CoyunturaPolítica

la crítica del poder y el poder de la crítica

En el día del profesor normalista: un homenaje a la Educación Pública como formadora de ciudadanos

En una declaración del Colegio de Profesores con motivo de cumplirse un nuevo aniversario de la dictación de la Ley de Instrucción Primaria en 1920, leemos:

 

“El nuestro era entonces un país muy distinto. Un país más pobre, con una red de transportes y comunicaciones que no alcanzaba a cubrir a amplias zonas del territorio, con una gran población rural y una cultura todavía presa del prejuicio y el oscurantismo.

 

Esta fecha debiera ser por lo tanto, también para el Estado, una ocasión de gran orgullo y trascendencia histórica.

 

Es la ley que hoy día se celebra la que inauguró una etapa

de expansión de la Educación Pública que nos llevó a ser líderes en América Latina.

Que incorporó a la vida cívica y cultural a vastos sectores de compatriotas que sin

educación pública gratuita, habrían visto truncadas sus posibilidades de desarrollo

espiritual, moral y social.

 

El Sistema Nacional de Educación fue, y debiera seguir siéndolo, uno de los pilares

en la construcción de la democracia, en tanto formadora de valores, espíritu ciudadano,

respeto y construcción de la identidad nacional. En las escuelas públicas convivían y

dialogaban todas las culturas, las clases, las visiones de mundo más diversas, desde

el hijo del ferroviario hasta el latifundista; el cristiano, el masón, el hijo de inmigrantes,

todos como integrantes de una misma comunidad, con valores comunes y diferencias

que también los unían.

 

Qué diferente a lo que sucede hoy en día en que tratan de convertir a la educación

en puro adiestramiento para las pruebas estandarizadas como el SIMCE o la PSU. En

que la han transformado en mercancía donde el rico estudia con el rico y el pobre con

el pobre, como si vivieran en dos países diferentes. Nuestra crítica a la LGE es justamente

que trata al sistema educativo como si se tratara de un mercado; que cree que la

equidad es conseguir que los pobres tengan educación, como si fuera una limosna;

que cree que el Estado solamente debe intervenir cuando se trata controlar y castigar

el mal uso de los fondos públicos, no de educar a un país y sus ciudadanos.

 

Es evidente que una política educativa como ésta, solamente reproduce las

desigualdades escandalosas de nuestra sociedad. Por ello fracasan todas las medidas

implementadas. Porque no van al fondo del problema, a la desigualdad social y cultural

existente en el país, porque eluden la responsabilidad de crear un sistema público de

educación, que es lo que el Estado de Chile hizo con la Ley de Instrucción Primaria,

allá por 1920.

 

Cegadas por su dogmatismo y su resistencia a ver la realidad, muchas autoridades

acuden al expediente fácil de endosar la culpa de los magros resultados del sistema

a los docentes. Pese a ello, sin embargo, los maestros y maestras todos los días

enfrentamos en nuestras salas de clases la desigualdad, la pobreza y la ignorancia, en

cumplimiento de nuestro deber profesional y ético.

 

Esperamos de las autoridades del Estado solamente condiciones adecuadas para hacer lo que sabemos y es nuestra vocación y para que nuestros alumnos puedan aprender con dignidad y de esta manera, hacer de la escuela un lugar para construir una sociedad verdaderamente democrática.”

(www.colegiodeprofesores.cl)

 

Adherimos plenamente a estos conceptos.

 

Manuel Luis Rodríguez U., Cientista Político

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Autor: Manuel Luis Rodriguez

Sociólogo, Cientista Político, académico, comunicador.

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