Cuando el pueblo se pone en movimiento

Un fantasma recorre el Oriente…

…el fantasma de la libertad y la democracia…

Mañana martes 1° de febrero, una amplia coalición de organizaciones ciudadanas egipcias, intentarán reunir 1.000.000 de ciudadanos y ciudadanas en la plaza Tahrir de El Cairo: será un momento culminante e histórico de casi una semana de gigantescas manifestaciones de protestas masivas contra 30 años de un régimen autoritario de Hosni Mubarack, respaldado, financiado y principal aliado de Estados Unidos en el Medio Oriente.

Un viento de protestas ciudadanas recorre todo el Medio Oriente; es la marea del poder ciudadano que se hace presente en las esferas del poder.

Nadie puede anticipar que el resultado político de estas manifestaciones ciudadanas en Egipto sea una democracia como la teorizamos en Occidente.

CUANDO LA REPRESIÓN ES INSUFICIENTE PARA FRENAR LA MAREA

Ninguna medida de presión ni represión (aviones militares y helicópteros sobrevolando las manifestaciones, corte de Internet y de las comunicaciones telefónicas, arresto de dirigentes, suspensión de licencias para agencias noticias no adictas al régimen, disparos contra la multitudes) ha podido doblar la voluntad política de las multitudes egipcias, cansadas y agotadas por el desempleo, la inflación, la pobreza que afecta al 42% de la población, la corrupción de un régimen civico-militar autoritario y agotado.

En un momento crítico para la revolución egipcia en marcha, las distintas agencias noticiosas reportan que los militares han expresado que no actuarán contra el pueblo, lo que indica que el gobierno Mubarak estaría perdiendo el último apoyo institucional que le queda antes del derrumbe.

Pero, todo sucede y se resuelve en las calles.

Como en los viejos tiempos de las revoluciones sociales y políticas del siglo XIX y el siglo XX y que los “renovados” de todos los colores habían declarado como anticuadas y obsoletas. 

He aquí de nuevo, una revolución política que pretende ser democrática, plural, civil (“nor religious, not military, but civilian” gritan los manifestantes en las calles) y multitudinaria y que los ideólogos neoliberales no entienden ni pueden comprender bajo la lógica del mercado o de las elites tecnocráticas que aprendieron en la universidad lo que el pueblo tiene que hacer y tiene que decir.

CUANDO LOS POBRES SE PONEN EN MOVIMIENTO

A la luz de los acontecimientos egipcios, cabe preguntarse: ¿quién dijo que la lucha de clases había desaparecido? ¿quién dijo que Carlos Marx  había muerto?

Millones de egipcios pobres, de ciudadanos de una clase media empobrecida, de mujeres, de jovenes y estudiantes, de ancianos, de cesantes y desheredados han salido a las calles a luchar contra la injusticia, por la democracia y la libertad, un pueblo que se moviliza contra una clase poderosa que extrae de Egypto las grandes riquezas y recursos para beneficio de unos pocos y de algunas compañías extranjeras y occidentales.

El derrumbe del gobierno Mubarak (todos hablan de “transición” hoy) puede significar un cambio brutal  y profundo en el complejo ajedrez geopolítico del Medio Oriente (el 8% del comercio marítimo mundial pasa por el canal de Suez), al precipitarse un actor estratégico para los intereses económicos, geoestratégicos y energéticos de Estados Unidos y de Occidente. 

El fracaso político y moral del régimen autoritario de Mubarak se demuestra en las crecientes redes sociales de internet (Twitter, Facebook, MyPage y otras) a través de las cuales periodistas, comentaristas, comunicadores y simples ciudadanos informados transmiten al mundo en directo lo que está sucediendo en las calles de El Cairo, de Ismaylia o de Alejandría.

Seguramente que Mubarak  y su régimen autoritario colapsará también gracias a la globalización de las comunicaciones y la circulación de la información.

La lección egipcia, que repite con pocas semanas de diferencia, las manifestaciones democráticas en Tunez, refleja que la  reserva de conciencia democrática  y de moral cívica en los ciudadanos del mundo continúa alimentando nuevas experiencias de expresión, de protesta y de creación de nuevas instituciones y formas de gobierno que respondan a las aspiraciones de la mayoría.  Es probable también que los hechos que hoy presenciamos en Egipto y otras naciones del Medio Oriente, sean una confirmación palmaria del pronóstico de Toni Negri: hemos entrado en la era de las multitudes y los gobiernos deberán adecuarse a los nuevos tiempos. 

No es de extrañar en este sentido que el Gobierno de la República Popular de China (recordando las manifestaciones en Tien AnMen en 1989), haya bloqueado el concepto “Egipto” en todas las redes de Internet…

La historia política reciente demuestra por tanto la validez de esta afirmación: así como en la década de los ochenta la marea democrática arrastró con las dictaduras militares latinoamericanas, y en la década de los noventa pusieron término a los regímenes comunistas europeos-orientales, en la segunda década del siglo xxi asistimos al derrumbe -tarde o temprano- de las autocracias arabes (monarquías y repúblicas autocráticas), barridas por las multitudes demandando las libertades que no tienen y la democracia que no conocen.

La lección de un pueblo en movimiento por su libertad y por la democracia, es un ejercicio siempre vigente de conciencia cívica, de unidad de todos los movimientos y grupos opositores, de resistencia contra todas las formas de opresión, pero también es una demostración más que el modelo neoliberal de mercado (del cual Egipto es una víctima desde la crisis financiera de 2008) encuentra cada día menos adeptos en el mundo.

Manuel Luis Rodríguez U.

Fuente de la ilustración: Ramy Raoof, Egipto.

Anuncios

La crisis de la regionalización centralizada

El breve pero intenso episodio de movilizaciones ciudadanas protagonizadas por los magallánicos en la primera quincena de enero recién pasado, puso de manifiesto varias falencias que afectan al sistema político e institucional chileno: una de las más notorias es la crisis de las relaciones institucionales existentes entre el Estado central y las regiones.  Un centralismo agobiante aqueja al aparato estatal chileno, del mismo modo como las empresas y corporaciones privadas no se salvan del mismo centralismo corporativo que acusan en las instituciones del aparato público.

Cabe preguntarnos si la elección directa de los Consejeros Regionales -un anuncio  político y electoral archirrepetido que no se cumple nunca- o la elección universal del Intendente Regional, como propone el Senador de la República Pedro Muñoz, vendrían a subsanar una falla estructural en el sistema institucional del Estado donde, en definitiva, las decisiones, las facultades y atribuciones y la asignación de los recursos fiscales dependen de autoridades y organos del Estado radicados en la capital.

El centralismo está instalado no solo en las instituciones y las organizaciones, reside también en el subconsciente colectivo de la clase política y gobernante, de la clase dirigente y empresarial.

Visto desde una perspectiva estrictamente política el Estado chileno aparece ante los ciudadanos como un aparato piramidal donde las grandes instituciones y poderes emanan de la soberanía popular -en una democracia aún incompleta- mientras que las instituciones regionales y locales siguen dependiendo de los poderes centrales y de autoridades ubicadas en el nivel central: hoy en Chile “pesa” más el Subsecretario de Desarrollo Regional (dependiente del Ministerio del Interior) que un Intendente, un Gobernador o un Alcalde…

Se trata de un virus centralista que impregna la casi totalidad del sistema económico, administrativo y político: las decisiones principales están radicadas en un conjunto de Ministros y Subsecretarios o directamente en la autoridad presidencial, en las directivas nacionales de los partidos políticos, en los directorios y gerencias generales de las empresas, en los directorios de las empresas del Estado, de donde resulta que hay autoridades regionales y locales (Intendentes, Gobernadores, SEREMIS, Jefes de Servicios, Gerentes de sucursales…) que terminan dependiendo  siempre de la decisión final que se adopta en Santiago.

En este modelo de regionalización centralizada, el proceso de toma de decisiones comienza y termina en autoridades radicadas en la capital del país.

En el aparato del Estado chileno se han ensayado en los últimos treinta o cuarenta años sucesivos e interrumpidos procesos de regionalización, tentativas de descentralización y de desconcentración, que han terminado finalmente ahogados por la fuerza imperativa casi inevitable del centralismo presidencial e institucional. 

En un Estado unitario, basado en una Constitución de orígen autoritario y de formato presidencialista y centralizado, toda demanda regional, toda expresión regionalista termina subsumida dentro de un unico patrón de conducta y de toma de decisiones: siempre hay una autoridad central que decide.  El que la demanda ciudadana magallánica por “No al alza del gas” (un tema sectorial de una empresa estatal y dos Ministerios) haya tenido que ser zanjado por el Presidente de la República (en comunicación telefónica con un Ministro enviado a la región a “negociar” con la Asamblea Ciudadana de Magallanes), refleja y desnuda esta regionalización centralizada, y donde las autoridades políticas regionales pecaron de omisión y de incapacidad para resolver localmente una demanda ciudadana que no supieron anticipar ni resolver.

Desde la época de la regionalización desarrollista iniciada por Frei Montalva (1964-1970) pasando por el diseño regionalizador propuesto por la Unidad Popular (1970-1973), la regionalización autoritaria del régimen militar (1975) condujo al actual esquema de regiones con una proliferación de comunas, pero resultando una regionalización aun más centralizada y vertical, y las sucesivas reformas parciales del modelo de regiones desde 1990 en adelante en el marco de la Modernización del Estado, solo han dado como resultado un leve reforzamiento de las facultades e instituciones regionales, mientras en definitiva el Estado central conserva lo esencial de las atribuciones, las facultades, la asignación de los recursos y la toma de decisiones.

¿Para cuándo van a existir los servicios públicos regionales?

¿Para cuándo los ciudadanos de las regiones van a elegir todas sus autoridades regionales?

¿Para cuándo los plebiscitos regionales vinculantes?

¿Para cuándo las regiones podrán crear sus propios impuestos y conservar el uso y la facultad de invertir sus propios recursos en su propio desarrollo regional?

¿Para cuándo las regiones podrán disponer de niveles mayores de autonomía, como para decidir su propio desarrollo?

Manuel Luis Rodríguez U.

Valiente Presidente…

El temor de que el Presidente de la República, mismo que se vanagloriaba hace algunos meses de haber levantado más de un 53% de votos en la indómita región de Magallanes, pudiera ver las miles de viviendas enbanderadas con banderas negras, persigue a los operadores políticos de La Moneda y sus secundones de Punta Arenas.

Linda verguenza se pueden pasar en Magallanes: me resulta inimaginable esa veloz comitiva presidencial corriendo a más de 100 kms. por hora por la carretera que baja del Aeropuerto Presidente Carlos Ibañez del Campo de Punta Arenas, con los vidrios polarizados, las motocicletas y radiopatrullas con sus intermitentes rojos, tratando que el Presidente de la República no vea esas banderas regionales y esas multitudes de magallánicos protestando por el alza del gas que había decretado SU gobierno.

Valiente Presidente el que prefiere quedarse unas horas aburriendose en el aeropuerto (no hay ni bancas para sentarse en ese enorme edificio…) antes que “bajar al pueblo” y atreverse a tomar contacto con la realidad magallánica de la que sus asesores, ministros, seremis, intendentes y expertos comunicacionales entienden tan poco.

¿Cómo se vé la ciudad de Punta Arenas, capital de la región de Magallanes, desde la distante distancia de los 12 kilómetros que la separan del aeropuerto…?

… …

EL OVEJERO DE MI TIERRA

El futuro del gas en Magallanes: el concepto del precio justo

En la región de Magallanes, un amplio y multifacético movimiento ciudadano transversal y dinámico, producido durante la primera quincena de enero de 2011, ha puesto en entredicho las condiciones de la tarificación del gas natural que sirve como combustible básico, imprescindible y esencial para todos los domicilios, todo el alumbrado, y toda la actividad productiva.

 Las multitudes de ciudadanos movilizados alrededor de la Asamblea Ciudadana de Magallanes, una red de alrededor de 20 organizaciones sociales  y territoriales de toda la región, lograron revertir una decisión impolítica del directorio de ENAP, consiguieron la renuncia del Ministro de Minería Ricardo Reineri, cuestionaron políticamente a todo el Gobierno Regional de Sebastian Piñera en la región y obligaron al gobierno central a enviar al Ministro Golborne a negociar un acuerdo con las organizaciones ciudadanas, acuerdo que traslada el problema al Congreso mediante un proyecto de ley y pospone la decisión de alza hasta octubre del 2011.

El problema del gas en Magallanes no está resuelto.

Porque hay un tema mucho más profundo en esta materia…valga la redundancia…

 No obstante la amplitud del movimiento, en el fondo del conflicto por las tarifas del gas en la región de Magallanes (gas que es producido en la propia región), sin embargo, muchos parecen haber soslayado un aspecto que pocos han examinado con detenimiento: es la cuestión del precio del gas en Magallanes.

 Hay aquí un conjunto de preguntas que no han querido ser respondidas abierta y transparentemente a la ciudadanía:

 ¿Cuál es el precio al cual ENAP está vendiendo el gas de Magallanes a la empresa Methanex?  Si estamos en un mercado libre, ¿cómo se explica que el precio y el contrato de suministro de gas de ENAP a la multinacional Methanex, son precios y contratos secretos?

 Pero aquí surge una pregunta de inconfesables repercusiones económicas, sociales y políticas.

 Sabemos cuál es el precio al cual los ciudadanos magallánicos estamos pagando el gas que nos vende la distribuidora privada GASCO: US$ 3.19 el MMBTU, y entendemos que ENAP le cuesta producir el gas a un valor de US$ 1.3 el MMBTU.

 Cabe entonces preguntarse: ¿porqué y bajo qué argumento de racionalidad económica la empresa GASCO recarga en un 250% el precio del gas que producimos los magallánicos y que nos venden cotidianamente?

¿Dónde están y en qué consisten las enormes y cuantiosas inversiones que ha hecho y hace GASCO en la región de Magallanes como para justificar tan desmesurada ganancia que sale de los bolsillos de más decenas de miles de consumidores magallánicos?

¡Con razón el exMinistro Reineri tuvo que reconocer (…ahora…) que no se pueden comparar los precios del gas en Magallanes con los de Santiago allá en Chile…!

 Explicado en términos simples para el entendimiento de todos los ciudadanos, los datos son extremadamente simples: ENAP le vende gas natural a GASCO a un precio de US$ 1.3 el millón de BTU, y GASCO nos vende ese mismo gas natural (ya elaborado) a US$ 3.19, es decir, la distribuidora obtiene un margen de ganancia de un 250% sobre el producto que nos vende.

 ¿Cuán eficiente es una empresa (según las leyes clásicas de la economía) que tiene que remarcar (“marginar” en jerga usual) en un 250% su precio de venta?  ¿Qué criterios de rentabilidad explican ese brutal incremento de un 250% que pagan los usuarios magallánicos por el gas que se encuentra en nuestro propio subsuelo?

 ¿Y SI TRABAJÁRAMOS CON EL CONCEPTO DEL “PRECIO JUSTO”?

Surge entonces a partir de estas interrogantes, un concepto distinto para enfocar la problemática del gas natural en Magallanes, concepto que supone tomar en consideración no solo los aspectos estrictamente mercantiles y contables del asunto del precio, sino también recurre a las dimensiones sociales del tema.

 Podría decirse el concepto de precio justo supone un precio que tome en consideración las condiciones geográficas y climáticas de zona extrema, los factores económicos de costo real y de retribución racional de la inversión realizada y las dimensiones sociales que implica vivir en la región más austral del territorio nacional donde el gas natural no es un lujo sino que es un servicio básico esencial e imprescindible para el funcionamiento de la región y de sus habitantes.

 Si el problema del precio y de la tarificación del gas natural en Magallanes es abordado exclusiva y estrechamente desde una dimensión económica y economicista, bajo la lógica de oferta-demanda y de los monopolios naturales, bajo los criterios de la rentabilidad de las empresas involucradas en el negocio gasífero en esta región, corremos el riesgo de caer dentro de la racionalidad capitalista excluyente que asocia el precio del gas que la región produce a un binomio, a un constructo aritmético, desconociendo que siendo éste un mercado monopólico, la empresa distribuidora nos castiga diariamente con el 250% de recarga sobre el valor al que compra el producto a ENAP.

 Se da en Magallanes una doble paradoja –impresentable desde el punto de vista ético y social para la ortodoxia capitalista y neoliberal- que nadie quiere abordar valientemente: ENAP  (una empresa estatal monopólica) le vende el gas a una empresa extranjera (Methanex, una multinacional monopólica) a un precio mucho menor que el que pagamos los magallánicos (empresa que absorve 10 veces más gas que todos los habitantes de la región, lo que explica que aparentemente las reservas del subsuelo parecen agotarse…), mientras la empresa distribuidora (GASCO, una empresa distribuidora monopólica), nos recarga un 250% sobre el precio al cual ENAP le vende nuestro gas.

 El capitalismo y el modelo neoliberal de desarrollo en Chile, presenta una seria cojera  moral y social en Magallanes.

 Manuel Luis Rodríguez U.

Nuestra semana rabiosa – Escribe Ramón Arriagada

NUESTRA SEMANA RABIOSA.

 Escribe : Ramón Arriagada

 Trato de recordar quien fue el personaje  que  difundió aquello  que  “ la buena política es hacer creer a los pueblos que son libres”.  Los gobiernos son calificados a partir de su capacidad para domesticar  a sus ciudadanos;  crear un clima social  tranquilo para que el modelo de dominación no se deteriore; en democracia, tratan de usar lo menos el garrote y más  la persuasión. Todo a través  de sus aparatos comunicacionales neutralizando a los menos informados,  que siempre son mayoría.   

 No era extraño, por lo tanto,  que  los gobiernos de la  Concertación,  después de casi veinte años, manejaran a la perfección los medios para evitar desbordes sociales.  Los pescadores artesanales  en Magallanes,  bien lo experimentaron. A una toma  caminera, era de esperar la represión como recurso específico del método  de gobernar.  Con lujos de detalles escuché esas historias de botes en llamas, lacrimógenas y correteadas  a manifestantes por la inmensidad de la pampa.   

 Algún día se sabrá con  precisión, porque al Gobierno de Piñera fue tan renuente a usar la represión, elemento persuasivo tan lógico para un  conglomerado, que prometió  a sus adherentes cautelar el orden y la propiedad privada.

 Una golondrina no hace verano, ni una gaviota se pierde en el mar. En Magallanes afloró del cuerpo social una alternativa emergente,  antisistémica y de soñadores  de autonomías.   Como todo movimiento espontáneo, bastaba una consigna para movilizarlo,  no había la intención ni remota de luchar  por la independencia de la dictadura transversal del centralismo.

 Fue un estado de ánimo, nacido como reacción a las desigualdades extremas y la marginación del  modelo económico;  hubo poder popular en las calientes  161 horas de  catarsis regionalista.  Pero,  al ser un  comportamiento colectivo, carente  de ideología, pasará a la historia como un movimiento social, hasta simpático para los historiadores y cientistas sociales que lo estudien en el futuro.  Como la  recordada Revolución Pingüina. 

 El voluntarismo de las barricadas por momentos se transformó en luchas de clases, cuya radicalización fue creciendo peligrosamente,  a medida  que avanzaban  las horas.  La autoridad y rango en los combatientes, nacía  del sacrificio en la permanencia  tras  una barricada;  mandato que se tornó peligroso, hasta para los propios dirigentes de la Asamblea.  Quienes ascendían por méritos piqueteros en la toma de decisiones, no comprendían  la necesidad de negociar de toda lucha social. Es lo que hizo temer a un parlamentario, al quinto día, con toda justeza y visión, cuando afirmó que se estaba en “las puertas de un caos social”.

 Respecto de nuestra semana rabiosa,  ésta es mi opinión,  en un debate  que recién se inicia, en donde  es necesario tomar posiciones y no permitir que otros opinen por usted.

 RAMON ARRIAGADA 

La revuelta del gas – Regionalismo, movimientos sociales y actores políticos en la revuelta del gas en Magallanes, 2011

PRÓLOGO

 Este ensayo contiene un análisis detallado de las causas, dimensiones y características del proceso de movilización social que se produjo en la región de Magallanes, Chile, en la primera quincena del mes de enero de 2011, contra el alza tarifaria del gas natural.

 Se ha adoptado aquí un enfoque multidisciplinario tanto desde la Historia Social, como de la Ciencia Política y la Sociología de manera de intentar comprender las diferentes  fuerzas en presencia, procesos y dimensiones que estuvieron en movimiento en estos eventos.

Esta es una contribución intelectual para la Asamblea Ciudadana de Magallanes, para entender y razonar el pasado, para dimensionar el presente y sobre todo, para proyectar los futuros posibles.

 Punta Arenas – Magallanes, 24 de enero de 2011.-

 ELEMENTOS PARA UN MARCO TEÓRICO:

LAS CRISIS COMO COYUNTURAS DE TENSIÓN

 La crisis de la política en la transición a la modernidad

 La Política, como práctica social y como universo simbólico, ha entrado en crisis, como una de las consecuencias de los múltiples impactos provenientes de la modernización.

 La percepción ciudadana respecto de la Política está cada vez más degradada y deslegitimada, y este es un fenómeno que trasciende las fronteras nacionales para abarcar el conjunto de la sociedad y los sistemas políticos contemporáneos.  Por lo tanto, la afirmación de que la Política, los partidos y la clase política han entrado en una prolongada crisis de legitimidad y credibilidad en la sociedad actual, no es básicamente un “argumento ideológico sesgado” –aunque pueda serlo en boca de ciertos políticos detractores de sus demás adversarios- sino que es un tópico respaldado por un cúmulo creciente de indicadores, entre los cuales las encuestas de opinión pública no son más que un factor.

 La política tradicional se ha hecho no creíble, ha perdido la centralidad de su atractivo anterior.

 La crisis de la Política es, a la vez, una crisis de la acción política, como una crisis de la percepción pública acerca de ella, es decir, de la cultura política.

 El creciente predominio del discurso y las prácticas individualistas, y la búsqueda del éxito y la realización personal, y la notoria des-solidarización de los ciudadanos respecto de la sociedad en general y del sistema político en particular, son manifestaciones exteriores de una tendencia profunda que tiene lugar en la época contemporánea: la tendencia hacia la modernidad.

 La modernidad –como tendencia estructural e ideológico-cultural dominante- se introduce en el sistema político, generando un efecto disolvente y desarticulador, de manera que las fuerzas, partidos y actores políticos tradicionales se ven enfrentados a la creciente tensión ocasionada por nuevos problemas y nuevas aspiraciones y demandas provenientes de una sociedad civil cada vez más culturalmente diversa y socialmente diversa.

 Probablemente, uno de los rasgos más significativos que denotan la crisis de los paradigmas políticos, y la propia crisis de la Política (como práctica social), reside en la pérdida de su anterior  centralidad en los procesos sociales.

 En efecto, la Política aún cuando continúa siendo uno de los procesos sociales y culturales relevantes que tienen lugar en una sociedad histórica.  Sin embargo, como efecto e impacto de la modernidad, ella ha perdido su centralidad siendo aparentemente sustituída por otros liderazgos, otros intereses ciudadanos, otras formas organizativas y comunicacionales, otros movimientos y protagonismos, y se ha convertido gradualmente, en objeto de crecientes críticas  generando una percepción social negativa en torno suyo.

Probablemente lo más serio es que la Política, y por ende, la clase política, parecen  dejar de ser el mecanismo único, seguro y válido de resolución de los problemas y las demandas de la ciudadanía, siendo parcialmente reemplazada por la Economía y la Administración pero también por la emergencia de movimientos sociales y ciudadanos que escapan a sus patrones de lectura e interpretación.

 Esta transposición da como resultado que la Política pierde su atractivo mediático ante las multitudes, así como su capacidad de convocatoria social: los ídolos y líderes que atraen a los grandes colectivos modernos –cuando ellos existen realmente- ya no son los dirigentes políticos, y los símbolos políticos e ideológicos dejan de tener un poder de evocación y de representación simbólica significativa.

 La Política –como forma de pensar la sociedad- parece desvanecerse en el universo mediático, sustituída o relativizada por otros universos simbólicos y valóricos.

 Tampoco resultaría científico atribuir éste fenómeno a la exclusiva responsabilidad de “los políticos”, por más que sobre ellos cae una nebulosa de descrédito moral.

 La crisis de la Política, es en realidad, la crisis de la política tradicional, y ella traduce en el plano de las instituciones y de los procesos políticos la crisis general que acompaña a la transición desde una sociedad anteriormente basada en valores y formas tradicionales de hacer política, hacia una sociedad en la que predominarían códigos, valores, modelos y formas organizativas modernas.

 Aquel paradigma tradicional que hacía de la Política una actividad a la vez, elitista y masiva, basada en el contacto directo y paternalista entre el político y la ciudadanía, en grandes movilizaciones masivas evocadoras de la unidad de la nación, la clase o el partido, que generaba relaciones de dependencia y cooptación entre la clase política –otorgadora de bienes, servicios, favores y privilegios- y la ciudadanía –demandante y receptora de los beneficios que descendían desde las esferas políticas y del poder- en términos de clientelismo y caciquismo, ese paradigma está siendo gradualmente barrido o superado.

 Y la manifestación más elocuente de esta crisis de la política es el surgimiento de la multitud como actor socio-político en este inicio del siglo xxi, esa multitud que Toni Negri define como “la multitud plural de las subjetividades productivas y creadoras” ([1]), sobre las que elabora Paolo Virno ([2])  y que Rheingold denomina “multitudes inteligentes” por su asociación estrecha con el uso intensivo de las TICs durante el movimiento.

 Los cambios que se suscitan se encuentran en el surgimiento de una Política moderna o con rasgos modernos y fuertemente ciudadana basada principalmente en los efectos mediáticos y de imagen, en la capacidad individual del político para alcanzar cobertura y presencia comunicacional, en la profesionalización de la actividad política y dirigente, en la ingeniería de escenarios políticos virtuales, potenciados por la aceleración del tiempo, por el manejo intensivo de la comunicación y sus contenidos, y por la circulación instantánea de la información, de manera que ésta última deviene el poder, pero también caracterizada por la creciente autonomía y el protagonismo emergente de los movimientos sociales y socio-culturales respecto de los referentes partidarios.

Seguir leyendo La revuelta del gas – Regionalismo, movimientos sociales y actores políticos en la revuelta del gas en Magallanes, 2011

¿Quiere conocer el invierno en Magallanes? ¡Venga en enero, entonces…!

OFERTA ÚNICA DE TEMPORADA…!!!

Paquete turístico especial para visitantes desprevenidos, autoridades carentes de información y turistas sin pena ni gloria…

¿Es usted  acaso Ministro u ocupa un cargo gubernamental … allá en Chile?  ¿Ejerce usted por si acaso  como Ministro de Energía, de Minería, de Gobierno u otro cargo político de alta dirección pública?  Venga a Magallanes ahora mismo en enero, venga a conocer nuestro mejor clima invernal.

Le ofrecemos, como el día de hoy, en pleno verano magallánico, agradables temperaturas no superiores a 10 grados, implacables vientos arrachados de 80 a 100 kilometros por hora,  desagradables chubascos intermitentes y esas hermosas nubes grises que adornan nuestros bellos cielos australes…!!!

Si usted viene de allá de Chile, le podemos hacer un tour por las inestables esquinas de la plaza Muñoz Gamero de Punta Arenas, para que aprenda a sujetarse con el viento magallánico.  Aprovechando nuestras prístinas playas del Estrecho de Magallanes, usted podría hacer el ejercicio de tratar de “meter los piesecitos” en el agua helada….después conversamos…

Le garantizamos:

Que las viviendas magallánicas,  donde usted se alojará, construidas con el tesón pionero de croatas y chilotes, han soportado 40, 50, 60 y más años de resistencia térmica eficiente, casas y familias que han resistido por largos decenios al clima magallánico y a la insensibilidad y el desconocimiento de los capitalinos.  Recibirá usted inavaluables lecciones de eficiencia energética

Que su casa tiene una verdadera estufa magallánica y dispone de calefacción a gas natural todo el día y toda la noche.  Usted puede apagar la calefacción también (a media mañana, o en la tarde, o en la noche), pero los onerosos gastos de salud por gripe, tos, resfriados, estornudos y enfriamientos, corren por cuenta del visitante.

Que usted verá que los niños prefieren jugar dentro de las casas, porque afuera el viento y el frío no son el mejor espacio para entretenerse…

Vestimenta de verano recomendada:

Parka de doble forro, botas de caña alta, gorros de polar, pantalones térmicos, ropa interior térmica.

Venga…lo estamos esperando…