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al sur de la realidad

Un desplazamiento profundo de placas tectónicas

1 comentario

La metáfora sísmica puede ser entendida fácilmente por los chilenos: hace referencia y tiene resonancias que forman parte de nuestra identidad y pertenencia geográfica.  Pues bien, es posible decir que asistimos a un profundo desplazamiento de placas tectónicas sociales y culturales en la sociedad chilena.  La “tectónica de placas” explica la estructura y dinámica de la superficie terrestre a partir de movimientos que suceden en las profundidades geológicas del planeta.

Las placas tectónicas no las vemos directamente, pero sabemos de su existencia cuando ocurren terremotos y temblores.

En la sociedad chilena hoy vivimos una creciente y multiforme revolución social y cultural, un telúrico cambio  ideológico, valórico, cultural, social y político transversal, proveniente desde las profundidades de la generación joven (los 15-30 años), un desplazamiento de placas tectónicas culturales e ideológicas que se dirije gradualmente hacia el cuestionamiento del propio sistema de dominación neoliberal (modelo que ha sido “vendido” en el exterior como el mejor y mas perfecto laboratorio de desarrollo económico y social).

Lo siento… “se nos cayó el sistema”.

La ciudadanía movilizada reclama hoy en Chile una educación pública de calidad, gratuita y fin al lucro, reclama más participación, reclama un nueva Constitución, reclama cuidado del medio ambiente y rechaza proyectos como Hidroaysén e Isla Riesco,  reclama más y mejor democracia y justicia social.

La utopía (versión siglo XXI) está golpeando a la puerta de las instituciones y del Estado.  La generación de los 15-30 protagoniza hoy en Chile -al igual que en otras naciones del planeta- un creciente sismo social, político y cultural.  Y no terminarán tan pronto sus ondas sísmicas y réplicas.

Lo sentimos, “se les cayó el sistema”, a los ojos de millones de estudiantes y adolescentes.

¿Dónde nos situamos entonces para analizar esta coyuntura en forma de momento histórico? ¿En la superficie “noticiosa” de los acontecimientos (con todas sus potenciales manipulaciones, estereotipos, visiones sesgadas y rasgos maniqueos), o en la profundidad de los procesos sociales y culturales que afloran desde los hechos?

Asistimos a un desplazamiento de placas tectónicas ideológicas cuando las nuevas generaciones estudiantiles (supuestamente bombardeadas y adormecidas por una educación mercantil y por tantos medios de comunicación alienantes), mucho más políticas y politizadas, mucho mejor conectadas e interconectadas,  reclaman contra el lucro y exigen que el Estado se haga cargo de una educación pública laica, gratuita, universal e inclusiva.

Lo siento…”el sistema se nos está cayendo”, aunque quienes lo administran no terminan de darse cuenta…

Esta ocurriendo delante de nuestros ojos una revolución socio-cultural, semejante al mayo de 1968, inédita en Chile que cuestiona políticamente las bases del sistema de dominación, del sistema político y del Estado en su conjunto, crecientes multitudes ciudadanas que desconfían de la actual clase política en el poder.

No perdamos de vista lo esencial: lo que comenzó como simples paros y tomas aisladas de liceos en abril recién pasado, se ha convertido en agosto en un gigantesco y multiforme movimiento ciudadano que convoca a trabajadores, clases medias, estudiantes, profesionales, educadores.  El componente antisistémico de estas manifestaciones no puede ser minimizado a la hora de tratar de comprender la complejidad del movimiento en que se encuentra la ciudadanía.

Manuel Luis Rodríguez U.

Una versión completa de este ensayo, se publicará próximamente.

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Autor: Manuel Luis Rodríguez U.

Sociólogo, Cientista Político, académico, comunicador.

Un pensamiento en “Un desplazamiento profundo de placas tectónicas

  1. Excelente ensayo y anuncio de un cambio forzado en contra de una administración autista, amante de los extremos y profundamente apoyado por Washington y por el ocultismo de la P2. La reforma educacional es imposible en el Chile heredado de Pinochet, es tan imposible como la transformación de la Constitución fascista que rige a la nación. La revolución hace a un buen termómetro, pero no es ninguna garantía fundamental. Chile está dividido hoy. En uno fascista neoliberal y otro no resignable.

    Días duros le esperan a este pueblo maravilloso, y los jóvenes, que nada tienen más que perder, lideran a todas las generaciones. A pocos días de la fecha que cambió todas las relaciones mundiales, un 11 de septiembre del 2001, con falsificadores prestos a derribar la verdad a punta de metralleta, ruego porque el calor de esta chispa de revolución no sea apagada a quemarropa.

    Abrazos desde Oslo,
    ciudad remecida por el terrorismo de la masonería neonazi.

    Alejandra H. Covarrubias
    Periodista de investigación, fotógrafa y defensora de derechos humanos 24/7-365
    Miembro de la Unión de periodistas de Noruega

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