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Apolíticos y antipolíticos

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En los tiempos actuales, disparar “a la bandada” contra los políticos, resulta tan fácil y tan poco costoso, que muchos caen en las trampa lógica de creer que lo que atribuyen a algunos políticos, puede generalizarse para todos los políticos.

El desprestigio de la política y de los políticos se alimenta de dos fuentes: del deterioro efectivo de la calidad de las prácticas y del discurso político (por obra y gracia de la farandulización, la corrupción, el clientelismo, los conflictos de intereses, el nepotismo y el menudeo barato de la palabrería inconsistente) y del efecto espejo que provoca el discurso antipolítico y apolítico.

Así como en materia de pedofilia no se puede generalizar para todos los curas, en materia de farándula y de incompetencia no se puede generalizar para todos los políticos.  Una gran mayoría de quienes militan en partidos políticos, participan en política y son líderes o representantes políticos, son motivados por el justo y legítimo deseo y vocación de servicio público, pero sería injusto generalizar a todos por que algunos roben, especulen, engañen o se lucren con la política.

LAS TRAMPAS DEL DISCURSO ANTIPOLÍTICO Y APOLÍTICO

Debajo del discurso apolítico o antipolítico, similar al discurso anarquista anti-partidos políticos, el juego de palabras tiende a provocar un manto de dudas, de escarnio y de rechazo frente a toda práctica política, frente a todo político sin discriminar.  Del mismo modo, pretender medir a los políticos por sus títulos profesionales, sus grados académicos o sus calificaciones educacionales, resulta tan desproporcionado como pretender que todos los ignorantes son malos políticos y los doctores universitarios son siempre los mejores políticos, resultando así un elitismo clasista y excluyente que desconoce la diversidad social y cultural de una sociedad como la nuestra.

¿Sólo los profesionales universitarios pueden desempeñarse en política?

El discurso antipolítico y apolítico se sustenta en la débil lógica de que cualquier individuo, por el hecho de no ser político, puede desempeñarse mejor en política que aquel que sí es político.  Según esta retórica tan extendida, todo lo político es malo, corrupto y turbio, de manera que hablar de política vendría a “contaminar el debate público”.  ¡Con qué frecuencia escuchamos a esos políticos que se visten de independientes, diciendo que un determinado problema (por ejemplo el salario mínimo, la educación universitaria o la salud pública) es un asunto técnico y que no hay que “mezclarlo” con la política.

Esta concepción estrecha del espacio público termina entregando la legitimidad del poder y de las decisiones a los empresarios, a los gerentes y a los apolíticos (militares, guardianes, jueces, gendarmes y policías) lo que contiene una velada justificación al poder de dictadores y autócratas.

Cuando la política se alimenta del discurso antipolítico y apolítico, o la ignorancia entró por la ventana o la democracia va saliendo por la puerta.

APOLÍTICOS E INDEPENDIENTES

En la historia de las ideas políticas en Chile, el concepto de “apolítico” sirvió preferentemente a las dictaduras, para denostar y ensuciar la política, pero siempre la política de los otros…  Los dos dictadores del siglo XX en Chile, Carlos Ibañez y Augusto Pinochet, hablaban contra los políticos y se declaraban apolíticos e incluso “independientes”, pero comenzaron y terminaron gobernando con todos aquellos políticos civiles que les servían de “empleados de servicio” en el ejercicio del poder.

Por estos días reaparece en el escenario político un excandidato presidencial que en las elecciones recientes de 2010 usaba un acelerado discurso antipartidos políticos, criticando a los partidos políticos y a los “políticos”.  Ese derrotado candidato presidencial ahora recorre el país promoviendo la formación de su propio partido político de bolsillo: en su retórica fugaz, todos los demás partidos políticos son nefastos, oligárquicos e incompetentes y solo su propio partido político es la suma perfecta de las virtudes democráticas.

Los apolíticos son siempre políticos disfrazados.

La experiencia histórica indica que siempre debajo de la palabra independiente se ocultan las tendencias políticas que no quieren explicitar su verdadera ideología y tendencia política.  ¿Alguien tiene alguna duda, por ejemplo, que la UDI es un partido político de derecha y de ideología conservadora?  Pues bien, la sigla UDI quiere decir “Unión Demócrata Independiente”…es decir, es un partido de derecha que se autodenomina “independiente”, porque distinto sería el “efecto de marca” si se denominara “Unión Demócrata de Derecha”…

La política es un asunto demasiado serio, como para dejarla en manos de los apolíticos.

Manuel Luis Rodríguez U.

Punta Arenas – Magallanes (Patagonia sin represas), agosto 1 de 2012.

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Autor: Manuel Luis Rodriguez

Sociólogo, Cientista Político, académico, comunicador.

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