La demanda social y el fin de la exclusión – Escribe Juan Andres Lagos en El Siglo
Publicado por Manuel Luis Rodríguez U. en 14 Noviembre 2009
Las movilizaciones de los profesores y de los trabajadores del sector público, así como las luchas del pueblo mapuche son expresiones legítimas de una sociedad marcada por la fragmentación y la desigualdad.
Este es un dato de la realidad chilena, no una interpretación, y por eso se requiere un consenso respecto de este diagnóstico, como dato previo a la realización de políticas públicas inclusivas.
La derecha económica y política de nuestro país expone en este sentido su principal incongruencia. El piñerismo no promueve cambios, en rigor lo que busca es profundizar las políticas neoliberales que sin duda alguna agudizarán esta falla estructural del modelo que se mantiene, en lo esencial, desde la dictadura de Pinochet.
Este dato quedó claramente expuesto en el primer foro televisivo realizado por TVN y en todos los debates posteriores.
Las odiosas declaraciones recientes de Carlos Larraín, presidente de RN, el partido de Piñera, ahorran muchos argumentos respecto del entrampamiento en que se encuentra la derecha criolla, que no ve bueno que el presidente Zelaya vuelva al poder en Honduras y que incrementa su “matrimonio” político con la derecha colombiana, el sector político más reaccionario del continente en la actualidad. Y que en Chile se indigna con el pacto instrumental entre la Concertación y el Juntos Podemos y descalifica severamente las movilizaciones sociales de los gremios y movimientos sociales.
Estas son razones de fondo, en el marco de las elecciones presidenciales y parlamentarias, para advertir que se juega con fuego cuando se hacen “guiños” a esta derecha; cuando se pone en igualdad de condiciones políticas y éticas a este sector y sus candidatos y se les apoya transversalmente junto a otros que provienen de la Concertación e incluso de la izquierda, pero que han abandonado tales posiciones.
Recientemente, en particular en el diario La Tercera, se publicaron diversos mensajes sin autoría clara que advertían que el Partido Comunista, con el pacto instrumental con la Concertación, abandonaba la lucha y la movilización social y se incorporaba al sistema institucional y por tanto ya no es un excluido.
La caricatura no es creíble, pero busca hacer daño.
La exclusión social en Chile es muy fuerte, la base de la exclusión política del sistema de representación institucional busca mantener esa marginación. No verlo así es no reconocer una realidad y no hacerse cargo del objetivo principal que tuvo Pinochet para instalar el sistema binominal y la prohibición de que dirigentes sociales puedan ser candidatos al parlamento.
Por eso es tan valorable el sentido político que tiene el pacto instrumental, porque va en otra dirección respecto de la llamada “política de los consensos” que ha dado a la derecha un poder muy grande.
Movilización y lucha social poseen la misma lógica de la batalla contra la exclusión. No asumir tal realidad no sólo es un error político, también es restarse a una convergencia que busca democratizar el sistema político chileno y abrir espacios al torrente social que seguirá creciendo.
Gradualmente, pero en forma clara y nítida, se ha derrumbado toda la argumentación de sectores que se dicen de izquierda y que han cuestionado el pacto instrumental oponiéndolo, por ejemplo, a la tarea de una nueva Constitución Política y una Asamblea Constituyente. Ha ocurrido con quienes apoyaron a Alejandro Navarro y otros sectores, y hoy respaldan una candidatura presidencial que explícitamente ha abandonado la idea de una Asamblea Constituyente y se mantiene en la ambigüedad respecto de una transformación de fondo del sistema político-institucional.
La demanda social y la batalla contra la exclusión requieren coherencia política y todo indica que esta lógica está hoy en la izquierda chilena, que es una y diversa, pero es una.
... como una gota de agua en el vasto océano de las comunicaciones virtuales...