En Chile se viene discutiendo acerca del sistema electoral, desde fines de los años ochenta, cuando la dictadura militar implantó el mecanismo binominal para mejor conveniencia de sus partidarios de la UDI y de RN. La revisión de las Actas de la Comisión Constitucional de la dictadura, permite demostrar que la lógica de instalar un sistema electoral restrictivo y limitado, fue una decisión política e ideológica tomada consciente y deliberadamente.
Un sistema electoral que sobrerepresenta a la mayoría relativa y subrepresenta a la minoría relativa.
Más de 30 años han transcurrido para un interminable y hasta agotados debate público en que las posiciones de todos los actores políticos: de derecha, de centro y de izquierda, están perfectamente decantadas y son archi-conocidas por todos los ciudadanos. Lo más novedoso que podría ocurrir en materia de binominal, es que algún parlamentario aislado dentro de la bancada de alguno de los partidos de la tradicional derecha chilena, cambiara en 5 milímetros su postura frente al tema, lo que tampoco garantiza que en la hora de la verdad, es decir, cuando tenga que votar algún proyecto en la sala de la Cámara o del Senado, no termine obedeciendo a las órdenes de partido que se imparten militarmente desde la Directiva de RN o la UDI.
Durante los cuatro gobiernos de la Concertación, más de ocho sucesivos proyectos de ley enviados por el Ejecutivo al Congreso Nacional y dirigidos a modificar el sistema electoral, chocaron cada vez con la negativa de la UDI y de RN para avanzar en tan importante materia.
La actual polémica parece aburrida.
LA LOGICA DUAL DEL BINOMINALISMO
Durante los 20 años de gestión concertacionista, sin embargo, la mayoría ciudadana, obnubilada por el temor de la reciente dictadura, por los éxitos económicos del modelo neoliberal, y por la desmovilización a que la condujeron los cuatro partidos concertacionistas, no reclamó frente a un sistema electoral que generaba gradualmente exclusiones y distorsiones cada vez más notorias, salvo los partidos de izquierda que siempre reclamaron tal reforma.
En la práctica y en la realidad de la permanencia prolongada en el poder, el binominalismo electoral terminó conviertiendose en el “binominalismo político” (entendido como el reparto instalándose en el conjunto del sistema político e institucional, en la forma de un reparto casi proporcional y equitativo entre concertacionistas y derechistas dentro de los directorios de las empresas públicas y otras esferas del poder.
A su vez, la derecha (nunca completamente asumida en su mentalidad e ideología bipolar conservadora y liberal), prefiere mantener posiciones de privilegio y no arriesgar su hegemonía artificial abriendo la “caja de Pandora” del sistema binominal que podría ocasionarle divisiones en RN y la pérdida de electorado en las próximas municipales y parlmentarias.
¿Habrá comprendido ya la derecha chilena que no habrá un segundo gobierno suyo desde el 2014 en adelante?
El binominalismo ahora, sin embargo, se cae a pedazos, amenazado y cuestionado moral, social y políticamente por una emergente corriente ciudadana que se ha venido manifestando desde el 2011 y que expresa la creciente crisis de representación y de legitimidad de las instituciones políticas heredadas de la dictadura (en la que gobernó la derecha política actual) y perfeccionadas por la Concertación.
Manuel Luis Rodríguez U., cientista político

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