CoyunturaPolítica

la crítica del poder y el poder de la crítica


Deja un comentario

El (falso) dilema entre tecnocratismo y la participación ciudadana

Los dos riesgos más frecuentes que corren los gobiernos y los Estados en las sociedades emergentes al desarrollo son el populismo, alimentado por la abundante provisión de recursos fiscales y presupuestarios y el deseo irrefrenable de satisfacer las encuestas y el voto popular, y el tecnocratismo, siempre disfrazado bajo la doctrina del ¨gobierno de los mejores¨ y de la falacia que los técnicos y profesionales saben mejor qué es lo que necesitan los ciudadanos.

Entre ambos extremos del dilema, se inscribe la noción del modelo de lo público, de la participación ciudadana y de la gestión pública basada en criterios político-técnicos.   Según esta visión contemporánea del ejercicio del poder y la autoridad, los técnicos y los políticos, los criterios técnicos y los criterios políticos no se superponen unos a otros, no se desconocen mutuamente, no se contraponen en la toma de decisiones, sino que, por el contrario, construyen en común un estilo de gobierno y de proceso de toma de decisiones, en el que quienes adoptan las decisiones consideran todos los elementos técnicos específicos del problema a resolver, pero conocen y reconocen también las implicancias y los efectos sociales y políticos de las decisiones tomadas.

Los criterios técnicos aseguran la sustentabilidad presupuestaria, la pertinencia y la eficiencia de los proyectos, programas y políticas públicas, pero los criterios políticos (con frecuencia despreciados y dejados de lado) aseguran la legitimidad y la sustentabilidad social de las políticas y decisiones.   Y el nexo que asegura que los criterios políticos se combinen adecuada y oportunamente con los criterios técnicos es el ejercicio constante, dinámico, abierto, transparente e inclusivo de la participación de los ciudadanos en el proceso de toma de decisiones de la política pública.

La clave del problema es entender que la participación ciudadana no opera ex-ante o ex-post de la política pública sino a lo largo de todo el proceso de decisión de la política pública.

Luego la participación ciudadana, entendida como la consulta e intervención de los ciudadanos en todo el proceso de toma de decisiones de la política pública (diseño, elaboración, implementación, evaluación), no es una contraparte de las decisiones técnicas, sino que ambas son consustanciales al ejercicio de la autoridad en una democracia que se precia de moderna.

Manuel Luis Rodríguez U.

brujula-1


1 Comentario

Soberanía? – Dalivor Eterovic

Sin duda la lectura del fallo de La Haya ha marcado la agenda noticiosa de los últimos días y es natural que así sea, dada la transcendencia que los temas limítrofes tienen para los países.

Sin embargo de esta situación también es posible extraer algunas apreciaciones generales que dan cuenta de la mirada que los chilenos tenemos respecto de estos temas y de cómo se abordan estas situaciones en otros países.

Dejando fuera análisis a aquellos sectores reaccionarios, vinculados al neo nazismo, a los nacionalismos exacerbados, a la extrema derecha y al fascismo, presente en todos los países de américa y el mundo, es posible colegir que la posición mayoritaria de los pueblos, es también reflejo de la realidad interna de los mismos.

En el caso particular de nuestro país, subyacen al menos dos Chiles.  El de los propietarios de los recursos naturales y el capital y el Chile de los trabajadores y gente común que habita cada rincón del territorio.

Así la mirada de soberanía que tienen unos y otros puede ser diametralmente opuesta.

Para unos el tema es netamente económico y comercial, por lo tanto  lo que requiere es la defensa  a todo evento,  de estos intereses ya que los que se pone en riesgo son los millonarios negocios que estos sectores mantienen y/o eventualmente puedan desarrollar en el futuro.

En el otro  extremo se encuentran los habitantes de estas zonas  limítrofes, Chilenas y Chilenos que entienden la soberanía como la presencia permanente, con o sin apoyo del estado, para desarrollar estas zonas, por la vía de la radicación y la construcción de comunidades que  procuran el bienestar económico y social a escala humana, esfuerzo que en muchos casos han pasado inadvertidos por décadas para los propios connacionales.

Esta concepción de soberanía requiere de apoyo decidido del estado chileno, cosa que no ocurre, y que plantea contradicciones tales como que nuestros compatriotas deben recurrir al apoyo extranjero para resolver las necesidades más básicas.

Literalmente desde Arica a Magallanes, en cada localidad fronteriza o cercana a la frontera,  Nuestros compatriotas encuentran apoyo en aspectos como: mejores condiciones laborales, atención médica, abastecimiento de insumos básicos, educación, entre otros, en los países vecinos.

Así se hace soberanía en Chile, con el apoyo fundamental de las comunidades vecinas extranjeras y en cierto modo, y así debe ser siempre desde la perspectiva del apoyo mutuo que debe existir entre los pueblos hermanos, sin embargo  son nuestros propios compatriotas los que hoy demandan mayor atención y apoyo desde el propio estado Chileno. Si avanzamos en esa dirección  podremos decir con la frente en alto que la soberanía del territorio chileno no se transa.

Por el contrario, si esto no ocurre, nadie puede culpar a esa parte de los chilenos que no constan en ninguna nómina y que no son parte ni de políticas sociales, ni de miradas geopolítica alguna, ya que no son rentables, o simplemente representan el 1% o menos de los votos,  a que prefieran adoptar otras culturas y en definitiva se identifiquen más con pueblos hermanos que con el propio.

Esa es a mi juicio, la verdadera soberanía.

Escribe Dalivor Eterivic Diaz.

CORE Electo por Magallanes.

dalivor11


2 comentarios

La implosión: requiem para el binominal

El sistema político y en particular, el sistema de partidos políticos en Chile ha hecho implosión.

Adoptando una metáfora de las ciencias físicas, entendemos como implosión a un fenómeno complejo donde los límites (o muros) de cada conglomerado se hunden hacia el interior y donde la proliferación de actores rompe los límites del sistema.  Trasladado a la realidad del sistema político y de partidos, entendemos la implosión como un proceso y una tendencia de corto y mediano plazo donde el esquema de duopolio de coaliciones y partidos predominante desde 1990 como efecto del sistema electoral binominal, ha estallado en numerosas partes componentes, dando lugar a una exuberante proliferación de partidos y movimientos.

Sostenemos la hipótesis que la creciente diversidad de actores políticos (partidos y movimientos) en nuestro país, excede la capacidad del sistema binominal para mantenerlos a todos dentro de un esquema de dos coaliciones.   La bipolaridad del duopolio de coaliciones ha estallado no solo porque cada conglomerado se agotó en si misma (la Concertación se agotó siendo coalición gobernante y la Coalición de derecha se agotó precisamente cuando llegó al gobierno), sino precisamente porque dicho agotamiento obedece a una proliferación creciente de partidos cuya orientación política no se “conecta¨con la orientación de esas dos coaliciones.

Cuando comienzan a aparecer más actores políticos fuera de las coaliciones binominales, quiere decir el esquema binominal se ha agotado.

Una de las razones fundamentales de la instalación del binominal, arguidas por el gremialismo gobernante con la dictadura fue la necesidad de evitar la proliferación de partidos, considerada a su vez -por los ideólogos autoritarios y neoliberales chilenos- como una de las causas principales del colapso de la democracia en 1973.

La realidad ha vuelto a imponerse sobre las teorías de los ideólogos de la dictadura: el sistema binominal no sirve para estructurar un sistema de partidos cada vez más complejo y diverso.

El escenario del 2009-2010 fue el de la implosión del campo socialista dentro de la Concertación, produciendo numerosas fugas.

El escenario del 2013-2014 es de la implosión de la derecha.   El duopolio prevaleciente entre las dos coaliciones, de centro-izquierda y de derecha, no son suficientes para dar cuenta del nuevo escenario socio-político.

Desde 2009 el PS hizo crisis con la formación del PRO y del Movimiento Socialista Allendista, crisis que se manifestó en la proliferación de candidatos presidenciales provenientes del tronco historico socialista. Hoy resulta evidente que la implosión socialista fue un antecedente de la crisis final de la Concertación en 2010.

La implosión del campo de la derecha en el 2013 y 2014 se manifiesta en particular en la proliferación de actores liberales y regionalistas. Hasta el momento han renunciado 3 senadores y 4 diputados a RN.  Desde el quiebre de la Coalición por el Cambio emergen nuevos grupos de derecha que se declaran de orientación liberal  como Evópolis, Renovación Liberal, Red Liberal, Horizontal  y Amplitud.  Al interior del amplio campo de los liberales aparece tambien Fuerza Pública.

Y dentro del campo de los llamados regionalistas, el PRI (permanente aliado de la coalición UDI-RN) es insuficiente para dar cuenta de los nuevos fenómenos y aparecen otros movimientos como Democracia Regional.

La implosión de la Concertación superada por el nuevo cuadro político, conduce a la formación de la Nueva Mayoría, un conglomerado de 7 partidos alrededor de la figura de Michelle Bachelet y de un programa común de gobierno, mientras que la implosión de la Coalición por el Cambio todavía no ha terminado de asentarse.

La historia política de Chile ha registrado desde mediados del siglo XIX un fenómeno propio de un sistema político en constante movimiento y renovación: la multiplicidad de partidos políticos; desde esta perspectiva el sistema binominal fue una tentativa por disolver la diversidad de partidos dentro de un esquema dual que finalmente resulta insuficiente pata dar cuenta de la diversidad de actores del sistema.

Manuel Luis Rodríguez U.

pluma1


Deja un comentario

La fronda aristocrática

La crisis política e ideológica por la que atraviesa la derecha, continúa como una novela por capítulos, cada uno de los cuales trae sus propios episodios imprevistos e insólitos.

Uno de los aspectos más insólitos y paradójicos de este cuadro de crisis es que siendo la candidata derrotada en la presidencial Evelyn Matthei de la UDI, ocurre que la crisis estalla dentro de RN.

Pero, no perdamos de vista lo esencial: este es un problema de clase.

UN PROBLEMA DE CLASE Y DEL MODELO.

La derecha politica -representante directa de la derecha económica- sabe que en su esencia, lo que está en juego en este cambio de ciclo político al que asistimos, no es un proyecto de ley más o menos en el Congreso, es algo mucho más estratégico.  Lo que está en juego es la pervivencia del modelo neoliberal de dominación política y económica.  Lo que está en juego es cambiar el sistema electoral para destrabar el cerrojo constitucional: lo que está en juego es cambiar la Constitución para darle legitimidad a un orden democrático inclusivo y ciudadano.

Es la misma derecha de la que hablaba Alberto Edwards, pero versión siglo XXI,  movilizada e incómoda porque percibe que la estructura de privilegios y de desigualdades vigente y que la beneficia políticamente, pudiera verse cuestionada.

La crisis de la derecha es la crisis del “modelo¨neoliberal.

La crisis de la derecha comenzó con el gobierno de Piñera.

Todo comenzó el 2011.

En su verdad histórica, la crisis actual de la derecha comenzó con los grandes movimientos ciudadanos del 2011, cuando las multitudes reclamaron por educación sin lucro, pero también cuestionaron política e ideológicamente las bases fundamentales de sustentación del modelo neoliberal dominante: la Constitución de 1980, el sistema binominal, el sistema de AFP…

Se trata de un proceso de degradación y decadencia de la posición hegemónica de la derecha, que se desencadenó tan pronto comenzado el año 2013  -habrá que recordarlo- con la sorpresiva caída de la candidatura independiente de Laurence Golborne, una postulación que se derrumbó por sí misma por las graves denuncias a propósito de las repactaciones unilaterales de la empresa Cencosud mientras Golborne era su gerente general y por la información pública y el escándalo ocasionado por la denuncia de los depósitos de capitales ocultos por Golborne en un paraíso fiscal en Islas Vírgenes británicas.

El segundo momento de la crisis es la sorpresiva renuncia de Pablo Longueira a la candidatura presidencial, a pocos días de su triunfo en las primarias del sector.   La explicación de su renuncia por “razones de salud¨siempre ha resultado insuficiente, a la luz de su comportamiemto político posterior.

Pero la renuncia de Longueira a la candidatura presidencial -entre otros efectos- ocasionó un quiebre entre RN y la UDI donde la posición de Allamand fue clave para contribuir a debilitar la cohesión de la alianza y donde apareció claramente que la estrategia política desplegada desde La Moneda era la de promover la candidatura de Matthei, aunque dentro de RN no haya habido unanimidad para ese apoyo.

La mejor demostración que dentro de RN hubo resistencia a participar en la campaña de la candidata de la UDI, es que en gran parte del país, las campañas parlamentarias de RN se hicieron sin la figura publicitaria de Evelyn Matthei.

En algún punto y en algún momento, dentro de la coalición de derecha se quebraron las lealtades básicas.   Una lección que ya vivió la exConcertación y que resulta una experiencia de todas las coaliciones políticas.

Una de las causas principales de la derrota de la derecha en las elecciones presidencial, parlamentaria y de consejeros regionales, es que el conjunto de la coalición (integrada por 3 actores: RN, la UDI y el gobierno) desplegaron dos y acaso tres estrategias disímiles y hasta contradictorias: mientras la UDI trabajaba por su candidata presidencial a pesar del pronóstico adverso anticipado por las encuestas, RN trataba de ganar las parlamentarias y La Moneda jugaba la carta de posicionar a Sebastián Piñera como el más seguro candidato a las presidenciales del 2017.

Mientras la coalición trabajaba (a regañadientes…y dividida) para la elección presidencial del 2013, La Moneda adelantó inncesariamente el calendario electoral y trabajaba y sigue trabajando para la presidencial del 2017.

EL TRAUMA POST-ELECTORAL.

El trauma post-electoral de la derecha solo viene a agudizar una crisis larvada desde los recientes años: la proliferación de movimientos y referentes (Evopolis, Horizontal, Red Liberal, Renovación Liberal, Amplitud…) es una señal clara que hay un cuadro de implosión, pero donde los nuevos grupos creados son solo botes salvavidas para escapados y renunciados de los partidos principales de la derecha.

El peso emergente del piñerismo tampoco puede ser descartado como un elemento relevante en la ecuación de la crisis: defender la obra de Piñera se convirtió en el eje articulador de un nuevo actor que podría tener el mismo destino de corto plazo que tienen todos los movimientos personalistas, carismáticos y populistas.

La disputa que tiene hoy lugar en el campo político de la derecha, no es solo por la “defensa¨de la obra del gobierno de Piñera, sino sobre todo es una  batalla interna por la hegemonía y el liderazgo en el sector de cara al nuevo ciclo emergente y de cara al próximo gobierno.  Piñera probablemente no será ese lider indiscutido dentro de la derecha, sobre todo si se considera que los exPresidentes pierden peso y relevancia desde que abandonan el cargo.  No está definido quién será el lider e interlocutor principal de la oposición de derecha frente al nuevo gobierno.

La derecha parece estár fagocitandose a sí misma: los tres diputados RN que renunciaron permanecen dentro de la misma coalición, integran la misma bancada RN y quieren formar un partido que permanezca dentro de la alianza, dando una prueba de realismo suicida mientras permanezca vigente el sistema binominal.

Podría argumentarse que finalmente, la derecha chilena esta vez, no solo no supo administrar su victoria, sino que tampoco ha sabido administrar su derrota.

Manuel Luis Rodríguez U.

pluma1


Deja un comentario

Un lento desangramiento

La crisis actual de la derecha en Chile, presenta algunos rasgos similares a la crisis de la Concertación en 2009, pero también se diferencia de aquella, por el contexto político y electoral y por el impacto de este lento desangramiento de la coalición dentro de las instituciones políticas.

En 2009 la proliferación de candidatos presidenciales salidos del tronco común del Partido Socialista (MEO, Arrate…), y la derrota de Eduardo Frei Ruiz-Tagle en segunda vuelta, fueron signos notorios del agotamiento de la Concertación, algo que llamamos en su tiempo “una falla de materiales en la construcción concertacionista”.

SIGNOS PRECURSORES.

En 2013 los signos de advertencia de la crisis de la derecha, tuvieron como epicentro las elecciones presidencial, parlamentaria y de consejeros regionales.

La caída sucesiva de dos candidatos presidenciales en menos de 6 meses (Golborne por sus ocultos capitales en Islas Vírgenes británicas y el escándalo de las tarjetas Cencosud, y Longueira por una depresión originada en la percepción certera de la derrota inminente), fueron señales de una crisis abierta dentro del “sector”.  La UDI terminó por imponer a la fuerza a su propia candidata, para impedir que Allamand compita por la coalición, de manera que la derecha terminó saboteando sus propias elecciones primarias y sacrificando con sus propias divisiones y conflictos su oportunidad de “repetirse el plato” en esta presidencial.

La derrota electoral de la derecha es en todos los planos: perdieron la presidencial en primera y segunda vuelta, perdieron la parlamentaria y perdieron la mayoría de los Consejos Regionales.  Ni la más afiebrada versión del libro “El desalojo” de Andrés Allamand podría haber imaginado que sus vaticinios para el 2010, se cumplieron el 2013 para su propio sector político, solo que tendría que ponerle como subtítulo “Porqué la derecha debe irse el 2014″…desalojo

La derecha ya no es hoy día ese extraño duopolio liberal-conservador con RN y la UDI: ahora le salieron al paso grupos de políticos como Evopolis y Horizontal que tratan de dibujar un espacio menos extremista, menos integrista, menos dogmático, e incluso menos ultraconservador, porque la derecha perdió su centro…literalmente.

En la historia quedó ese grupo llamado “Chile Primero” que sirvió de mascota de Piñera en la elección del 2010, pero que solo operó como efímera “oficina de contrataciones diplomáticas”.

Dicho sea de paso, la salida del senador Antonio Horvath de RN para irse a formar un movimiento “Democracia Regional” refleja además la crisis política y de identidad de los grupos y partidos de denominación “regionalista e independiente”, que han resultado al fin de cuentas en “vagón de cola” del tren de la UDI y RN.

La aparición de una candidatura extemporánea como la de Franco Parisi, que se llevó el 10.11% de los sufragios, situada en el espacio político de la derecha liberal, necesariamente refleja que la derecha ha perdido su cohesión esencial de los años 90.  Ese 10.11% de Parisi, sumado al 25.01% de Matthei en primera vuelta, se habrían acercado a la votación histórica de la derecha…pero no, la candidata de la UDI se dedicó a destruir la postulación de Parisi al precio de sacrificar esos 665.000 votos para la segunda vuelta.

La crisis de la derecha en 2013 se origina fundamentalmente en la negativa percepción mayoritaria de la ciudadanía ante la gestión del gobierno de Piñera, aunque el piñerismo trate de sonreir ante las cámaras, diciendo que es el mejor gobierno que ha tenido Chile desde la administración del Gobernador don Pedro de Valdivia.

Por eso, el fracaso de Matthei es el fracaso del gobierno de Piñera y el fracaso de ambos es el fracaso político y electoral más severo que experimenta la derecha desde 1990.

LA SANGRE SALE POR LA HERIDA

Pero además, para el sector el año 2013 fue un mal año: coincidió la elección presidencial con la conmemoración de los 40 años del golpe militar y, mal colocados en su propia complicidad directa o indirecta, pasiva o activa, ideológica y política, personal y grupal o familiar, los candidatos y líderes de la derecha (salvo algunas excepciones honrosas pero minoritarias) no supieron y no pudieron asumir su parte de responsabilidad en los hechos.

Culparse o autoinculparse significaba perder ese segmento del electorado nostálgico de la derecha que son los ex-uniformados y el pinochetismo: el episodio del cierre del Penal Cordillera, carcel cinco estrellas para violadores a los DDHH, ayudó a desnudar las incoherencias de la derecha, atrapada entre su propio pasado y atada de manos ideológicamente para reconocer los nuevos tiempos y el cambio cultural que vive esta sociedad.

El pobre juego semántico que mostraron unos y otros entre “dictadura o régimen militar”, “golpe militar o pronunciamiento”, “golpe militar o golpe cívico-militar” no fue más que una fotografía instantánea de los profundos lastres históricos que arrastra la derecha chilena, incapaz de negar su pasado sin desangrarse y condenada a desangrarse si quiere construir otro futuro.   Las violaciones a los derechos humanos no producen votos, sino solo verguenza.

UNA CRISIS QUE OCULTA OTRA CRISIS

Aqui no es solo la crisis de la derecha, sino que esa crisis es un sismo superficial de una falla mayor que afecta al sistema político y al sistema electoral.   El sistema binominal terminó “pasándole la cuenta” a sus propios ideólogos y defensores más acérrimos, porque lo que ha cambiado no es el Estado o el orden político, sino la sociedad en su conjunto y la ciudadanía en general.

El binominal que inventaron Guzmán y los civiles de la dictadura, bajo la ideología de la seguridad nacional y la “guerra fría” de fines de los años 80, ya no sirve para reflejar electoralmente ni políticamente una sociedad diversa, movilizada y empoderada en el segundo decenio del siglo XXI.   El sistema político fue inventado por la dictadura para ordenar y acartonar el cuadro de partidos políticos dentro de dos bloques competitivos, y resulta que hoy cada coalición tiene a su derecha y a su izquierda una suma de partidos y movimientos que expresan una diversidad política, social, cultural y territorial que ya no cabe dentro del sistema.

Manuel Luis Rodríguez U.

pluma


Deja un comentario

El Estado, el servicio público y la herencia del gobierno de Piñera

Si hay un rasgo que ha distinguido a la labor política y administrativa del Gobierno de la coalición de derecha en Chile, es su constante faena de socavamiento de la función pública y del servicio público.

Como si la ideología ultra-neoliberal de los equipos de gobierno, imbuidos de un ciego mesianismo y de un fanatismo privatizador, les hubiera incitado a actuar de manera que su gestión termine por cuestionar y perforar la credibilidad de los servicios públicos y, en última instancia, del Estado.

No hay peor enemigo del Estado y de la función pública, que aquel gobernante instalado dentro del Estado, convencido por una ideología neoliberal, mercantil y privatizadora y decidido a aplicar esa ideología a todo evento.   Desde esta perspectiva el neoliberalismo y la democracia son antinómicos, contradictorios, desde la perspectiva de la función pública y del Estado.   El neoliberalismo es ideológica y políticamente contrario a la función pública y al servicio público, porque entiende al Estado y a la administración, como un bien de consumo transable en el mercado y como un agente privado más entre los demás agentes privados.

El gobierno de Piñera, siguiendo y extremando una tendencia proveniente de los gobiernos concertacionistas y aplicando un libreto neoliberal ultrista, se ha dedicado a socavar la función pública y el servicio público.

La lista de ejemplos que confirman esta afirmación llenarían varias páginas.

Pero aquí mencionaremos solo los casos más relevantes y conocidos: los miles de despidos de funcionarios (15.000 según denuncia la ANEF) en el primer período de la administración, para hacer espacio a los operadores políticos y al cuoteo del gobierno Piñera; el lamentable “caso Pereira y Perdonazo a la empresa Johnson’s por el Servicio de Impuestos Internos”; las irregularidades en ChileDeportes en 2010; el caso del Minvu con la empresa Kodama; el caso de los sospechosos traspasos de fondos del INDAP;  el escándalo de la Comisión Nacional de Acreditación; el caso del programa “Manos a la Obra” del Ministerio del Interior con tres empresas para la reconstrucción; el desastroso caso del “Censo 2012″ aun pendiente; el fiasco del caso de la “Encuesta CASEN” con que se pretendió manipular en el Ministerio de Desarrollo Social las cifras de pobreza; el muy actual ejemplo del Servicio de Registro Civil e Identificación;

¿Podría colocarse en este balance de la herencia del gobierno de Piñera, la rotativa de ministros en algunas carteras claves del Ejecutivo?  En tal caso, cabría señalar los 4 Ministros de Defensa, los 6 Ministros de Energía o los 4 Ministros de Educación que ha tenido este gobierno, en 3 años y medio de gestión.

Pero, esto no es todo.

El gobierno de Piñera ha ejercido el poder, bajo una concepción [ideológicamente ultra-neoliberal] que considera al Estado como si fuera un agente privado, un cliente más dentro del mercado, como si el aparato estatal operara como una empresa de servicios bajo una lógica gerencial y mercantil.

Hay que mencionar además, los interminables conflictos de intereses que mostró el gobierno de Piñera en los nombramientos de Ministros, Subsecretarios, Intendentes, Gobernadores y Jefes de Servicios, que marcaron también su administración.

Ahora bien, dentro de este registro somero de las acciones y omisiones del gobierno de Piñera contra el Estado y la función pública, ¿no habría que incluir también el constante ataque político y comunicacional que ha realizado este gobierno contra los jueces, contra la Corte Suprema, contra los Fiscales y contra el Poder Judicial en su conjunto, intentando culpar a los jueces de su propio fracaso en el control de la delincuencia, aún a riesgo de ponerse en el límite de la legalidad que asegura la separación e independencia de los poderes del Estado?

Manuel Luis Rodríguez U.

pluma


Deja un comentario

Desde el poder constituyente a una nueva Constitución

La tradición constitucional en Chile está basada en el concepto y en la costumbre oligárquica que los textos constitucionales se orginan en mecanismos elitistas, replicando en las instituciones la formación social que sustenta a todo el edificio estatal.

Un segundo dato de la historia constitucional chilena, que no puede dejarse de lado: todas las Constituciones de la República surgen de procesos históricos  y momentos políticos caracterizados por la crisis y el conflicto.   Las Constituciones son convenciones, son marcos normativos y arreglos políticos e institucionales destinados a normar el orden político, pero también cada carta constitucional es un campo de fuerzas, es una expresión jurídica de un determinado estado y correlación de las fuerzas políticas y sociales en un momento específico de la historia.

Este ensayo -desde una perspectiva multidisciplinaria de la Ciencia Política y de la Historia Política- intenta formular una hipótesis de interpretación histórica a la luz de la actual demanda ciudadana de una asamblea constituyente en nuestro país.

EL ORIGEN ELITISTA Y TURBULENTO DE LAS CONSTITUCIONES EN CHILE

La carta constitucional de 1811 surge de las primeras convulsiones del proceso de la independencia (http://www.bcn.cl/lc/cpolitica/1811.pdf); similar fue el caso de la carta de 1812  elaborada por José Miguel Carrera (http://www.bcn.cl/lc/cpolitica/1812.pdf) y del reglamento constitucional provisorio de 1814 (Reglamento para el Gobierno Provisorio de 1814), y finalmente la Constitución de 1818 se redacta al calor de las batallas finales de la independencia (http://www.bcn.cl/lc/cpolitica/1818.pdf).

Entre 1818 y 1830, una sucesión de textos constitucionales (http://www.bcn.cl/lc/cpolitica/1822.pdf), asociadas a los conflictos y tensiones regionales y las luchas entre conservadores y liberales y entre latifundistas y comerciantes, además del controvertido proyecto federalista en tensión con las intenciones centralizadoras de la oligarquía santiaguina (http://www.bcn.cl/lc/cpolitica/1823.pdf) (http://www.bcn.cl/lc/cpolitica/1828.pdf), reflejan el estado de convulsión de la naciente República.

Hay sin embargo, dos antecedentes de asamblea constituyente en la Historia de Chile, en 1823 y en 1826.

En efecto, el Congreso Constituyente de 1823 tuvo por tarea redactar la Constitución de 1823 y el Congreso Nacional convocado y elegido en 1826, tuvo un carácter constituyente, es decir, fue elegido por la ciudadanía de la época, con el propósito de producir un texto constitucional nuevo.  El 15 de junio de 1826 se constituyó este “Congreso Jeneral Constituyente” con 65 diputados elegidos el 15 de mayo anterior.

A su vez, la Constitución de 1833 (http://www.bcn.cl/lc/cpolitica/1833.pdf) surge de la crisis de la tentativa federalista y de la guerra civil de 1830, al tiempo que la Constitución de 1925 (http://www.bcn.cl/lc/cpolitica/1925.pdf) emana de la crisis del parlamentarismo que se venía incubando desde fines del siglo XIX y finalmente, la Constitución de 1980 (http://www.leychile.cl/Navegar?idNorma=242302) surge del proceso político de crisis y derrumbe de la república presidencialista instaurada en 1925, del golpe militar contra el gobierno de la Unidad Popular y la instalación de la dictadura militar.

Todas las Constituciones en la historia de la República en Chile han surgido de alguna crisis política e institucional profunda y de alguna redistribución violenta del poder y de algún cambio brusco y conflictivo de la correlación de fuerzas políticas.   Más aún, la historia política de Chile muestra que cada Constitución que ha regido la República ha sido la expresión política de la hegemonía de un sector político sobre todo el sistema político; cada Constitución ha sido la carta política de los vencedores que han logrado hacerse con el poder del Estado tras un conflicto político amplio y  profundo.

En la historia de Chile, las Constituciones las han escrito los vencedores.

En particular la Constitución de 1980 surge de un acto de violencia política, emana de un proceso de destrucción de la República por parte de las fuerzas militares golpistas y sobre cuyas ruinas se elaboró una carta constitucional vertical, presidencialista, centralizada y basada en la ideología de la subsidiariedad del Estado, conforme a los intereses de la oligarquía empresarial que propició y se benefició con el golpe militar que le dió origen.   De estos elementos surge la ilegitimidad moral de la Constitución de 1980, además que el plebiscito constitucional para ratificarla se hizo en condiciones de estado de sitio, censura de la prensa y de la oposición y de manipulación total de los sufragios y resultados.

La perspectiva de avanzar hacia un proceso constituyente en Chile es una oportunidad y una propuesta que se ha venido forjando desde mediados de los años ochenta del siglo XX, cuando diversas voces, partidos y organizaciones (como el Grupo de Estudios Constitucionales) plantearon la necesidad que para terminar con la Constitución autoritaria de 1980 se debía avanzar a través del mecanismo de una asamblea constituyente.

En las décadas recientes la propuesta de una asamblea constituyente ha ido ganando adeptos y extendiendo su aceptación en la ciudadanía, como lo registran diversas encuestas y estudios de opinión.

PODER CONSTITUYENTE Y MANDATO REPRESENTATIVO

En una democracia representativa, el poder constituyente sigue radicado en el pueblo, en la nación, la que delega provisoriamente el ejercicio del poder en un conjunto de mandatarios elegidos.  Pero la delegación transitoria del poder y el ejercicio del mandato representativo, no privan a la nación de la posibilidad de ejercer su poder constituyente.

Hoy tenemos la oportunidad de realizar un proceso político ciudadano inédito: el de producir desde la ciudadanía y desde las instituciones políticas y del Estado un proceso constituyente que desemboque en una nueva Constitución para la República, un proceso que sea institucional y participativo, donde la ciudadanía sea el protagonista fundamental, donde la nación asuma y ejerza el poder constituyente que le pertenece y lo traslade a las instituciones para convocar a la redacción de una nueva carta constitucional para Chile y a un acto plebiscitario para ratificarla.

Asamblea constituyente  y plebiscito constitucional son dos momentos y dos espacios de un mismo proceso político y social que necesariamente debe involucrar a todos los actores políticos e institucionales, a los poderes del Estado y a la ciudadanía, para producir un cambio histórico en la arquitectura del poder en Chile.

Un primer paso en ese proceso constituyente y ciudadano, es la posibilidad que los ciudadanos puedan expresar su adhesión a la idea de una asamblea constituyente y una nueva Constitución, marcando AC en el voto de las elecciones presidenciales del 15 de diciembre.

Manuel Luis Rodríguez U.

FUENTE DE LOS TEXTOS CONSTITUCIONALES

Biblioteca del Congreso Nacional.

http://www.bcn.cl/lc/cpolitica/resena_const

PARA SABER MÁS:

Portal web de la Campaña Marca tu Voto AC:

http://marcatuvoto.cl/

pluma


Deja un comentario

Aciertos y desaciertos de las encuestas de intención de voto

Los resultados de las elecciones presidenciales están a la vista.  Comparemos ahora los resultados con los pronósticos de las encuestas.

Una de las críticas recurrentes que se han hecho  a las encuestas de intención de voto, desde la elección municipal de 2012, es su pobre desempeño en pronosticar los resultados con exactitud.

El nuevo sistema de voto voluntario ha descolocado a la mayoría de las encuestas “serias”, puesto que la metodología nteriormente utilizada para medir la intención de voto cambia a una metodología más compleja que requiere conocer previamente si el elector está dispuesto, interesado y con la decisión tomada de concurrir efectivamente a sufragar.

Veamos aquí los resultados oficiales de la presidencial del 17N en primera vuelta.

Para ampliar la imagen a pantalla completa, haga un click sobre la imagen:

resultado presidencial Chile 2013 1a vuelta

Cuando se comparan estos resultados con la Encuesta de la Universidad Diego Portales, del II semestre 2013, observamos estas diferencias y coincidencias.

Lámina 27:

encuesta UDP II semestre 2013 intencion voto presidencial 1a vuelta

Mientras la Encuesta UDP anticipaba para Michelle Bachelet un 44.4% de votos, el resultado fue 46.67%; mientras se pronosticaba un 14.3% para Evelyn Matthei, el resultado fue 25.01; mientras se anticipaba a Parisi con 11.3%, en realidad obtuvo 10.11%; mientras a MEO se le pronosticaba 6.7% en realidad obtuvo un 10.98% y en el caso  de Marcel Claude, se le anticipaba 5.0% de los votos y obtuvo el 2.81%.

Manuel Luis Rodríguez U.


Deja un comentario

A 30 días de la elección presidencial ¿los dados están echados? – Análisis de la encuesta UDP 2° semestre 2013

Este artículo lo publicamos el 17 de octubre pasado y nos parece de interés republicarlo nuevamente para poder conocer los pronósticos de la encuesta UDP, respecto de la primera y segunda vuelta de la elección presidencial.

______________________________

A 30 DÍAS DE LA ELECCIÓN PRESIDENCIAL ¿LOS DADOS ESTÁN ECHADOS? ANALISIS DE LA ENCUESTA UDP II SEMESTRE 2013.

La intención de voto medida y señalada en la más reciente encuesta UDP 2° semestre de 2013, para la primera y segunda vueltas de la elección presidencial del 17N, parece indicar que “los dados están echados”.

Por lo demás, no debe olvidarse de contextualizar que la tendencia señalada por la encuesta UDP se corresponde con otras encuestas de opinión y de intención de voto conocidas y de alcance nacional, las que anticipan coincidentemente un amplio triunfo de Michelle Bachelet.

En efecto, sobre un escenario de participación electoral que fluctúa entre 66.6% y 51.4% (lámina 23) y con un universo electoral estimado constituido principalmente por los segmentos de mayores de 46 años de edad (68.1%) y de mujeres de estratos bajos de más de 46 años (60.8%) (lamina 24), la intención de voto [bajo la pregunta: "si las elecciones presidenciales fuesen el próximo domingo ¿por quién votaría usted?"] sería la siguiente (lámina 28):

Bachelet: 45.2 – 45.4%

Matthei: 15.9 – 15.2%

Parisi: 12.0 – 11.5%

MEO: 7.3 – 7.0%

Claude: 4.6 – 4.4%

No sabe/No conoce: 8.5 – 9.6%. (indecisos).

De estas cifras se pueden desprender algunos elementos de análisis.

1.-  En primer lugar, se puede afirmar sobre la base de los datos disponibles, que la distancia porcentual entre Bachelet y Matthei es imposible remontarla a 30 días de la elección presidencial y con un porcentaje tan bajo de indecisos (8.5 a 9.6%), salvo la ocurrencia de algún evento extraordinario.

2.-  En segundo lugar resulta evidente que todos los esfuerzos del gobierno de Sebastian Piñera por apoyar la candidatura de Matthei, dado el bajo nivel de aprobación del gobierno, 33.3% (lamina 13) y el consiguiente alto nivel de rechazo, genera como efecto que un gobierno con tan alto nivel de impopularidad ni siquiera alcanza a traspasar a la candidata Mathei su propio y magro 33.3% de aprobación, o dicho en otros términos, la candidata de la Coalición no alcanza a capturar al electorado que representaría el 33.3% de la actual aprobación al gobierno.

3.-  Un tercer hecho significativo es el ingreso del candidato Franco Parisi dentro del electorado tradicionalmente de derecha, capturando un 12 a 11.5% de la intención de voto. Es evidente que el electorado tradicionalmente asociado a la derecha se ha dispersado:  las intenciones de voto de Matthei y Parisi: 15.2 + 11.5% = 26.7% no alcanzan a sumar el potencial electoral alcanzado por la derecha en las dos últimas elecciones presidenciales.   El electorado tradicionalmente de derecha se ha dispersado.   Resulta notable observar que Franco Parisi logró desplazar a Marco Enriquez Ominami como la figura presidencial novedosa en el cuadro político nacional, capturando transversalmente voto independiente y de centro derecha.

4.-  Según los datos UDP, la candidata de la Nueva Mayoría Michelle Bachelet ganaría la elección presidencial en todos los escenarios de participación electoral, tanto en primera como en segunda vuelta, conforme a una tendencia que se viene manifestando desde encuestas previas a marzo de 2013.

5.-  En todos los escenarios de segunda vuelta [Bachelet-Matthei; Bachelet MEO; y Bachelet-Parisi], la candidata de la Nueva Mayoría marca un porcentaje que fluctúa entre el 47.4 hasta un 43.3%, resultando ganadora más que duplicando a su contendor en cada una de estas opciones.   Entre los escenarios de segunda vuelta, Franco Parisi resulta ser el candidato más competitivo con un 18.8%, seguido por MEO con un 18.6% y en tercer lugar Evelyn Matthei con un 17.2% en segunda vuelta (láminas 30, 31 y 32).   Es decir, de los tres candidatos más competidores (Matthei, Parisi y MEO) en segunda vuelta frente a Michelle Bachelet, Evelyn Matthei es la que presenta el más bajo desempeño.

Desde el punto de vista formal y no obstante la alta confiabilidad metodológica que ofrece esta medición (por el carácter cara a cara de la aplicación del instrumento de recolección de datos), cabe observar que la encuesta UDP en comento no representa el total del universo electoral del país, ya que no se aplicó en Aysen y General Ibañez en la XI región (lámina 4) ni en la región de Magallanes (lámina 40), pero ambos territorios electorales no inciden de un modo gravitante en el resultado global nacional.   Desde este punto de vista, sin embargo, puede afirmarse que esta encuesta presenta un alto valor predictivo, para el territorio y población que abarca, dada su metodología y su proximidad del día de la elección.

Finalmente, la Encuesta UDP aquí analizada debiera compararse en su momento con la Encuesta CEP, dada la similitud de metodologías que aplican.

Manuel Luis Rodríguez U.

PARA SABER MÁS:

Encuesta UDP segundo semestre 2013.

PPT-Encuesta-ICSO-UDP-2013-2


Deja un comentario

El informe de la Corredora de Bolsa Larraín Vial sobre las elecciones del 17N

Presentamos el texto original completo del Informe de Análisis Político y Electoral realizado por la Corredora de Bolsa Larraín Vial, analizando las proyecciones de las elecciones presidencial y parlamentaria del 17N.

El valor político de este informe reside en que expresa y refleja con suficiente claridad los puntos de vista y perspectiva del gran empresariado nacional desde el punto de vista del mercado y del sistema económico, y dá cuenta de un análisis electoral y proyecciones provenientes de fuentes propias y de las diversas encuestas electorales disponibles.

Lea y descargue aquí el Informe completo:

Informe Larrain Vial Elecciones 2013

urna_borde_blanco

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 5.051 seguidores