  reclama más y mejor democracia y justicia social.

La utopía (versión siglo XXI) está golpeando a la puerta de las instituciones y del Estado.  La generación de los 15-30 protagoniza hoy en Chile -al igual que en otras naciones del planeta- un creciente sismo social, político y cultural.  Y no terminarán tan pronto sus ondas sísmicas y réplicas.

Lo sentimos, “se les cayó el sistema”, a los ojos de millones de estudiantes y adolescentes.

¿Dónde nos situamos entonces para analizar esta coyuntura en forma de momento histórico? ¿En la superficie “noticiosa” de los acontecimientos (con todas sus potenciales manipulaciones, estereotipos, visiones sesgadas y rasgos maniqueos), o en la profundidad de los procesos sociales y culturales que afloran desde los hechos?

Asistimos a un desplazamiento de placas tectónicas ideológicas cuando las nuevas generaciones estudiantiles (supuestamente bombardeadas y adormecidas por una educación mercantil y por tantos medios de comunicación alienantes), mucho más políticas y politizadas, mucho mejor conectadas e interconectadas,  reclaman contra el lucro y exigen que el Estado se haga cargo de una educación pública laica, gratuita, universal e inclusiva.

Lo siento…”el sistema se nos está cayendo”, aunque quienes lo administran no terminan de darse cuenta…

Esta ocurriendo delante de nuestros ojos una revolución socio-cultural, semejante al mayo de 1968, inédita en Chile que cuestiona políticamente las bases del sistema de dominación, del sistema político y del Estado en su conjunto, crecientes multitudes ciudadanas que desconfían de la actual clase política en el poder.

No perdamos de vista lo esencial: lo que comenzó como simples paros y tomas aisladas de liceos en abril recién pasado, se ha convertido en agosto en un gigantesco y multiforme movimiento ciudadano que convoca a trabajadores, clases medias, estudiantes, profesionales, educadores.  El componente antisistémico de estas manifestaciones no puede ser minimizado a la hora de tratar de comprender la complejidad del movimiento en que se encuentra la ciudadanía.

Manuel Luis Rodríguez U.

Una versión completa de este ensayo, se publicará próximamente.

Estos problemas vienen del gobierno anterior

Hablemos de argumentos.   Cuando la Concertación asumió el Gobierno en 1990, los partidos oficialistas, o sea concertacionistas, hicieron un balance del estado en que se encontraba el país al término de 17 años de gobierno militar.  Balance lógicamente muy crítico y casi desastroso.  En aquellos años de transición, los partidos de la derecha defendían sin límites SU gobierno militar y criticaban a la Concertación por achacar al gobierno anterior, los problemas que debía solucionar el gobierno de turno: pobreza, mala educación, salud deficiente, falta de vivienda, trabajos de mala calidad y mal remunerados, violaciones a los DDHH…

Veinte años después, en 2010 y 2011, el gobierno de la derecha utiliza profusamente el mismo argumento que “estos problemas vienen de los gobiernos anteriores”, con lo cual Piñera y su equipo invalidan y dejan al desnudo su propia argumentación de los años noventa.  ¿La idea es enlodar al adversario político “que estaba en el gobierno anterior” o tratar de resolver los problemas que reclama la ciudadanía hoy?

Resulta una tautología afirmar que los problemas vienen siempre desde los gobiernos anteriores, pero al que le toca resolverlos con las herramientas del poder que les ha otorgado la ciudadanía es al gobierno actual, o en ejercicio, y no basta con escudarse con “la culpa” del pasado.

Los argumentos, como las manillas de las puertas, también se gastan…